{"id":182696,"date":"2025-10-17T10:51:22","date_gmt":"2025-10-17T10:51:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/182696\/"},"modified":"2025-10-17T10:51:22","modified_gmt":"2025-10-17T10:51:22","slug":"rosario-la-ciudad-y-los-libros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/182696\/","title":{"rendered":"Rosario: la ciudad y los libros"},"content":{"rendered":"<p>Es un gran honor esta convocatoria. Me provoca una inmensa alegr\u00eda abrir la Feria del Libro de mi ciudad.<\/p>\n<p>Rosario es mucho m\u00e1s que el lugar donde nac\u00ed. Es el escenario de mi formaci\u00f3n como lector y como escritor, tambi\u00e9n mi referencia cultural y familiar. Me voy a permitir, entonces, cruzar la ciudad con los libros.<\/p>\n<p>Creo que a mi padre le hubiese gustado verme aqu\u00ed. Es a \u00e9l a quien debo, originalmente, el amor por los libros. Hered\u00e9 su biblioteca y el gusto por los relatos. Tuve m\u00e1s suerte que \u00e9l, su padre no le dej\u00f3 nada. Desde peque\u00f1o pienso que los libros est\u00e1n vivos y desde esa condici\u00f3n proyectan sus luces y sombras desde los estantes de las bibliotecas. Me gusta pensarlos como amigos que cambian con el paso del tiempo. Los libros cambian y te cambian. Siempre tienen algo para decirnos. Los libros envejecen, se deterioran, guardan secretos, tienen marcas, sorprenden expulsando objetos aplanados cuando se abren en el momento justo, y tambi\u00e9n se pierden. Son testigos silenciosos de la existencia humana, del paso del tiempo, de la vida y de la muerte de sus due\u00f1os. A esta altura ya no me pregunto cu\u00e1ntos libros le\u00ed, sino cu\u00e1ntos me quedan por leer. Diez, cien, mil\u2026 nadie lo sabe. Por eso les sugiero disfrutar del libro que tienen entre manos.<\/p>\n<p>Y hablo de las manos como reivindicaci\u00f3n primera del libro de papel. No reniego de otros formatos de lectura, pero el libro objeto tiene una magia con la que no cuenta ni contar\u00e1 el libro electr\u00f3nico, ese primo impert\u00e9rrito que brilla en el firmamento digital. Ante la pregunta insidiosa de \u00bfpor qu\u00e9 seguir acumulando libros cuando se puede acceder a todo lo publicado de manera virtual? es necesario explicar que un coleccionista es lo contrario de un consumidor. Lo define bien el fil\u00f3sofo coreano Byung-Chul Han: \u201cLa mano del propietario da a un libro un rostro inconfundible, una fisonom\u00eda. Los libros electr\u00f3nicos no tienen rostro ni historia. Se leen sin las manos. El acto de hojear es t\u00e1ctil, algo constitutivo de toda relaci\u00f3n. Sin el tacto f\u00edsico, no se crean v\u00ednculos\u201d. Dicho de otra manera, sin caricias es imposible el amor. Igual con la lectura, cuya expectativa es sucesiva e infinita.<\/p>\n<p>Los libros f\u00edsicos conforman un universo entra\u00f1able. En la casa donde nac\u00ed, en la calle Pasco de Rosario, hab\u00eda libros. Y quiero hacer dos consideraciones importantes: la presencia de libros no garantiza la existencia de lectores, pero su ausencia aniquila la posibilidad de que los lectores existan. Plantar libros es una obligaci\u00f3n colectiva y un imperativo democr\u00e1tico. Los libros son un remedio eficaz contra el autoritarismo.<\/p>\n<p>La biblioteca de mi padre estaba poblada \u2014aunque modestamente\u2014 con cl\u00e1sicos de la literatura universal y por grandes enciclopedias. Desde el diccionario Monitor, trece tomos imponentes de cubierta gris; una colecci\u00f3n completa sobre La Segunda Guerra Mundial, pasando por una historia de la m\u00fasica. Recuerdo que le gustaba comprar enciclopedias en fasc\u00edculos, algunos ven\u00edan pagando un extra con el diario del domingo, y llevarlos luego al encuadernador para que los convirtiera en un tomo compacto y rotulado. Ese proceso, que a m\u00ed me impacientaba, era para \u00e9l una suerte de desaf\u00edo l\u00fadico. Creo que disfrutaba cuando se le escapaba alg\u00fan cuadernillo y ten\u00eda que recorrer kioscos y librer\u00edas durante meses hasta conseguirlo.