{"id":136542,"date":"2025-09-24T21:28:13","date_gmt":"2025-09-24T21:28:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/136542\/"},"modified":"2025-09-24T21:28:13","modified_gmt":"2025-09-24T21:28:13","slug":"casa-rorty-l-requiem-por-la-sociedad-bien-ordenada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/136542\/","title":{"rendered":"Casa Rorty L: R\u00e9quiem por la sociedad bien ordenada"},"content":{"rendered":"<p>\t\t\t\t\t<a data-redirect-url=\"https:\/\/letraslibres.com\/politica\/casa-rorty-l-requiem-por-la-sociedad-bien-ordenada\/24\/09\/2025\/\" data-display-label=\"1\" data-show-count=\"0\" data-bookmark-label=\"A\u00d1ADIR A FAVORITOS\" data-bookmarked-label=\"Favoritos\" data-loggedin=\"0\" data-type=\"post\" data-object_id=\"149278\" class=\"cbxwpbkmarktrig  cbxwpbkmarktrig-button-addto ld-ext-left\" title=\"Bookmark This\" href=\"#\">A\u00d1ADIR A FAVORITOS<\/a> Please login to bookmark<a class=\"cbxwpbkmarkguesttrig_close\" role=\"button\" title=\"Click to close bookmark panel\/modal\" href=\"#\"><br \/>\nClose<\/a>\t\t\t\t\t<\/p>\n<p>En ese libro formidable que es The philosophy of modern song, Bob Dylan comenta de manera personal\u00edsima 66 canciones de la historia de la m\u00fasica pop, pasando con destreza de la narraci\u00f3n en segunda persona que nos sumerge en el tema de cada una de ellas a la meditaci\u00f3n bien informada sobre su autor o su g\u00e9nero. Incluye el genio de Duluth \u201cBall of Confusion (That\u2019s What the World Is Today\u201d), un tema de The Temptations que se publica como single en los Estados Unidos en mayo de 1970. Se trata de un hit que poco tiene que ver con el estilo que llev\u00f3 al \u00e9xito a la banda a principios de los sesenta, cuando sus armon\u00edas vocales produc\u00edan \u00e9xitos con la facilidad propia de la Motown; en este periodo es palpable la influencia de Sly &amp; the Family Stone, hasta el punto de que este \u201cdesfile de confusi\u00f3n\u201d debe considerarse pop psicod\u00e9lico con ramalazos de proto-rap.<\/p>\n<p>\u00bfY de qu\u00e9 va la canci\u00f3n? Sus versos son elocuentes: \u201cFear in the air, tension everywhere \/ Unemployment rising fast \/ The Beatles\u2019 new record\u2019s a gas \/ And the only safe place to live is on an Indian reservation\u201d. Luego: \u201cEve of destruction, tax deduction \/ City inspector, bill collectors \/Mod clothes in demand, population out of hand \/ Suicide, too many bills\u201d. Y finalmente: \u201cSegregation, determination, demonstration, integration \/ Aggravation, humiliation, obligation to our nation\u201d. En una palabra, The Temptations describen aqu\u00ed el caos reinante en la sociedad estadounidense cuando termina la d\u00e9cada de los sesenta y empieza la de los setenta. Dylan lo resume as\u00ed: \u201cEs la jungla ah\u00ed fuera, y las cosas se est\u00e1n volviendo irreconocibles\u201d. Cuando pasa a la tercera persona, destaca el contraste entre las dos etapas de la banda y subraya la dificultad de escribir una canci\u00f3n como esta sin que resulte rid\u00edcula ni pase de moda; a su juicio, el compositor Norman Whitfield logr\u00f3 con Ball of Confusion \u201cuna de las pocas canciones sociales que no producen verg\u00fcenza ajena\u201d. Y encima, concluye, Stevie Wonder toca la arm\u00f3nica.<\/p>\n<p>Para el oyente de ahora mismo, una canci\u00f3n as\u00ed tiene la virtud \u2013digamos epist\u00e9mica\u2013 de recordarnos cu\u00e1n turbulento fue en los Estados Unidos el periodo que media entre el estallido de los disturbios raciales en el barrio de Watts, Los \u00c1ngeles, en agosto de 1965, y la llegada al poder de Ronald Reagan en 1980, culminaci\u00f3n de la exitosa contrarrevoluci\u00f3n conservadora. De un lado hay protestas raciales, movilizaci\u00f3n contra la guerra de Vietnam, acciones terroristas de la izquierda radical, disoluci\u00f3n de la cultura hippie; del otro, la contundente respuesta de la \u201cmayor\u00eda silenciosa\u201d con la elecci\u00f3n de Nixon y la represi\u00f3n policial de la