«Las preguntas de una en una», protestaba Miguel Ángel Triano, delegado del Gobierno de Ceuta, por el trabajo de una periodista de La Sexta. Estaba molesto, enfadado. Hace cuatro horas, el Gobierno ha desclasificado cuarenta documentos oficiales que confirman la falta de reacción ante el asalto masivo de fines de julio en la frontera.
En lugar de desmentir las alertas del CNI, ha optado por minimizarlas. Para empezar, ha negado que los servicios de inteligencia remitieran a su despacho un papel en el que se advirtiera de una entrada masiva de más de 80.000 personas. Pero sí ha reconocido conversaciones «entre un miembro del CNI y un miembro del gabinete». Concretamente, su jefe de gabinete. «Yo esas conversaciones no las conocí ni tampoco el contenido».
Sobre otros informes policiales, ha afirmado: «Es muy fácil sacar de contexto los mensajes pero no hay que olvidar que ya estábamos en una situación de enorme presión fronteriza con cientos de entradas a diario». Es decir, Triano sostiene que las advertencias no ponían sobre aviso nada extraordinario, sino que corroboraban lo que ya estaba ocurriendo. Y nada más.
Es más, para defenderse, el delegado se ha puesto a sí mismo como ejemplo y ha señalado que desde el 24 de julio su equipo comunicó una situación anómala. Entonces, ha afirmado, Delegación «decía que el número de intentos (de entrada en la frontera) se han disparado y se prevé que con los cambios meteorológicos la situación apunta a un progresivo aumento y una tensión de todas las administraciones o instituciones implicadas».
Al respecto, Triano ha aludido a la sentencia del Supremo. «El primer factor que provoca una altísima estabilidad», porque provoca «un efecto llamada». Por aquel momento, ha proseguido, desde Delegación ya reclamaban medidas extraordinarias. «Algunas de esas medidas se llevaron a cabo, como por ejemplo el refuerzo del Servicio Marítimo de la Guardia Civil». Un informe que llevaba su propia firma y del que ha recalcado: «Si se mira con sesgo retrospectivo, puede afirmarse que yo ya sabía lo que iba a pasar el 30».
La situación, ha descrito, «se agravaba» cada día. «Pedíamos medidas a Interior, Migraciones. Para eso estábamos trabajando esos días. En ningún momento estoy pensando que vayan a entrar por la frontera miles de personas. No se me ocurre».
En el brevísimo turno de preguntas, el delegado ha pagado con la prensa su frustración. «No me he explicado lo suficiente», ha respondido a la pregunta de si piensa asumir responsabilidades políticas. Y aunque ha cargado las tintas contra su jefe de gabinete, al que ha señalado por no informarle de una conversación de más de once minutos con el CNI, no ha querido aclarar si lo va a cesar.
En todo caso, su resumen es que el aviso no era nada. «Cuando el CNI tiene una alerta se dirige a los organismos competentes. Un wasap no es un informe ni una alerta, sino un simple intercambio de información. De ser grave ese cargo no hubiera sido ese cargo». La desclasificación, por tanto, «evidencia que el CNI emitió información, si bien no anticipó la magnitud». Ergo: «El CNI dice lo mismo que nosotros».