<\/p>\n<p>No s\u00e9 con qu\u00e9 libro de esa biblioteca me infect\u00e9 del entusiasmo por leer, creo que fue Sandok\u00e1n, de Emilio Salgari, en la edici\u00f3n amarilla de tapa dura de la colecci\u00f3n Robin Hood de la editorial Acme. La tormenta con la que comienza esa novela todav\u00eda me estremece. O tal vez fue el conmovedor Mi planta de naranja lima de Jos\u00e9 Mauro de Vasconcelos (que me dieron como lectura obligatoria en la escuela y me llev\u00f3 a leer toda la obra de ese autor brasilero en los a\u00f1os posteriores). Mi planta\u2026 fue el primer libro con el que llor\u00e9; al \u00e1rbol que la Municipalidad plant\u00f3 frente a la puerta de mi casa natal lo bautic\u00e9 como \u201cMinguito\u201d como en el libro. Todav\u00eda est\u00e1 all\u00ed, viejo y algo torcido.<\/p>\n<p>O tal vez fueron los Cuentos de la Selva de Horacio Quiroga que me le\u00eda cada semana el maestro Ra\u00fal Pedemonte, en cuarto grado, antes de finalizar su clase de los viernes. Lo cierto es que aquellas primeras lecturas, que cruzaban emoci\u00f3n y aventuras, me provocaron un apetito que estimo solo desaparecer\u00e1 cuando muera.<\/p>\n<p>Esos primeros libros me ofrecieron tambi\u00e9n una \u00e9tica para la vida. Salgari lo sintetiza bien en esta frase que escribi\u00f3 en sus Memorias: \u201cS\u00ed, es verdad: combatir a los fingidos gigantes es tonto; la gente seria se r\u00ede de ello. Pero yo pienso tambi\u00e9n que combatir a los monstruos es una gimnasia \u00fatil, porque nos prepara a combatir a los monstruos verdaderos, y cuando llega la ocasi\u00f3n nos encontramos en condiciones de darles una buena paliza\u201d. S\u00e9 que suena muy optimista, pero vale.<\/p>\n<p>Los nuevos monstruos son reales, violentos y expansivos. Ofrecen cadenas en nombre de la libertad y amenazan a la democracia. En lugar de arriesgar la vida hasta salvar al \u00faltimo n\u00e1ufrago, proponen \u201carrojar a los m\u00e1s d\u00e9biles de la balsa\u201d. El escritor Federico Lorenz me dijo hace unos d\u00edas: dan ganas de gritar \u201c\u00a1Viva Mompracen!\u201d y dar la pelea por la verdad, la justicia y el amor como lo hac\u00edan Los Tigres de la Malasia.<\/p>\n<p>En esa biblioteca original de mi padre estaba la narrativa completa de Hemingway, los grandes autores rusos, los libros de Graham Greene y los de Marguerite Yourcenar. Tambi\u00e9n los infaltables para cualquier lector \u00e1vido y desordenado: La Il\u00edada y La Odisea, La Divina Comedia, Utop\u00eda, Frankenstein, Tom Sawyer, Mart\u00edn Fierro y El Quijote.<\/p>\n<p>En la extraordinaria novela de Cervantes entend\u00ed la relevancia de la imaginaci\u00f3n y la importancia de dar peleas que parecen imposibles. Mi pasaje preferido es el di\u00e1logo que El Quijote mantiene con Sancho Panza antes del incidente con los molinos de viento:<\/p>\n<p>-La aventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acert\u00e1ramos a desear, porque ves all\u00ed, amigo Sancho Panza donde se descubren treinta o pocos m\u00e1s desaforados gigantes con quienes pienso hacer batalla y conquistarles a todos la vida (&#8230;)<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 gigantes? -dijo Sancho Panza.<\/p>\n<p>-Aquellos que all\u00ed ves -respondi\u00f3 su amo-, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.<\/p>\n<p>-Mire vuestra merced -respondi\u00f3 Sancho- que aquello que all\u00ed se ve no son gigantes sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas por el viento hacen andar la piedra del molino.<\/p>\n<p>-Bien parece -dijo Don Quijote- que no sabes nada de aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo qu\u00e9date ah\u00ed y ponte en oraci\u00f3n, que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.