{"id":126834,"date":"2025-09-20T06:33:12","date_gmt":"2025-09-20T06:33:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/126834\/"},"modified":"2025-09-20T06:33:12","modified_gmt":"2025-09-20T06:33:12","slug":"gloria-leyenda-paganismo-y-asombro-del-renacimiento-italiano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/126834\/","title":{"rendered":"Gloria, leyenda, paganismo y asombro del Renacimiento italiano"},"content":{"rendered":"<p>La <a href=\"https:\/\/theobjective.com\/cultura\/literatura\/\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">literatura<\/a> es un universo en el cual rigen, entre otras, dos leyes capitales. En primer lugar, la ley de la gravedad: cualquier elevaci\u00f3n excesiva, sobre todo cuando la altura ret\u00f3rica pierde contacto con la realidad y se convierte en pura impostaci\u00f3n, antes o despu\u00e9s termina descendiendo, ya sea de forma paulatina o s\u00fabita. Y, en segundo lugar, acostumbra a confundirse lo nuevo con la novedad, dos t\u00e9rminos que, como ya explic\u00f3 Octavio Paz en un fabuloso ensayo dedicado a la <a href=\"https:\/\/theobjective.com\/etiqueta\/poesia\/\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">poes\u00eda<\/a> moderna \u2013Los hijos del limo\u2013, no son exactamente t\u00e9rminos equivalentes, sino complementarios. Si ambas leyes contin\u00faan vigentes se debe a que el hombre <strong>tiene la costumbre de olvidar \u2013no digamos ya en este presente tecnol\u00f3gico, anch\u00edsimo y ajeno\u2013 el sendero de la tradici\u00f3n y confundir lo reelaborado con la innovaci\u00f3n.\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>La editorial Acantilado, dirigida por Sandra Ollo, ha rescatado hace unos meses un breviario que Rafael Argullol escribi\u00f3 a comienzos de los a\u00f1os ochenta sobre el Quattrocento.<\/strong> Un libro hasta ahora inencontrable, editado en su d\u00eda por el sello Montesinos, que viene a sumarse al cat\u00e1logo de las obras completas que Acantilado est\u00e1 dedicando al profesor e intelectual barcelon\u00e9s. Esta nueva edici\u00f3n, hermos\u00edsima, ha estado durante 14 semanas entre los t\u00edtulos m\u00e1s vendidos de no ficci\u00f3n, que es el marbete con el que, en t\u00e9rminos comerciales, todav\u00eda se maneja el sector editorial. \u00bfAsombroso? En absoluto. \u00bfLlamativo? Por supuesto.\u00a0<\/p>\n<p>    <a href=\"https:\/\/amzn.to\/4ncQoAx\" target=\"_blank\" rel=\"sponsored nofollow noopener\" class=\"to-store-widget\"><\/p>\n<p>TO Store<\/p>\n<p>            Compra este libro<br \/>\n            <\/a><\/p>\n<p>El breviario de Argullol, que es excelente,<strong> condensa en apenas 186 p\u00e1ginas lo esencial del Gran <a href=\"https:\/\/theobjective.com\/etiqueta\/renacimiento\/\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">Renacimiento<\/a> italiano, <\/strong>cosa obligada porque fue concebido en su d\u00eda como un volumen con vocaci\u00f3n divulgativa. Cuatro d\u00e9cadas despu\u00e9s, en un momento en el que los libros de fondo casi han desaparecido de las librer\u00edas y tambi\u00e9n de muchos cat\u00e1logos editoriales, este peque\u00f1o volumen se ha convertido en una joya que instruye y deleita, siguiendo el sabio consejo de los cl\u00e1sicos. Por supuesto, Argullol, cuya obra suma m\u00e1s de una treintena de t\u00edtulos, ha escrito mucho sobre esta etapa cultural, pero s\u00f3lo despu\u00e9s de hacer este largo recorrido, que en su caso es vital adem\u00e1s de acad\u00e9mico, un autor es capaz de discriminar con criterio entre lo trascendente y lo accesorio.\u00a0<\/p>\n<p>La brevedad, cortes\u00eda ilustre, se ha convertido en estos tiempos extra\u00f1os casi en una obligaci\u00f3n. Aunque a la hora de juzgar un libro importa, sobre todo, m\u00e1s que su extensi\u00f3n, la capacidad que muestre para recrear un universo tan idealizado como perdido, salvo en las obras que la Historia nos ha legado, con las estrictas palabras necesarias. Ni m\u00e1s, ni menos. <strong>Y eso es lo que, con sabidur\u00eda y estilo, hace este Quattrocento de Argullol, donde se nos relata c\u00f3mo, una vez cumplido el famoso oto\u00f1o de la Edad Media, emerge la primera modernidad a lomos del Humanismo.\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>A este ensayo no le sobra nada, sin que le falte lo importante: el an\u00e1lisis est\u00e9tico, el complejo contexto cultural e hist\u00f3rico, los personajes esenciales, la historia de la evoluci\u00f3n de las ideas, el paisaje (en este caso, el de la Toscana) y la arquitectura de un mundo sin el cual \u2013todav\u00eda\u2013 no cabe entender nuestro presente. A su manera, <strong>lo que el ensayista barcelon\u00e9s hace en este estudio es documentar el alumbramiento del hombre moderno, <\/strong>esa creaci\u00f3n del Humanismo que, muchos siglos despu\u00e9s, tras sucesivos desenga\u00f1os, calamidades, utop\u00edas y naufragios, se convertir\u00e1 (ya con el Romanticismo) en el sustituto de Dios y har\u00e1 del arte su \u00fanica religi\u00f3n.