contracultura. Para quien quiera m\u00e1s detalles, Rick Perlstein en Nixonland y Bryan Burrough en Days of rage han documentado con rigor esta fascinante etapa de la intensa historia norteamericana. Pero tenemos a nuestra disposici\u00f3n asimismo decenas de novelas y pel\u00edculas: de DeLillo a Doctorow, de Easy Rider a JFK. Por cierto, la muerte de Robert Redford ha servido como recordatorio de la pujanza que tuvo en su d\u00eda el subg\u00e9nero del thriller conspirativo, que no solo es reacci\u00f3n al Watergate sino tambi\u00e9n estudio del deep state y de su papel en la restauraci\u00f3n del orden p\u00fablico.<\/p>\n<p>Y es interesante que Los tres d\u00edas del c\u00f3ndor \u2013firmada por el voluntarioso Sidney Pollack y protagonizada por un Redford que nunca visti\u00f3 mejor\u2013 termine con el alegato de un miembro de la CIA en el que se justifica la opacidad estatal por la necesidad de hacer planes que permitan prevenir la hambruna que asoma en el horizonte: cuando ese momento llegue, dice el personaje al que interpreta Cliff Robertson, los estadounidenses pedir\u00e1n ayuda a su gobierno y no podr\u00e1 dec\u00edrseles que nadie ha hecho nada al respecto. Queda claro que la d\u00e9cada de los setenta fue tambi\u00e9n la del miedo a la distop\u00eda medioambiental: las advertencias neomalthusianas sobre la \u201cbomba demogr\u00e1fica\u201d se vieron agravadas con la crisis del petr\u00f3leo y la estanflaci\u00f3n subsiguiente, hasta el punto de que una parte no desde\u00f1able del pensamiento ecologista sostuvo entonces que solo un gobierno autoritario dirigido por expertos pod\u00eda librar al mundo de la cat\u00e1strofe inminente.<\/p>\n<p>Por su parte, quien desee encontrar un precedente para las tendencias magnicidas de nuestros \u00faltimos a\u00f1os \u2013que culminan en el asesinato de Charlie Kirk y dejan por el camino atentados contra figuras de la derecha y la izquierda norteamericanas\u2013 no tiene m\u00e1s que retrotraerse a aquellas d\u00e9cadas: que ese trastornado veterano de guerra que es el Travis Bickle de Taxi Driver planee atentar contra un candidato presidencial de discurso rutinariamente populista no es casualidad. Tampoco es que fuera de los Estados Unidos reinase la paz: baste decir que entre 1968 y 1977 se contabilizaron cada a\u00f1o hasta 41 secuestros de vuelos comerciales alrededor del globo. Y dado que este blog se publica en la web de una revista hispanomexicana, recordemos que estos dos pa\u00edses viv\u00edan entonces bajo sendas dictaduras y que la resistencia contra ellas adopt\u00f3 tambi\u00e9n ocasionalmente una forma violenta\u2026 a la que el Estado contest\u00f3 a su vez empleando una fuerza que carec\u00eda de cualquier legitimidad democr\u00e1tica. Mientras que trescientas personas fueron acribilladas en la Plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de M\u00e9xico en octubre de 1968, la sociedad espa\u00f1ola sufr\u00eda atentados constantes de la banda terrorista ETA y era frecuente el uso represivo del aparato estatal; solo a mitad de la d\u00e9cada siguiente comenzar\u00eda una transici\u00f3n pac\u00edfica a la democracia que \u2013seg\u00fan algunos descubren ahora\u2013 conoci\u00f3 numerosos episodios de violencia de filiaci\u00f3n nacionalista, revolucionaria y reaccionaria.<\/p>\n<p><strong>Estamos peor <\/strong><strong>porque<\/strong><strong> no estamos mejor<\/strong><\/p>\n<p>Flash forward: m\u00e1s de medio siglo despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n de Ball of confusion, la situaci\u00f3n mundial no parece haberse aclarado demasiado. Rusia ha invadido parte de Ucrania, Donald Trump gobierna unos Estados Unidos donde se ha recrudecido la violencia pol\u00edtica, el populismo gana votos en un buen n\u00famero de democracias, China se ha convertido en una gran potencia que presume del \u00e9xito de su modelo autoritario, el nacionalismo ha cobrado fuerza en casi todas partes y, en fin, el conflicto palestino-israel\u00ed atraviesa una fase desoladora. Dicho esto, ya