{"id":165193,"date":"2025-10-09T13:39:16","date_gmt":"2025-10-09T13:39:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/165193\/"},"modified":"2025-10-09T13:39:16","modified_gmt":"2025-10-09T13:39:16","slug":"un-joven-con-un-libro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/165193\/","title":{"rendered":"Un joven con un libro"},"content":{"rendered":"<p>Hay libros que nos dicen de d\u00f3nde venimos, aunque no los abramos desde hace siglos. Entre ellos est\u00e1n las\u00a0Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Y conviene recordarlas de vez en cuando porque tal vez \u2014con permiso de Quevedo, B\u00e9cquer, Miguel Hern\u00e1ndez y Machado\u2014 sean de los mejores versos escritos en lengua espa\u00f1ola. No s\u00f3lo por lo que dicen, sino porque, como los buenos aceros, cortan igual hoy que hace quinientos a\u00f1os. No s\u00e9 si todav\u00eda se leen en las escuelas, y prefiero no saberlo; pero los chicos de mi generaci\u00f3n los sab\u00edamos de memoria. La genialidad de Jorge Manrique no fue inventar un lamento, pues eleg\u00edas hab\u00eda muchas en el siglo XV. Lo absoluto es que convirti\u00f3 la muerte de su padre en lecci\u00f3n moral conectada con lo mejor de la tradici\u00f3n cl\u00e1sica. Mientras otros lloraban a sus muertos con artificios ret\u00f3ricos, \u00e9l supo mirar al mismo tiempo a Roma y a la fe cristiana \u2014que era la de su \u00e9poca\u2014 con una elegante, tranquila y asombrosa transparencia.<\/p>\n<p>Don Rodrigo Manrique aparece en las Coplas como ejemplo del buen morir. No se trata s\u00f3lo de un caballero de frontera que gan\u00f3 batallas contra moros y castellanos enemigos, y de alguien metido a fondo en las guerras civiles de su tiempo. Tampoco es s\u00f3lo el maestre de Santiago, ni el noble poderoso. Es el hombre que sabe morir. Que encara el trance como encar\u00f3 la existencia: con los ojos abiertos, la cabeza alta y los sentidos claros. Rodeado de los suyos, sereno, como si el \u00faltimo enemigo fuera el que hab\u00eda estado esperando toda su vida. Y eso, para el hijo que lo narra, es la verdadera victoria. Ah\u00ed se filtra S\u00e9neca con estoicismo de viejo legionario jubilado: quien aprendi\u00f3 a morir no es esclavo de nada.<\/p>\n<p>Pero no basta con terminar bien, se\u00f1ala el hijo poeta. Hay que dejar memoria adecuada a la vida que se vivi\u00f3. En eso entra m\u00e1s legado romano: la fama. La vida de los muertos est\u00e1 en la memoria de los vivos. Jorge Manrique, idealizando a su padre, lo convirti\u00f3 en un monumento de versos limpios, duros como pedernal, sin adornos superfluos. Porque en Castilla el medro y la gloria se ganaban con la espada, pero la eternidad la otorgaba la palabra. Tal es su grandeza, mezcla de estoicismo romano, cristianismo medieval y laconismo sin rodeos:\u00a0Dio el alma a quien se la dio.\u00a0Vida como r\u00edo que acaba en la mar. Muerte que iguala a reyes y mendigos. Virtud que vence al tiempo.<\/p>\n<p>En eso pensaba hoy, hojeando uno de mis viejos libros escolares donde aparece una figura de la \u00e9poca de Jorge Manrique, el monumento funerario de un soldado. Y me dije, al contemplarlo m\u00e1s de medio siglo despu\u00e9s de haberlo le\u00eddo y estudiado en clase, que hay im\u00e1genes que resumen un pa\u00eds entero. \u00c9sta se encuentra en la catedral de Sig\u00fcenza y es la de un joven caballero reclinado, la espada cerca, leyendo un libro que nadie ha podido identificar. Es el Doncel de Sig\u00fcenza, que lleva quinientos a\u00f1os desafi\u00e1ndonos a averiguar qu\u00e9 texto sostiene entre las manos.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 un salterio, aventuran los prudentes. O un libro de horas. Pero deseo creer que el muchacho de piedra lee las\u00a0Coplas por la muerte de su padre. Ser\u00eda un detalle perfecto, porque Jorge Manrique levant\u00f3 con ellas un monumento m\u00e1s perenne que el bronce, m\u00e1s s\u00f3lido que un sepulcro. Versos escuetos e implacables que no envejecen porque dicen la verdad sin adornos: la vida es breve, la muerte iguala, la virtud y la memoria son las \u00fanicas formas de vencer al tiempo. Ese fue el tributo a don Rodrigo, su padre. A\u00f1os despu\u00e9s, en una Castilla de polvo y frontera, otro padre \u2014don Fernando V\u00e1zquez de Arce\u2014 encargar\u00eda un monumento distinto para su hijo muerto en la guerra de Granada: el Doncel. Pero no lo hizo esculpir yacente, ni rezando como era costumbre, sino leyendo. Leyendo cual si en ese libro abierto estuviera la \u00faltima verdad: que la gloria terrenal caduca y s\u00f3lo la palabra permanece.<\/p>\n<p>As\u00ed fue c\u00f3mo la tradici\u00f3n pudo hacerse piedra. Jorge Manrique dio versos a su padre, eterniz\u00e1ndolo en la memoria, y el padre del Doncel dio un libro a su hijo, eterniz\u00e1ndolo en m\u00e1rmol. Dos gestos unidos en la certeza de que el buen morir justifica la vida de un ser humano. Tal vez, como digo, en su lectura eterna el Doncel no lea otra cosa que esas\u00a0Coplas,\u00a0y por eso la imagen me conmueve tanto. Parece que dos destinos se entrelacen: el del poeta soldado que escribi\u00f3 con tinta lo que la muerte no pod\u00eda arrebatar, y el del joven caballero que lee, en su tumba, las palabras que lo acompa\u00f1ar\u00e1n para siempre. Di\u00e1logo secreto entre piedra y papel, entre memoria escrita y memoria esculpida. Entre un hijo que llora a su padre y un padre que coloca un libro en las manos de su hijo muerto.<\/p>\n<p>____________<\/p>\n<p>Publicado el 19 de septiembre de 2025 en XL Semanal.<\/p>\n<p>\t\t\t\t\t\t\t4.8\/5\t\t\t\t\t\t\t<\/p>\n<p>\t\t\t\t\t\t\t(620 Puntuaciones. Valora este art\u00edculo, por favor)\n\t\t\t\t\t\t<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Hay libros que nos dicen de d\u00f3nde venimos, aunque no los abramos desde hace siglos. 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