Francia tenía su Tour desde 1903 e Italia, el Giro, desde 1909, pero en España no había una carrera similar. Sólo la Volta se alzaba como certamen ciclista por etapas desde 1911. Había que crear una prueba a imagen y semejanza de las rondas francesa e italiana. Nunca hubo dudas sobre el nombre; si Tour y Giro, traducidos al castellano, significan vuelta, qué mejor que bautizar a la carrera con esta denominación en 1935.

En este aspecto, a la Vuelta le costó años -reto conseguido- lograr que se conociera su marca con su propio nombre ya que, en Francia, prácticamente hasta este siglo, la carrera siempre fue denominada ‘le Tour d’Espagne’.

Por suerte o por desgracia, la Vuelta nunca estuvo ajena a las intrigas políticas. De hecho, el nacimiento de la carrera tuvo un marcado carácter nacionalista en una etapa de la política donde afloraban las reivindicaciones catalanas y vascas. El mensaje no fue otro que buscar una competición deportiva que uniera y creara carácter de patria en una época de convulsa convivencia. La prueba nació a finales de abril de 1935; es decir, diez meses antes de la victoria electoral del Frente Popular y a un año y 80 días del golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

El papel de la prensa

La prensa, al igual que sucedió en Francia e Italia, fue la que tuvo la principal inspiración para crear la carrera. Y tampoco en el extranjero lo hicieron alejados a las tramas y rencillas políticas de la época. ‘L’Auto’ parió el Tour de la mano de Henry Desgrange cuando Francia estaba dividida en 1903 entre las acusaciones de traición al capitán judío Alfred Dreyfus y el principal diario opositor de los creadores de la Grande Boucle defendía apoyado por Émile Zola la inocencia del militar como finalmente se pudo demostrar en 1906. Sigue siendo uno de los mayores escándalos en la historia de Francia.

El Giro, proyectado por ‘La Gazzetta dello Sport’, cuyo grupo editorial sigue al frente de la prueba, sirvió para dar impulso a la nueva nación unificada y conseguir, gracias al ciclismo, que el Reino de Italia tuviera una identidad compartida por todos los ciudadanos comunicando las principales ciudades del país gracias al galope de los ciclistas.

La Vuelta partió de una idea de un rotativo de la época que se llamaba ‘Informaciones’ y que estaba financiado por el banquero balear Juan March, con cuyas pesetas también se apoyó el golpe del general Franco. Ese diario, de marcado corte derechista, simpatizaba con los nazis alemanes y los fascistas italianos, aunque, de hecho, una prueba deportista que recorriera España e hiciera bajar las tensiones a golpe de pedal tampoco fue mal vista por el Gobierno de la República.

De la Guerra Civil a la dictadura

La Guerra Civil obligó a cancelar la carrera y en 1962 los mineros utilizaron la Vuelta y la presencia de periodistas extranjeros para hacer llegar las reivindicaciones laborales en una edición que contó con la victoria del corredor alemán Rudi Aldig por delante de Pepe Pérez Francés. Los mineros realizaban pintadas en la carretera de la competición y trataban de mover los piquetes frente a un despliegue sin precedentes de la Policía Armada, los ‘grises’, como se les bautizó en lenguaje popular.

Llegó luego la etapa del helicóptero de José María García, las conexiones con los coches de los directores deportivos y una Vuelta, que todavía era el Tour d’Espagne, pero que entraba por la radio en todas las casas del país siendo imposible subir a un taxi y no escuchar alguno de los boletines informativos, con minutos y más minutos de información en directo.

La Vuelta se pasó años sin circular por el País Vasco, entre 1978 y 2011. Tuvieron que ser los franceses con la compra de la prueba, primero de forma parcial (2008) y luego total (2014) los que dieron el empuje internacional definitivo a la carrera, que forma parte de las pruebas organizadas por ASO, empresa propietaria también del Tour y que, a su vez, promueve buena parte de las carreras ciclistas europeas; entre otras, la Volta.

El paso por Mónaco y Andalucía

La competición sigue siendo vehículo para impulsar el sentimiento de país. Se está viendo este año en el largo y caluroso paso de la carrera por Andalucía donde florece más la bandera española que la verdiblanca, lo que no había sucedido tanto en ediciones anteriores.

Y eso que los organizadores tratan de dar a las pruebas un carácter internacional con salidas desde el extranjero, lo que se vio en el Tour con el Grand Départ de Barcelona, en el Giro partiendo desde Bulgaria o en el estreno monegasco de la Vuelta con el añorado Tadej Pogacar en la línea de partida.

Suscríbete para seguir leyendo