no se secuestran tantos aviones, ni son tan frecuentes los atentados terroristas en las sociedades liberales; bien es verdad que hizo falta un 11S para que la seguridad aeroportuaria se convirtiese en prioridad p\u00fablica. Y aunque se han producido avances morales, tampoco faltan los retrocesos; el mayor respeto por las minor\u00edas sexuales ha venido acompa\u00f1ado de un creciente rechazo a la inmigraci\u00f3n. Ir\u00f3nicamente, nuestra \u00e9poca no solo se parece a la d\u00e9cada de los setenta por el hecho de que en ella se ha desplegado un movimiento pol\u00edtico cuyos fundamentos doctrinales provienen de la izquierda marcusiana y foucaltiana, o sea esa Teor\u00eda Cr\u00edtica de la Raza que tambi\u00e9n se denomina simplemente wokismo; tambi\u00e9n porque el miedo a las consecuencias medioambientales de la superpoblaci\u00f3n ha dejado paso al miedo a las consecuencias del cambio clim\u00e1tico.<\/p>\n<p>Pero entonces, \u00bfestamos mejor o estamos peor? Si nos vamos a los datos que miden el bienestar humano agregado, la respuesta es obvia: estamos mejor. Basta comparar la China del Gran Paso Adelante o esa India donde las hambrunas eran frecuentes con la China de Xi o la India de Modi; la globalizaci\u00f3n ha mitigado la pobreza y creado nuevas clases medias en medio mundo, incluyendo los pa\u00edses b\u00e1lticos y del este europeo, si bien sigue habiendo sociedades fallidas (Argentina), pa\u00edses en desarrollo que no acaban de desarrollarse (buena parte de Oriente Medio y de \u00c1frica) o dictaduras donde las cosas han ido a peor (Cuba). Si adoptamos una perspectiva hegeliana y tomamos en consideraci\u00f3n las expectativas creadas por el colapso del experimento sovi\u00e9tico, en cambio, estamos peor. O sea: estamos peor porque no estamos mejor.<\/p>\n<p>T\u00e9ngase en cuenta que durante toda una d\u00e9cada \u2013los optimistas noventa\u2013 cre\u00edmos que el liberalismo pol\u00edtico seguir\u00eda extendi\u00e9ndose por el mundo entero, confiamos en la potencialidad de la globalizaci\u00f3n para facilitar la creaci\u00f3n de riqueza y llegamos a pensar \u2013se hablaba de \u201cla Gran Moderaci\u00f3n\u201d\u2013 que las grandes crisis econ\u00f3micas eran ya cosa del pasado. Solo quedaba profundizar en el bienestarismo estatal, democratizar la democracia y producir sujetos reflexivos dispuestos a ejercitar la tolerancia en un marco cada vez m\u00e1s cosmopolita. \u00a1Casi nada! Bien sabemos que las cosas no salieron como se esperaba: si el 11S dej\u00f3 claro que la globalizaci\u00f3n liberal contaba con la feroz oposici\u00f3n de los partidarios de la teocracia, sus enemigos se multiplicaron con la Gran Recesi\u00f3n \u2013una reacci\u00f3n antiliberal que recuerda la producida en los a\u00f1os treinta del siglo pasado\u2013 y al descontento material se ha sumado la zozobra moral en un mundo desordenado donde populistas y extremistas de todas las confesiones hacen su agosto mientras las revoluciones tecnol\u00f3gica y demogr\u00e1fica siguen imperturbables su curso.<\/p>\n<p><strong>Desacuerdo pac\u00edfico y cooperaci\u00f3n pac\u00edfica<\/strong><\/p>\n<p>Resulta por ello sintom\u00e1tico que el fil\u00f3sofo pol\u00edtico norteamericano John Rawls publicase en 1993 la segunda de sus grandes obras: si en 1971 aparec\u00eda Una teor\u00eda de la justicia, donde defend\u00eda su concepci\u00f3n de la justicia como equidad, dos d\u00e9cadas m\u00e1s tarde proced\u00eda en Liberalismo pol\u00edtico a refinar su defensa de la \u201csociedad bien ordenada\u201d incorporando a la misma el \u201checho del pluralismo\u201d cuya significaci\u00f3n, seg\u00fan sus cr\u00edticos, hab\u00eda venido minusvalorando. Para Rawls, una sociedad bien ordenada es aquella cuyos miembros aceptan una misma concepci\u00f3n de la justicia, que a su vez regula las instituciones b\u00e1sicas de la sociedad. Es un ideal \u00faltimo, el objetivo hacia el que deber\u00edamos orientarnos; su elucidaci\u00f3n nos permite valorar el estado actual de nuestras sociedades. Eso