{"id":109853,"date":"2025-09-12T10:51:08","date_gmt":"2025-09-12T10:51:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/109853\/"},"modified":"2025-09-12T10:51:08","modified_gmt":"2025-09-12T10:51:08","slug":"el-cergayntes-de-amenabar-o-la-pulsion-narcisista-de-convertir-el-cautiverio-en-espejismo-del-deseo-propio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/109853\/","title":{"rendered":"El Cergayntes de Amenabar o la pulsi\u00f3n narcisista de convertir el cautiverio en espejismo del deseo propio."},"content":{"rendered":"<p>        <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-275538\" src=\"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/El-Cautivo_0071r.jpg\" alt=\"El Cautivo 0071r\" width=\"1800\" height=\"1200\" title=\"El &lt;i&gt;Cergayntes&lt;\/i&gt; de Amenabar o la pulsi\u00f3n narcisista de convertir el cautiverio en espejismo del deseo propio. 1\"  \/>(c) Diego Lafuente<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Alejandro Amen\u00e1bar<\/strong> lleva a\u00f1os empe\u00f1ado en demostrar que el cine hist\u00f3rico no necesita historia. El Cautivo confirma la sospecha: lo que menos importa es <strong>Cervantes<\/strong>, lo que menos interesa es Argel. Lo decisivo es Alejandro Amen\u00e1bar y su fantasma del deseo. Estamos ante un ejercicio de exhibicionismo proyectivo donde el director se toma la libertad de convertir la prisi\u00f3n en espejo. Y ese espejo no devuelve la imagen del manco de Lepanto, sino la suya propia, embellecida, expandida y glorificada.\u00a0Desde el primer plano, El cautivo nos sit\u00faa en un Argel que no existe en ning\u00fan mapa hist\u00f3rico, pero que s\u00ed habita en el inconsciente cinematogr\u00e1fico de Amen\u00e1bar: un harem iluminado con luces de ne\u00f3n, eunucos con abdominales de gimnasio, y cal\u00edfas que parecen haber sido vestidos por <strong>Jean Paul Gaultier<\/strong> en versi\u00f3n orientalist chic. No es casual que el director haya declarado en entrevistas que quer\u00eda \u201chumanizar\u201d el cautiverio de Cervantes, pero lo que realmente humaniza \u2014o deshumaniza\u2014 es la proyecci\u00f3n de su propio deseo: un deseo de escape, de seducci\u00f3n y de travestismo hist\u00f3rico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el punto de vista lacaniano, la pel\u00edcula funciona como ilustraci\u00f3n de manual de aquello que <strong>Lacan<\/strong> llamaba el stade du miroir. El espectador asiste a la construcci\u00f3n de un yo imaginario que suplanta al Cervantes hist\u00f3rico: el cautivo se contempla en la mirada del Otro \u2014<strong>Has\u00e1n Baj\u00e1<\/strong>\u2014 y descubre no ya la condici\u00f3n de prisionero, sino la fascinaci\u00f3n de ser deseado. No hay encierro sino erotizaci\u00f3n del cautiverio. El sujeto \u2014Cervantes\/Amen\u00e1bar\u2014 se constituye como narrador de su propia gesta interior, sustituyendo la miseria de las cadenas por el brillo del reconocimiento.\u00a0La pel\u00edcula insin\u00faa, con la sutileza de una grindr notification, que el verdadero cautiverio de Cervantes no fue el f\u00edsico, sino el ps\u00edquico: un deseo reprimido hacia Argel, hacia el otro, hacia el moro como figura del goce. Y aqu\u00ed es donde Amen\u00e1bar hace su jugada m\u00e1s jodorowskiana: convierte el trauma en trip, el miedo en fetish, y la historia en hallucination. No es que Cervantes est\u00e9 cautivo en Argel, es que Argel es el inconsciente de Cervantes, su otredad er\u00f3tica, su objeto petit a con turbante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta Argel ficcionalizada no obedece a coordenadas historiogr\u00e1ficas, sino a lo que <strong>Freud<\/strong> denomin\u00f3 Wunschvorstellung, figuraci\u00f3n de deseo. Lo que vemos es Chueca trasplantada al siglo XVI: un espacio de libertades veladas, de cuerpos ansiosos de rozarse, de pasiones secretas expuestas bajo la m\u00e1scara de lo ex\u00f3tico. Lo \u00e1rabe se reduce a decorado ornamental \u2014alfombras, patios, celos\u00edas\u2014, y lo mediterr\u00e1neo a postal estilizada. Pero el contenido es contempor\u00e1neo: un melodrama de identidad, un carnaval de deseo reprimido que encuentra aqu\u00ed su escenario seguro.