\u00a0<\/p>\n<p>Guerra cultural<\/p>\n<p>Hay quien sostiene que no hubo un Renacimiento, sino varios, del mismo modo que los pa\u00edses de la Europa tardomedieval fueron dirigi\u00e9ndose, a distinto ritmo, hacia la recuperaci\u00f3n, que no fue exactamente un ejercicio de m\u00edmesis, de lo mejor del pasado cl\u00e1sico. Sin dejar de ser verdad, es insuficiente: la monarqu\u00eda espa\u00f1ola dominaba el escenario pol\u00edtico y, tras la Reconquista, empezaba a construir su imperio de ultramar, mientras <strong>en Italia \u2013que a\u00fan no exist\u00eda como entidad estatal\u2013 una serie de artistas comenzaban a mirar el mundo de forma distinta a sus antecesores.\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>El asombroso nacimiento de la mente renacentista es la historia que narra este ensayo, que muestra, a trav\u00e9s de catas en la pintura, la escultura, la poes\u00eda y la arquitectura \u2013aqu\u00ed de forma especialmente intensa\u2013 <strong>al hombre desprendi\u00e9ndose de las pesadas cadenas de las viejas convenciones medievales <\/strong>\u2013por supuesto, sin abandonar los motivos religiosos\u2013 <strong>para descubrirse, acaso por vez primera, como protagonista (y en consecuencia tambi\u00e9n como una v\u00edctima tr\u00e1gica) de la Historia.<\/strong> El Quattrocento no tuvo un parto sencillo. Ninguno lo es. En todos hay sangre. M\u00e1s a\u00fan si tenemos en cuenta que se trata de la guerra cultural, por decirlo en t\u00e9rminos contempor\u00e1neos, que acabar\u00eda desmantelando las jerarqu\u00edas art\u00edsticas medievales, ya fueran las primitivas o las m\u00e1s estilizadas, como el g\u00f3tico.<\/p>\n<p><strong>Tampoco fue un simple retorno al origen, perdido durante siglos, de Roma y Grecia.<\/strong> La amnesia medieval, a excepci\u00f3n de la cultura atesorada por la Iglesia dentro de los monasterios y salvada en buena medida gracias a los pensadores \u00e1rabes, no fue un par\u00e9ntesis corto. Dur\u00f3 siglos y dej\u00f3 al hombre medieval preso de los miedos y fanatismos religiosos, por mucho que el arte de esos siglos oscuros, previos a la luz terrosa de Florencia, escondiera tambi\u00e9n discretas disidencias y hasta obscenas gamberradas populares.\u00a0<\/p>\n<p><strong>El Quattrocento fija la armon\u00eda, la belleza y la regla \u00e1urea como criterios art\u00edsticos, al tiempo que el Humanismo ayuda al humilde siervo de Dios a mirarse a s\u00ed mismo con otros ojos. Pero el tr\u00e1nsito fue lento<\/strong>. Giotto a\u00fan es tributario del mundo del Trecento, hier\u00e1tico, comunal y metaf\u00edsico, de convicci\u00f3n abstracta y clara afecci\u00f3n primitivista. En literatura, el viraje lo inicia Petrarca, pero no imitando sin m\u00e1s los modos antiguos con un af\u00e1n arqueol\u00f3gico, sino recre\u00e1ndolos para adaptarlos a una mentalidad a la que los arquetipos y los c\u00f3digos art\u00edsticos heredados impiden manifestar una humanidad carnal y anat\u00f3mica que terminar\u00eda siendo rotunda.\u00a0<\/p>\n<p>Incluso en el arte religioso, que convive con los motivos mitol\u00f3gicos y las representaciones de orden pagano, quienes emergen del fondo del telar medieval no son ya meras alegor\u00edas, sino individuos. Seres que expresan y se expresan. Que contemplan la naturaleza desde una conciencia propia y que ense\u00f1an por primera vez sus sentimientos m\u00e1s \u00edntimos. Los artistas italianos, especialmente Leonardo y Miguel \u00c1ngel, navegan durante unos a\u00f1os en este dif\u00edcil equilibro entre la belleza y la verdad. El amor de los poetas deja de ser plat\u00f3nico, sin caer en la pornograf\u00eda, del mismo modo que los cuadros religiosos y los personajes b\u00edblicos \u2013v\u00e9ase el David de Donatello\u2013 cobran una sensualidad terrestre y andr\u00f3gina. Los pintores exploran la perspectiva y convierten los lienzos y frescos medievales en ventanas de color cuya ambig\u00fcedad puede apreciarse en la t\u00e9cnica del abbozzato. Todo cambia. <strong>El Quattrocento no regresa al pret\u00e9rito cl\u00e1sico. Explora su tradici\u00f3n (perdida) para inventar al homus novus y alumbrar as\u00ed el primer arte plenamente moderno, s\u00edntesis milagrosa de la inmortalidad cristiana y la gloria pagana.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La literatura es un universo en el cual rigen, entre otras, dos leyes capitales. 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