quiere decir que Rawls tiene inicialmente en mente una teor\u00eda ideal que deja a un lado las dificultades propias del mundo tal como es. Pero hay m\u00e9todo en su abstracci\u00f3n: Rawls se saca de la chistera un recurso brillante con el fin de evitar que nuestras circunstancias, intereses y cualidades condicionen el tipo de sociedad que preferimos. Como es sabido, el pensador de Baltimore sit\u00faa al individuo en una \u201cposici\u00f3n originaria\u201d y detr\u00e1s un \u201cvelo de ignorancia\u201d, de modo que no sabe qui\u00e9n es y optar\u00e1 racionalmente \u2013en esto recuerda al contrato social hobbesiano\u2013 por una sociedad donde se nos provea de bienes b\u00e1sicos y se abrace una concepci\u00f3n de la justicia como equidad. De ah\u00ed sale algo parecido a una sociedad liberal dotada de un Estado redistributivo: porque nadie quiere quitarse el velo, descubrirse pobre y acabar durmiendo en la calle.<\/p>\n<p>Entre las muchas cr\u00edticas que se le dirigieron, destaca por su car\u00e1cter premonitorio aquellas que reprochaban a Rawls inventarse un sujeto desencarnado que carece de identidad: un individuo irreconocible para quienes insisten en la diversidad identitaria y emocional de unas personas que siempre estar\u00edan \u201csituadas\u201d en posiciones que condicionan su manera de ver el mundo. Aunque siempre me ha parecido una objeci\u00f3n endeble, el argumento ha tenido mucho \u00e9xito y es una de las razones por las cuales Rawls reformula su teor\u00eda a comienzos de los noventa; su prop\u00f3sito es acomodar el pluralismo y evitar que este se convierta en un obst\u00e1culo para la aceptaci\u00f3n de la justicia como equidad. Pasamos as\u00ed a hablar de condiciones no ideales para la aplicaci\u00f3n de la teor\u00eda: nos las vemos con las sociedades tal como son. Por eso Rawls parte de la premisa de que nuestras concepciones morales difieren en una sociedad libre; cuando se discuten asuntos p\u00fablicos que conciernen al poder estatal, a menudo llegamos a respuestas irreconciliables: incluso si quienes debaten lo hacen de buena fe. Ahora bien: el ideal de la sociedad bien ordenada solo puede realizarse si la gente se pone de acuerdo sobre un conjunto de principios morales esenciales. Es lo que Rawls denomina \u201cconsenso por solapamiento\u201d; aunque nos adscribamos a etnias, religiones, identidades o ideolog\u00edas diferentes, mediante ese consenso alcanzamos un acuerdo pol\u00edtico sobre c\u00f3mo vivir juntos de manera cooperativa. De ah\u00ed que Rawls formule as\u00ed su principio liberal de legitimidad:<\/p>\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\" wp_automatic_readability=\"7\">\n<p>nuestro ejercicio del poder pol\u00edtico es adecuado y est\u00e1 justificado solo cuando es ejercitado de acuerdo con una constituci\u00f3n a fundamentos cabe razonablemente esperar que se adhieran todos los ciudadanos a la luz de principios e ideas que les son aceptables como razonables y racionales.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>N\u00f3tese que no hablamos de un modus vivendi que se alcanza porque nadie tiene fuerza bastante para imponerse al resto; lo que nuestro fil\u00f3sofo espera es que nos convenzamos de la superioridad normativa de la sociedad bien ordenada. Este tipo de consenso solo puede darse en una sociedad liberal, advierte, porque en ellas tuvieron lugar conflictos religiosos que desembocaron en el principio de tolerancia y condujeron a la consagraci\u00f3n de la autonom\u00eda moral del individuo: se supone que hemos aprendido a tolerar el desacuerdo moral. Naturalmente, en las sociedades liberales hay personas irrazonables; sus juicios no deber\u00edan tenerse en cuenta a la hora de derivar el contenido del consenso filos\u00f3fico por solapamiento. Rawls es igualmente exigente cuando demanda de los participantes en la esfera p\u00fablica un uso de la raz\u00f3n basado en est\u00e1ndares comunes a todos y un tipo de argumentaci\u00f3n p\u00fablica en la que no jueguen ning\u00fan papel las creencias religiosas o metaf\u00edsicas; un requisito que los creyentes han considerado inaceptable en muchas ocasiones. Pero lo que me interesa subrayar es que el liberalismo pol\u00edtico solo es viable si la mayor\u00eda de los miembros de una sociedad se adhieren a visiones morales razonables que hagan posible el desacuerdo pac\u00edfico sin impedir la cooperaci\u00f3n rec\u00edproca.