\u00a0La paradoja es que en su empe\u00f1o por reconstruir el pasado, Amen\u00e1bar lo desactiva. Ha vaciado Argel de historicidad para llenarlo de simbolismo personal. Como dir\u00eda Lacan, la v\u00e9rit\u00e9 surgit de la m\u00e9prise: la verdad surge del malentendido. La historia se convierte en pantalla donde proyectar una verdad subjetiva que nada tiene que ver con los hechos. Y lo ir\u00f3nico es que esa verdad subjetiva resulta menos cervantina que amenabariana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Jodorowsky<\/strong> habr\u00eda aplaudido. Porque si Lacan nos advierte de la tiran\u00eda del deseo, Jodorowsky celebra su dimensi\u00f3n cham\u00e1nica. Y eso es precisamente lo que Amen\u00e1bar hace en El Cautivo: transformar la biograf\u00eda en ritual de autoconocimiento, convertir a Cervantes en avatar inici\u00e1tico. Cada plano parece dise\u00f1ado como arcano mayor de un tarot cinematogr\u00e1fico: la Torre (el presidio), El Enamorado (el Baj\u00e1), El Loco (el Cervantes fabulador). La pel\u00edcula avanza como ceremonia de psicomagia, donde el cautiverio no es una desgracia, sino un tr\u00e1nsito espiritual hacia el escritor que a\u00fan no existe.\u00a0No obstante, esta operaci\u00f3n es profundamente narcisista. El narcisismo, recordemos, es para Freud una fase originaria de investidura libidinal y para Lacan el terreno en que se cimenta el yo. Amen\u00e1bar lo explota sin pudor: la figura de Cervantes no es objeto de reconstrucci\u00f3n cr\u00edtica, sino instrumento para un narcisismo retroactivo. En lugar de preguntarse qu\u00e9 fue Cervantes en Argel, se pregunta qu\u00e9 ser\u00eda yo si hubiera sido Cervantes. Y el resultado es un Argel reducido a camerino donde el director se prueba disfraces del pasado hasta dar con aquel que mejor se ajusta a sus fantas\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La elecci\u00f3n est\u00e9tica confirma este diagn\u00f3stico. La puesta en escena es impecable, calculada hasta la extenuaci\u00f3n, pero su perfecci\u00f3n se siente impostada. El Argel de cart\u00f3n piedra no enga\u00f1a a nadie: es demasiado limpio, demasiado pulcro, demasiado preparado para la c\u00e1mara. La suciedad, la violencia, la asfixia del cautiverio hist\u00f3rico quedan fuera de campo. En su lugar se impone la armon\u00eda de la composici\u00f3n, el preciosismo de la luz, el artificio que recuerda a los dioramas de un museo etnogr\u00e1fico. Freud habr\u00eda hablado aqu\u00ed de proceso secundario: racionalizaci\u00f3n est\u00e9tica de una pulsi\u00f3n inconfesable.\u00a0El guion tampoco escapa a este r\u00e9gimen de deseo. Los di\u00e1logos parecen m\u00e1s pensados para legitimar un presente que para encarnar un pasado. Cervantes habla como si quisiera ser personaje de Almod\u00f3var, no prisionero de su tiempo. El Baj\u00e1 act\u00faa como amante reprimido que duda entre el castigo y la caricia. El conflicto se reduce a la vieja dial\u00e9ctica sadomasoquista que Freud describi\u00f3 en Tres ensayos sobre teor\u00eda sexual, con la diferencia de que aqu\u00ed el l\u00e1tigo se ha sustituido por mirada intensa y frase susurrada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La escena del ba\u00f1o colectivo en ejemplifica lo que Lacan llamar\u00eda la \u201cfase del espejo invertido\u201d: el momento en que el sujeto no se reconoce en su imagen especular, sino que se des-conoce al descubrir que el deseo del Otro lo mira antes que \u00e9l pueda constituirse como yo. El bagnio que Amen\u00e1bar nos presenta \u2014columnas de vapor, m\u00e1rmoles travertino, jab\u00f3n negro importado\u2014 no es la prisi\u00f3n de Cervantes, sino el spa del deseo nacional, un hammam chic donde el pasado se queerifica para que el presente pueda masturbarse sin culpa. Amen\u00e1bar, pues, queerifica el orientalismo: ya no se trata de \u00abel moro enemigo de Dios\u00bb, sino del moro enemigo de mi heterosexualidad. El cuerpo del otro se convierte en stand-in del goce prohibido; su sola presencia interroga la identidad sexual del h\u00e9roe \u2014y, por extensi\u00f3n, la del espectador espa\u00f1ol medio\u2014 sin necesidad de pronunciar una sola palabra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo fascinante, aunque irritante, es que Amen\u00e1bar parece creer en la verdad de esta f\u00e1bula. Su obsesi\u00f3n por la perfecci\u00f3n t\u00e9cnica convive con una ceguera hacia la incoherencia hist\u00f3rica. Y ah\u00ed radica la dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica m\u00e1s interesante: el mecanismo de defensa de la desmentida. Niega lo que sabe \u2014que este Argel jam\u00e1s existi\u00f3\u2014 para sostener su construcci\u00f3n fantasm\u00e1tica. En psicoan\u00e1lisis se denomina Verleugnung: rechazo de una realidad dolorosa para preservar el goce de la fantas\u00eda.