{"id":129281,"date":"2025-09-21T09:49:05","date_gmt":"2025-09-21T09:49:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/129281\/"},"modified":"2025-09-21T09:49:05","modified_gmt":"2025-09-21T09:49:05","slug":"kiefer-van-gogh-duelo-a-los-80","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/129281\/","title":{"rendered":"Kiefer\/Van Gogh, duelo a los 80"},"content":{"rendered":"<p>Sus conciertos sol\u00edan ser nocturnos. En la gira de 1962 por Israel, muchos de los asistentes a los teatros de Tel Aviv y Jerusal\u00e9n, \u2013<strong>algunos v\u00edctimas del Holocausto y en su mayor\u00eda veteranos de guerra<\/strong>-, describieron el silencio cerrado durante los tres minutos de la interpretaci\u00f3n. A comienzos de los a\u00f1os 60, en plena Guerra Fr\u00eda y pocos a\u00f1os despu\u00e9s del juicio a Eichmann, Marlene Dietrich cantaba en Israel, por primera vez tras la <a href=\"https:\/\/theobjective.com\/cultura\/2025-09-17\/europa-anos-30-guerra-mundial\/\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">II Guerra Mundial<\/a>, una canci\u00f3n en alem\u00e1n.\u00a0<\/p>\n<p>No existe una grabaci\u00f3n en v\u00eddeo de este recital, pero s\u00ed muchos testimonios. Dietrich hizo su entrada con un vestido largo de noche, guantes y peinado cl\u00e1sico con ondas rubias. <strong>Se coloc\u00f3 bajo un foco cenital, apoyada en un taburete alto, sola frente al micr\u00f3fono, la orquesta en penumbra<\/strong>. Entonces, con voz grave, melanc\u00f3lica y un tempo lento como si recitara, enton\u00f3: \u00abSag mir, wo die Blumen sind \/ Wo sind sie geblieben\u2026\u00bb (Dime d\u00f3nde est\u00e1n las flores\/ d\u00f3nde han quedado). Era una versi\u00f3n de Pete Seeger que, con inspiraci\u00f3n en un canto popular cosaco, hab\u00eda compuesto en 1955. En la radio israel\u00ed, la interpretaci\u00f3n de Marlene se difundi\u00f3 como un lema antib\u00e9lico universal.<\/p>\n<p>Anselm Kiefer (1945) toma esta cita inesperada para dar t\u00edtulo a algunas obras recientes y tambi\u00e9n a la exposici\u00f3n: \u00bfAd\u00f3nde han ido las flores? con la que, tras celebrar su 80 cumplea\u00f1os, acept\u00f3 batirse en duelo con <a href=\"https:\/\/theobjective.com\/etiqueta\/vincent-van-gogh\/\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">Vincent van Gogh<\/a> (1853-1890). El t\u00edtulo es, adem\u00e1s, un gui\u00f1o a su determinada protesta por los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto con una menci\u00f3n a la vibrante belleza de las flores de Van Gogh.<\/p>\n<p>La exposici\u00f3n en la Royal Academy de Londres es el resultado de la colaboraci\u00f3n entre el Stedelijk Museum y el Museo Van Gogh, en una <strong>versi\u00f3n m\u00e1s reducida de la que tuvo lugar en \u00c1msterdam entre marzo y junio<\/strong>. Julien Domercq, conservador jefe de la Royal Academy, abrevi\u00f3 el t\u00edtulo original a: Kiefer\/Van Gogh.<\/p>\n<p>Las creaciones de ambos artistas se exponen por primera vez juntas en el Reino Unido. Son una docena de obras de cada uno como dardos. <strong>Algunas de las de Kiefer llegan a medir 9 metros<\/strong>, las del pintor holand\u00e9s apenas llegan al metro, pero su descarga es poderos\u00edsima.<\/p>\n<p>El cat\u00e1logo es breve porque cede el protagonismo a dos textos potentes: Tras los pasos de Van Gogh de Anselm Kiefer y Van Gogh y Kiefer: afinidad en los girasoles, del gran cr\u00edtico Simon Schama, quien se resiste a hacer comparaciones para dejar que sean las obsesiones entre los dos artistas las que choquen entre s\u00ed: <strong>los campos de trigo retorcido de Van Gogh<\/strong>, frente a las necr\u00f3polis de ceniza y metal de Kiefer.