{"id":174619,"date":"2025-10-13T19:24:31","date_gmt":"2025-10-13T19:24:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/174619\/"},"modified":"2025-10-13T19:24:31","modified_gmt":"2025-10-13T19:24:31","slug":"tiempos-inesperados-turno-de-los-depredadores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/174619\/","title":{"rendered":"Tiempos inesperados, turno de los depredadores"},"content":{"rendered":"<p>No caben dudas de que <strong>hemos ingresado en una nueva etapa pol\u00edtica global. Una etapa donde ya no manda la institucionalidad, las reglas de convivencia democr\u00e1tica o los derechos humanos, sino la fuerza, lo inesperado, lo impredecible.<\/strong> Es, parafraseando el nuevo libro de <strong>Giuliano Da Empoli<\/strong>, \u201cla hora de los depredadores\u201d, de los \u201cabanderados de la ira\u201d. Lo que hasta hace poco parec\u00eda impensable hoy se naturaliza:<strong> l\u00edderes narcisistas que convierten la pol\u00edtica en espect\u00e1culo; magnates tecnol\u00f3gicos que se arrogan el poder de intervenir en elecciones de cualquier pa\u00eds y colaborar en la viralizaci\u00f3n de discursos de odio <\/strong>enmascarados en una supuesta \u201clibertad de expresi\u00f3n\u201d; y un mundo donde la democracia liberal, ya fr\u00e1gil y golpeada, se ve arrinconada por el avance de una nueva derecha sin complejos: una nueva derecha que nos dio uno de sus m\u00e1ximos espect\u00e1culos en la <strong>escalofriante toma del Capitolio el 6 de enero de 2021 en Washington<\/strong>, donde, despu\u00e9s de d\u00e9cadas de trabajo, el nacionalismo cristiano dio a luz a su hijo m\u00e1s bizarro: el movimiento <strong>Make America Great Again<\/strong> (MAGA).<\/p>\n<p>No es casual que <strong>Trump, Milei, Putin, Bukele, Meloni, Orb\u00e1n o Abascal<\/strong>, entre muchos otros, aparezcan en la misma oraci\u00f3n. Todos responden a un mismo patr\u00f3n: el del l\u00edder que erosiona el equilibrio de poderes, que desprecia las mediaciones institucionales y que se presenta como el \u00fanico int\u00e9rprete aut\u00e9ntico de \u201cla voluntad del pueblo\u201d (ellos deciden qui\u00e9n es pueblo y qui\u00e9n no, qui\u00e9nes son los puros y los impuros). A este club se suman los llamados \u201cse\u00f1ores tech\u201d, empresarios que en otro tiempo hubieran sido apenas actores de la econom\u00eda, pero que <strong>hoy se mueven como protagonistas centrales del tablero pol\u00edtico, social y econ\u00f3mico<\/strong>, como bien lo describe Da Empoli.<\/p>\n<p><strong>Elon Musk es la figura m\u00e1s visible de esta camada: due\u00f1o de plataformas globales de comunicaci\u00f3n, multimillonario con recursos ilimitados<\/strong> (que hizo gracias a subsidios estatales, por cierto), y capaz de marcar agenda en cualquier rinc\u00f3n del planeta con un simple tuit. Es, en definitiva, un depredador con m\u00e1s poder que muchos estados.<\/p>\n<p>Pero, por m\u00e1s novedoso que parezca, este fen\u00f3meno tiene ecos hist\u00f3ricos. Cada vez que los derechos humanos avanzaron, cada vez que las jerarqu\u00edas tradicionales de poder se vieron limitadas, surgi\u00f3 una reacci\u00f3n que clamaba por un \u201cpasado mejor\u201d. Ese pasado nunca fue tan id\u00edlico como se lo pinta (salvo para los que siempre se beneficiaron del sistema heteropatriarcal, religioso y blanco, por supuesto). <strong>Ya fuera la Edad Media con sus inquisiciones o los a\u00f1os cincuenta con sus r\u00edgidos roles de g\u00e9nero y familia tradicional<\/strong>, siempre se trat\u00f3 de un orden basado en exclusiones y desigualdades. Sin embargo, en momentos de crisis, la nostalgia se vuelve un arma pol\u00edtica poderosa, y es esa evocaci\u00f3n de un orden perdido la que utilizan hoy las derechas neorreaccionarias para vender un futuro en realidad m\u00e1s autoritario, m\u00e1s cerrado y m\u00e1s violento, uno que prometen sistemas como el Kremlin de Putin, quien tanto habla de una \u201cdecadencia moral de Occidente\u201d, narrativa repetida por los ya mencionados l\u00edderes de la nueva derecha global.