<\/p>\n<p><strong>El r\u00e9quiem de Rawls y Habermas\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Un a\u00f1o antes, el fil\u00f3sofo alem\u00e1n J\u00fcrgen Habermas hab\u00eda reafirmado su fe en la teor\u00eda de la comunicaci\u00f3n como fundamento de una sociedad democr\u00e1tica. En Facticidad y validez, que aparece en Alemania en 1992, Habermas se pregunta de qu\u00e9 manera podemos combinar la fuerza f\u00e1ctica de las leyes con su justificaci\u00f3n normativa: adem\u00e1s de ser coercitivas, las normas han de ser v\u00e1lidas. Y para que sean v\u00e1lidas, o sea para que las percibamos como tales, necesitamos de su legitimaci\u00f3n a trav\u00e9s del discurso y la argumentaci\u00f3n entre ciudadanos libres e iguales. Porque ya no contamos con la tradici\u00f3n ni con el derecho natural de orden religioso como elementos capaces de proporcionar unidad a las sociedades; para Habermas, el derecho en una democracia es el medio a trav\u00e9s del cual el poder comunicativo se transforma en poder administrativo. A su juicio, la sociedad civil se encarga de transmitir al espacio p\u00fablico los problemas sociales; la pol\u00edtica deliberativa resulta de la interacci\u00f3n entre el complejo parlamentario y la sociedad civil. Y de ah\u00ed resulta, al menos idealmente, una norma jur\u00eddica legitimada por la deliberaci\u00f3n colectiva: incluso quienes se oponen a ella han tenido la oportunidad de contestarla y ahora solo pueden acatarla\u2026 si bien el joven Habermas hab\u00eda cre\u00eddo incluso que la fuerza del mejor argumento se impone por s\u00ed sola a las conciencias de quienes participan en el debate p\u00fablico.<\/p>\n<p>Pasados treinta a\u00f1os, se tiene la impresi\u00f3n de que estos grandes aparatos te\u00f3ricos se han desmoronado como castillos de naipes una vez que el viento de la historia ha vuelto a soplar con fuerza: nuestras democracias son m\u00e1s agonistas que deliberativas, el consenso social acerca de la dimensi\u00f3n liberal de la democracia se ha debilitado y el n\u00famero de quienes impondr\u00edan su visi\u00f3n moral al conjunto de la sociedad parece incrementarse por momentos. Tampoco las democracias se caracterizan por su buena salud institucional; aunque no todas son iguales, ya son demasiadas las que han pasado a un estadio iliberal que denota el impacto del discurso pol\u00edtico populista. En cuanto a la deliberaci\u00f3n racional, basta echar un vistazo a las redes sociales; de la conducta de los partidos pol\u00edticos, mejor ni hablar.<\/p>\n<p>Leer hoy a Rawls y Habermas es as\u00ed como escuchar un r\u00e9quiem por la sociedad bien ordenada: el contraste entre el ideal y la realidad desalienta al m\u00e1s pintado. Tampoco el pragmatismo de un Richard Rorty habr\u00eda salido del todo bien parado, ya que no parece que los miembros de las sociedades liberales hayan ganado reflexividad moral en las \u00faltimas d\u00e9cadas: en lugar de hacerse conscientes de la contingencia de nuestras creencias privadas, son muchos quienes desean usar el poder estatal para impon\u00e9rselas a los dem\u00e1s. Se trata de fen\u00f3menos ambiguos: la doctrina woke persigue incrementar la justicia, incurriendo sin embargo por el camino en un dogmatismo ideol\u00f3gico que termina por ser contraproducente. Y resulta curioso \u2013astucia de la sinraz\u00f3n\u2013 que muchos de quienes hoy militan contra el ideal de la sociedad bien ordenada enarbolen principios democr\u00e1ticos para justificar sus acciones, ya sea de manera puramente c\u00ednica o como resultado de la distorsi\u00f3n populista de aquellos. Por otro lado, rep\u00e1rese en el problema con el que se enfrentan Habermas y dem\u00e1s partidarios de la democratizaci\u00f3n radical cuando el \u201cpueblo\u201d a quien ten\u00eda que d\u00e1rsele voz para que triunfase la justicia pasa a defender posiciones conservadoras o reaccionarias.