<\/p>\n<p>La exposici\u00f3n recupera las primeras impresiones del artista alem\u00e1n a trav\u00e9s de los bocetos y las notas del diario que tom\u00f3 en un viaje inici\u00e1tico a los 18 a\u00f1os. No hab\u00eda salido nunca de <a href=\"https:\/\/theobjective.com\/etiqueta\/alemania\/\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">Alemania<\/a> y, gracias a una beca, decidi\u00f3 seguir los pasos de Van Gogh por B\u00e9lgica, Holanda y cruzando por Francia hasta Arles. Armado con papel de dibujo, carboncillo y fijador, <strong>Kiefer se inspir\u00f3 en el pintor postimpresionista y se vio profundamente influido por la estructura racional y la claridad<\/strong> compositiva de sus paisajes. Van Gogh se hab\u00eda metido en sus venas.<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"860\" src=\"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/Vincent_van_Gogh_-_Feld_mit_Schwertlilien_in_der_Naehe_von_Arles_Mai_1888_-_MeisterDrucke-805344-102.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3728927\"  \/>Vincent Van Gogh, Campo con lirios cerca de Arles, 1888.<\/p>\n<p>La primera y la \u00faltima de las tres salas est\u00e1n tomadas por los inmensos lienzos de Kiefer. Pero, en la central, la escala y las referencias manifiestas se reducen, <strong>all\u00ed se encuentran las conexiones m\u00e1s po\u00e9ticas e interesantes entre los dos<\/strong>. As\u00ed la serie de cuatro peque\u00f1os paisajes en grafito de Kiefer que parecen un intento de registrar un lugar y tambi\u00e9n un estilo a base de marcas, inspirado en el artista del pelo rojo.<\/p>\n<p>A mitad de la doble exposici\u00f3n se distingue una alhaja en blanco y negro, el magn\u00edfico dibujo de Van Gogh a l\u00e1piz: La Crau vista desde Montmajour (1888), no expuesto en Londres en 50 a\u00f1os. <strong>Por su tama\u00f1o y por el hecho de que no se trata de un dibujo preparatorio, sino de una obra aut\u00f3noma, se intuye la importancia que tuvo para el autor<\/strong>. En \u00e9l, Van Gogh nos lleva consigo como si fu\u00e9ramos subidos a lomos de un cisne gigante, desde donde vemos la anchura y toda la profundidad de una llanura que dibujar\u00e1 convertida en una inmensa pista de aterrizaje.\u00a0<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"824\" src=\"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/Vincent-van-Gogh-La-Crau-vom-Montmajour-aus-gesehen-MeisterDrucke-681007-1024x824.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3728930\"  \/>Vincent van Gogh, La crau vista desde Montmajour, 1888.<\/p>\n<p>Delante de aquella vista, el mistral le abrasaba los ojos y los insectos le distra\u00edan, a\u00fan as\u00ed, Van Gogh necesitaba poseerla. Pint\u00f3 el paisaje como si fuera un campo energ\u00e9tico hecho de puntos, comas, serpentinas, muelles, remolinos, guiones, decenas de distintas puntuaciones diminutas y trazos. Las anotaciones en la hoja fluyen como m\u00fasica por pentagramas, describiendo la topograf\u00eda con detalle hipn\u00f3tico: <strong>figuritas casi invisibles que cortan la mies, campos de cereal que llegan hasta el horizonte y se extienden hasta el m\u00e1s all\u00e1, como el mar de su Holanda natal<\/strong>. Las sensaciones emitidas por el dibujo -calor y polvo, olor y color, vibraciones veraniegas palpitantes- se consiguen con tinta, l\u00e1piz y una pluma de ca\u00f1a.