<\/p>\n<p>Lo llamativo del presente es<strong> la escala global y la velocidad con que se propagan estas din\u00e1micas<\/strong>. <strong>La tecnolog\u00eda, que en otros tiempos fue la imprenta, la radio o la televisi\u00f3n, hoy son las redes sociales y los algoritmos<\/strong>. Y del mismo modo que en el pasado esos avances fueron instrumentalizados para consolidar poder, ahora la historia se repite con un giro m\u00e1s agudo:<strong> los due\u00f1os de las plataformas no son neutrales, ni \u00e1rbitros externos, sino actores directos de la pol\u00edtica<\/strong>, con ambiciones expl\u00edcitas y capacidad de financiar campa\u00f1as enteras a pol\u00edticos que se creen enviados directos de Dios, basadas en consignas m\u00edsticas y sobrenaturales. Musk no oculta sus simpat\u00edas por partidos de la ultraderecha en Alemania, Italia o el Reino Unido, y mucho menos su rol en la campa\u00f1a y el gobierno de Trump.<strong> Sus acciones no se limitan a respaldos simb\u00f3licos: su control de un espacio central en la conversaci\u00f3n p\u00fablica como X<\/strong> (antes Twitter) lo convierte en un difusor masivo de narrativas que alimentan la polarizaci\u00f3n y la desinformaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El terreno est\u00e1 servido para el choque. Porque frente a estos depredadores no hay reglas que valgan. <strong>La democracia liberal se sosten\u00eda en el delicado equilibrio de poderes, en la idea de que ning\u00fan actor pod\u00eda<\/strong> (ni deb\u00eda) concentrar demasiado poder. Ese principio est\u00e1 siendo dinamitado a plena luz del d\u00eda. Y no se trata de una desviaci\u00f3n local o de un ciclo pasajero: es un patr\u00f3n global. De Washington a Roma, de Buenos Aires a San Salvador, la tendencia es la misma: liderazgos carism\u00e1ticos, autoritarios, financiados, bien organizados, interconectados y amplificados por redes digitales que premian el odio y castigan el pensamiento cr\u00edtico.<\/p>\n<p>El diagn\u00f3stico es inc\u00f3modo pero urgente. <strong>Lo que est\u00e1 en juego no es s\u00f3lo la calidad de la democracia, sino su propia supervivencia.<\/strong> Y la paradoja es que los depredadores se alimentan: usan la libertad de expresi\u00f3n para propagar odio, las instituciones democr\u00e1ticas para acceder al poder, y la tecnolog\u00eda, creada bajo ideales de conexi\u00f3n global, para manipular, dividir y fragmentar a la sociedad. Es un manual de supervivencia tribal en clave contempor\u00e1nea: la \u201cmente de la tribu\u201d que describe la psicolog\u00eda pol\u00edtica, incapaz de superar la l\u00f3gica de dominaci\u00f3n y revancha, reaparece disfrazada de libertad.<\/p>\n<p>El imperio de los depredadores funciona como una se\u00f1al de alarma, como un llamado a despertar: no podemos dormirnos, la historia no siempre avanza hacia adelante, y aunque el pasado no suele repetirse, como dice la frase, la mayor parte de las veces rima. Si no despertamos, el futuro ser\u00e1 gobernado por quienes no tienen inter\u00e9s en preservar ni derechos, ni equilibrios, ni instituciones democr\u00e1ticas.<strong> La advertencia es clara: la tendencia global es peligrosa, la violencia crece, y por eso urge defender lo conquistado y seguir avanzando sin creer que exigir m\u00e1s derechos es exagerar o \u201cpasarse tres pueblos\u201d, como la nueva derecha quiere hacer creer.<\/strong><\/p>\n<p>Estamos entrando en una etapa donde lo inesperado, lo violento y lo brutal dictan las reglas del juego. El desaf\u00edo es si quienes creen en la democracia tendr\u00e1n la lucidez y el coraje de organizarse a tiempo. Porque<strong> los depredadores ya est\u00e1n aqu\u00ed, y no piensan esperar.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Antonella Marty, escritora rosarina, graduada en Relaciones Internacionales y Ciencias Pol\u00edticas. Es autora de varios libros publicados entre los que destacan Nacionalismo: el culto com\u00fan del colectivismo (2023), Ideolog\u00edas (2024) y La nueva derecha (2025).<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"No caben dudas de que hemos ingresado en una nueva etapa pol\u00edtica global. 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