<\/p>\n<p><strong>La flecha de la historia<\/strong><\/p>\n<p>No conviene, sin embargo, caer en la desesperaci\u00f3n. Ya se ha visto que las d\u00e9cadas de los sesenta y los setenta fueron extraordinariamente turbulentas, tanto dentro de las democracias como fuera de ellas; y no digamos los a\u00f1os treinta. Si hoy nos desaniman la intensificaci\u00f3n de la violencia pol\u00edtica, el incremento del desacuerdo y el socavamiento iliberal del Estado de Derecho, es porque hab\u00edamos llegado a creer que no volver\u00edamos a las andadas. Nos falt\u00f3 escepticismo; nos sobr\u00f3 entusiasmo. Olvidamos que la historia no es una flecha que vuela en l\u00ednea recta hacia un horizonte ut\u00f3pico, sino que sigue un sinuoso camino que quiz\u00e1 ni siquiera sea un camino. Pero tampoco debe caerse en una teolog\u00eda negativa que solo ve regresiones all\u00ed donde mira; la realidad social es mucho m\u00e1s intrincada que eso y nunca hubo mayor sensibilidad hacia la discriminaci\u00f3n sexual o el sufrimiento de los animales.<\/p>\n<p>Puede que Albert Hirschmann acertase cuando se\u00f1alaba en Shifting involvements \u2013publicado en 1982\u2013 que las sociedades pasan de periodos en los que el inter\u00e9s privado es predominante a otros donde la acci\u00f3n p\u00fablica gana adeptos\u2026 antes de que la decepci\u00f3n con los resultados de esta \u00faltima nos devuelva, impotentes y decepcionados, a la esfera privada. Si bien se mira, resulta natural que el incremento del compromiso p\u00fablico genere dogmatismo ideol\u00f3gico y desorden pol\u00edtico: quienes se lanzan a defender lo que creen justo o correcto suelen olvidar que no todo el mundo estar\u00e1 de acuerdo con ellos. Y si a eso se suma la sensaci\u00f3n de verse desclasado, como aprendimos en el periodo de entreguerras, la democracia liberal puede sufrir una crisis de legitimidad que deriva en el apoyo mayoritario al l\u00edder fuerte que promete arreglarlo todo a golpe de decisionismo.<\/p>\n<p>Ser\u00eda por ello natural que se acusase a la teor\u00eda pol\u00edtica de trabajar con una venda delante de los ojos: nadie parece haber sabido vaticinar lo que hoy nos est\u00e1 sucediendo y la sociedad bien ordenada solo era un sue\u00f1o que se sue\u00f1a en la torre de marfil donde habitan los acad\u00e9micos. Puede ser. Sin embargo, eso no significa que el ideal propuesto por John Rawls \u2013entre otros haya de ser descartado: por m\u00e1s lejos que nos encontremos de su materializaci\u00f3n y m\u00e1s decepciones que acumulemos, conviene preguntarse si tenemos alguno mejor. Y que la respuesta, por volver a Dylan, no est\u00e1 en el viento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"A\u00d1ADIR A FAVORITOS Please login to bookmark Close En ese libro formidable que es The philosophy of modern&hellip;\n","protected":false},"author":2,"featured_media":136543,"comment_status":"","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[172],"tags":[224,43133,146,147,25,24,225,23],"class_list":{"0":"post-136542","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-libros","8":"tag-books","9":"tag-casa-rorty","10":"tag-entertainment","11":"tag-entretenimiento","12":"tag-es","13":"tag-espana","14":"tag-libros","15":"tag-spain"},"share_on_mastodon":{"url":"","error":""},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/136542","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=136542"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/136542\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/136543"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=136542"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=136542"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=136542"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}