<\/p>\n<p>Enfrente est\u00e1: Campo cubierto de nieve con una grada (\u00abinspirado en Millet\u00bb) (1890), \u00f3leo para el que Van Gogh pinta la nieve en olas de color verde mar, \u00f3palo y gris; tambi\u00e9n, y con minuciosidad, el perfil de unos \u00e1rboles desnudos. Un ligero resplandor en el centro atrae nuestra mirada -muy gradualmente- y, al percibirlo <strong>visualizamos que Van Gogh constru\u00eda sus paisajes como un alba\u00f1il<\/strong>, pincelada a pincelada.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"768\" src=\"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/il_fullxfull.3629261517_d4rx-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3728937\"  \/>Vincent Van Gogh, Campo cubierto de nieve con una grada (\u00abinspirado en Millet\u00bb), 1890.<\/p>\n<p>Junto a \u00e9l est\u00e1 el menos reproducido: Pilas de novelas francesas (1887), como una declaraci\u00f3n de estos dos lectores voraces adictos a la literatura y la poes\u00eda. El genio de Zundert dijo una vez a su hermano Theo: \u00ab<strong>Para m\u00ed, los libros, la realidad y el <a href=\"https:\/\/theobjective.com\/cultura\/arte\/\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">arte<\/a> son la misma cosa<\/strong>\u00bb. Las novelas que le\u00eda y cuyos lomos, a veces, pintaba en sus obras, constituyen un testimonio m\u00e1s del autor. Las creaciones de Kiefer, sin embargo, est\u00e1n m\u00e1s relacionadas con la mitolog\u00eda y conceptos filos\u00f3ficos; sobre ellas suele escribir frases en su caligraf\u00eda premonitoria.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"348\" src=\"https:\/\/theobjective.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/c25727_1238d3cbaf79454b8d454ab28541e195mv2.avif\" alt=\"\" class=\"wp-image-3728943\" style=\"width:995px;height:auto\"  \/>Anselm Kiefer, Noche estrellada, 2019.<\/p>\n<p>Noche estrellada (2019), toma el t\u00edtulo del cuadro de Van Gogh cuyo cielo es una construcci\u00f3n de pinceladas espirales. Para Kiefer, el original del holand\u00e9s es trascendental, porque <strong>vincula la vida y la muerte<\/strong>, la tierra con el universo y las volutas del cielo adoptan la apariencia de un monstruo marino que, en la versi\u00f3n de Kiefer, se metamorfosea en una ola gigante hecha de haces de paja. En el cap\u00edtulo del cat\u00e1logo dedicado al cuadro, Anselm Kiefer explica que en esa forma ve una menci\u00f3n al Libro de la revelaci\u00f3n de San Juan. En Noche estrellada (1889) de Van Gogh, los astros orbitan sobre s\u00ed formando su propio cosmos y, cada uno de ellos, su propia espiral. <strong>La luna, se ilumina incluso dentro de su media luna<\/strong>. Las ventanas de las casas, d\u00e9biles y t\u00edmidas en comparaci\u00f3n con las luces del firmamento, est\u00e1n encendidas desde el interior, creando una doble iluminaci\u00f3n y, en su peque\u00f1ez, parecen extra\u00f1amente perdidas y desorganizadas bajo el fulgor estelar. La verticalidad del cipr\u00e9s y la aguja de la iglesia recuerdan a la esfera de un reloj que ha perdido las manecillas.\u00a0<\/p>\n<p>Mientras Van Gogh veneraba el amarillo, en la obra de Kiefer este color muta a un crema con toques de amarillo, sedimento y pan de oro. Ambos artistas aplican la pintura tan espesa que solidifica en formas tridimensionales. Los cielos y campos dorados de Van Gogh como: Campo de trigo con un Segador (1889), recuerdan a Kiefer el fondo dorado de los iconos. En la exposici\u00f3n, y aunque de otra manera, tambi\u00e9n reverbera el fondo, como iluminado por un foco desde atr\u00e1s de La arlesiana (1890), que <strong>logra que la cantidad de luz contenida en su blusa rosa p\u00e1lido parezca de otro mundo<\/strong>. El verde oliva de la cara se multiplica en contacto con el esmeralda de la blusa. La frente de la mujer de Arles queda ordenada por una raya que le divide el pelo en dos ondas de color azabache enfatizando la fuerza de su mirada perdida.