\u00a0El p\u00fablico, mientras tanto, oscila entre la fascinaci\u00f3n est\u00e9tica y el desconcierto intelectual. Se admira la factura, se cuestiona el contenido. Y en ese hiato surge lo c\u00f3mico: la risa snob que reconoce el artificio y lo celebra como s\u00edntoma. Porque El Cautivo no es cine hist\u00f3rico, es s\u00edntoma en celuloide: s\u00edntoma de un director atrapado en su propio deseo, incapaz de liberarse de la pulsi\u00f3n de estetizar su biograf\u00eda proyectada en los dem\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde una perspectiva foucaultiana, podr\u00edamos a\u00f1adir que el cautiverio de Cervantes no es aqu\u00ed un dispositivo disciplinario, sino un laboratorio de subjetividades. El poder no oprime, erotiza; el encierro no silencia, inspira; la violencia no castiga, seduce. Amen\u00e1bar subvierte la genealog\u00eda del poder en beneficio de su po\u00e9tica personal, convirtiendo al verdugo en amante posible, al prisionero en h\u00e9roe er\u00f3tico, al cautiverio en performance identitaria.\u00a0Pero si la genealog\u00eda foucaultiana ilumina el mecanismo, es Lacan quien nos permite entender la ra\u00edz. Lo que falta en El Cautivo no es rigor hist\u00f3rico, sino reconocimiento de la castraci\u00f3n. Amen\u00e1bar se niega a aceptar el l\u00edmite de lo real, ese R\u00e9el inasimilable que impide satisfacer plenamente el deseo. Prefiere reconstruir un universo donde el l\u00edmite desaparece, donde el Otro responde siempre al anhelo del sujeto, donde el deseo se cumple en la escena cinematogr\u00e1fica. Estamos ante la en\u00e9sima variaci\u00f3n de su neurosis est\u00e9tica: no tanto narrar la historia como narrarse a s\u00ed mismo a trav\u00e9s de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es tambi\u00e9n destacable c\u00f3mo El Cautivo se hermana con La pasi\u00f3n turca <strong>de Antonio Gala<\/strong> en una misma operaci\u00f3n psicol\u00f3gica: la conversi\u00f3n del Oriente hist\u00f3rico en pantalla donde proyectar fantas\u00edas occidentales. Si Gala situaba a Desideria en un Estambul de alfombra, especia y amante autoritario para que descubriera un goce prohibido que nada ten\u00eda que ver con Turqu\u00eda, Amen\u00e1bar coloca a Cervantes en un Argel de cart\u00f3n piedra \u2014o m\u00e1s bien de barrio madrile\u00f1o reetiquetado\u2014 para que despliegue un deseo de reconocimiento y fascinaci\u00f3n que tampoco pertenece al siglo XVI. En ambos casos, el Otro no existe: ni el turco de Gala ni el baj\u00e1 de Amen\u00e1bar tienen entidad real, son marionetas de la fantas\u00eda del protagonista. Lacan ya lo dijo: el Otro es lugar vac\u00edo donde el sujeto se reconoce a s\u00ed mismo. La diferencia es de envoltorio: Gala se entregaba sin pudor al kitsch er\u00f3tico, Amen\u00e1bar lo cubre con la p\u00e1tina del cine hist\u00f3rico; pero en ambos late la misma pulsi\u00f3n narcisista de convertir el cautiverio en espejismo del deseo propio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cautivo no es una pel\u00edcula sobre Cervantes, sino sobre el yo ideal de Amen\u00e1bar, que se proyecta en el pasado como quien se toma un selfie con filtro de sepia. No hay historia, hay fantas\u00eda. No hay historia, hay deseo. No hay Cervantes, hay Amenabar en drag. Y eso, lejos de ser una cr\u00edtica, es su mayor logro. Porque en tiempos de postverdad, \u00bfqu\u00e9 es el cine sino un safe space para que los directores espa\u00f1oles disfruten de su kink hist\u00f3rico sin tener que pasar por el inconveniente de la documentaci\u00f3n?\u00a0En este sentido, El cautivo es la pel\u00edcula que Espa\u00f1a necesitaba: una terapia de grupo en la que el pasado ya no es un lugar de trauma, sino un resort de deseos. Una disneylandia del inconsciente en la que Cervantes, como dir\u00eda Jodorowsky, no est\u00e1 loco sino po\u00e9ticamente desnudo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"(c) Diego Lafuente Alejandro Amen\u00e1bar lleva a\u00f1os empe\u00f1ado en demostrar que el cine hist\u00f3rico no necesita historia. 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