<\/p>\n<p>Los girasoles de Kiefer, cuyas semillas caen en sus obras como si fueran un llanto de estrellas, dif\u00edcilmente podr\u00edan ser m\u00e1s distintos de los de Van Gogh, pues encarnan respectivamente radiaci\u00f3n y resplandor. Para el holand\u00e9s, esta flor simbolizaba la absorci\u00f3n concentrada del calor, <strong>el resplandor vital al que se hab\u00eda sentido atra\u00eddo tras vivir entre los cielos envueltos en las sombras de los Pa\u00edses Bajos y la luz parpadeante del Midi<\/strong>. Antes de la llegada de Paul Gaugin, Van Gogh contrajo la obsesi\u00f3n por pintar girasoles, planeaba colgar varios cuadros en su ya de por s\u00ed llamativa \u00abCasa Amarilla\u00bb de Arles, donde hab\u00eda alquilado cuatro cuartos que abarrotaba de jarrones. A su lado, los girasoles de Kiefer de un negro funerario, est\u00e1n moribundos, chamuscados, con las cabezas dram\u00e1ticamente ca\u00eddas o fijas en un estado de rigor mortis floral.<\/p>\n<p>En Hortus Conclusus (2007-14), la negrura de los girasoles de Kiefer sale del cuerpo de un hombre desnudo tendido en el suelo. Es una evocaci\u00f3n de la iconograf\u00eda cristiana y del \u00c1rbol de Jes\u00e9 que, en la Biblia, brota del padre del rey David y <strong>se eleva con un tronco hasta la imagen del Salvador<\/strong>; una escena muy representada en las vidrieras de las primeras catedrales g\u00f3ticas, desde Saint Denis hasta Chartres.<\/p>\n<p>La exposici\u00f3n incluye una selecci\u00f3n de los c\u00e9lebres paisajes a gran escala de Kiefer: Los cuervos, (2019) o Nevermore (2014). Obras monumentales que encapsulan su admiraci\u00f3n por los efectos compositivos de Van Gogh, desde la adopci\u00f3n de l\u00edneas de horizonte altas a las im\u00e1genes en primer plano combinadas con perspectivas profundas y formatos panor\u00e1micos. <strong>Ambos compartieron fijaci\u00f3n por los cuervos y los campos de trigo<\/strong>, adem\u00e1s de una profunda afinidad hacia las texturas pict\u00f3ricas. En Walther von der Vogelweide (2014), Kiefer parece emplear todo un tubo de acr\u00edlico para dar forma a cada p\u00e9talo de sus flores.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"800\" height=\"480\" src=\"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/descarga-2-2.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3728947\" style=\"width:996px;height:auto\"  \/>Anselm Kiefer, Nevermore, 2014.<\/p>\n<p>A parte de las obras de Van Gogh, a Kiefer en su adolescencia le condicionaron las de Emil Nolde (1867-1956) y <strong>sent\u00eda fascinaci\u00f3n por otras mentes<\/strong>: Paul Celan, Ingeborg Bachmann, Georg Trakl, Martin Heidegger, Rainer Maria Rilke, Gershom Scholem o Robert Fludd, que cre\u00eda que cada flor en la Tierra tiene su correspondiente estrella en el cielo.<\/p>\n<p>Al salir de la Royal Academy, resulta inevitable sopesar la <strong>fuerza del golpe recibido por cada uno de los dos artistas<\/strong>. Kiefer es amenaza, peso, campos de profundidad inagotable, nieve, rayas como surcos, negrura, fardos de paja amontonada y fr\u00eda, soledad, hast\u00edo, letras como grilletes, guada\u00f1a. Van Gogh solo es verdad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Sus conciertos sol\u00edan ser nocturnos. 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