<\/p>\n<p>Todos conocemos el final y lo magullado que qued\u00f3 el caballero andante, pero como propone Salgari, combatir a los monstruos imaginarios es una buena gimnasia para enfrentar a los verdaderos. En la actualidad hay demasiada gente que, como el bueno de Sancho, nada sabe de aventuras. Y prefiere tolerar a los monstruos reales o fingir no verlos.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de El Quijote, mi padre sosten\u00eda una idea provocadora, dec\u00eda que hab\u00eda que esperar varias d\u00e9cadas para saber si la obra de un autor lo sobreviv\u00eda y, con ese argumento, sol\u00eda negarse a abrir libros de autores contempor\u00e1neos. Logr\u00e9 que admitiera la arbitrariedad de esa idea gracias a El Club Dumas de Arturo P\u00e9rez Reverte. Mi regalo fue el Caballo de Troya que lo conquist\u00f3, y desde entonces nunca dej\u00f3 de leer sus obras. Los buenos libros no tienen edad.<\/p>\n<p>Debo confesar que siento nostalgia por nuestras discusiones literarias, eran m\u00e1s amables que las originadas por nuestras fuertes peleas pol\u00edticas. En el \u00faltimo libro que le regal\u00e9, Son de mar de Manuel Vicent, y que estaba leyendo cuando muri\u00f3, persiste una dedicatoria: \u201cPor las diferencias que nos unen\u201d. Casi una herej\u00eda para este tiempo de simplificaciones binarias y ret\u00f3rica hueca, donde el que piensa distinto es un ser abominable. Urge distinguir con qui\u00e9n debatir, acordar o disentir, y a qui\u00e9n combatir.<\/p>\n<p>Pero no es una tarea f\u00e1cil. Vivimos en la inmediatez de las redes sociales, donde la mano es m\u00e1s r\u00e1pida que el pensamiento. Existe un culto a la fugacidad. Todo pasa r\u00e1pido ante nuestros ojos. El algoritmo nos conoce mejor que nuestra propia madre o pareja. Lo vamos alimentando con nuestros datos, deseos y costumbres, sin saber que ese magma ser\u00e1 usado para comprar, vender y hasta alterar resultados electorales. Casi el 70 por ciento de la informaci\u00f3n que circula en la web se origina en seis empresas multinacionales. Es imperioso elaborar estrategias pol\u00edticas e individuales contra una situaci\u00f3n que merece revisarse cr\u00edticamente. Mientras tanto est\u00e1n los libros y sabemos que los libros son lo opuesto a tik-tok, obligan a la pausa, inoculan contra la ansiedad, requieren de atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Vuelvo a esa primera biblioteca heredada. Apenas pude emprend\u00ed la tarea de incrementarla. Pacientemente sal\u00ed a buscar a mis autores preferidos, muchos rescatados de librer\u00edas de usados. Era el hijo adolescente de una familia donde no sobraba nada, menos plata para libros o salidas. Las visitas a la librer\u00eda Ross eran la excepci\u00f3n. As\u00ed que alimentaba mi curiosidad con usados.<\/p>\n<p>Por eso pienso que tambi\u00e9n estar\u00edan felices de verme aqu\u00ed las hermanas Longo. Hace medio siglo, ellas colaboraron con mis b\u00fasquedas desesperadas por ampliar la colecci\u00f3n familiar rescatando joyas de la desaparecida librer\u00eda de la calle Sarmiento que hab\u00eda fundado su padre en 1908. As\u00ed pude rescatar los tomos editados por la editorial de la Biblioteca Vigil \u2014 arrasada por los militares en el 76\u2014 de En el Aura del Sauce, la obra po\u00e9tica de Juan L. Ortiz y libros con los poemas de Miguel Hern\u00e1ndez (Perito en lunas), Got\u00e1n de Juan Gelman y Espantap\u00e1jaros de Oliverio Girondo. Tambi\u00e9n una edici\u00f3n de El limonero real, la primera novela que le\u00ed de Juan Jos\u00e9 Saer y el monumetal documento La Forestal: tragedia del quebracho colorado, de Gast\u00f3n Gori. Denuncia que, en relaci\u00f3n al expolio de recursos naturales, tiene gran vigencia.<\/p>\n<p>La querida Coqui Longo me dec\u00eda, por entonces, que no tendr\u00eda tiempo de leer todo lo que me llevaba de su local. Pero yo sab\u00eda que no solo se compran libros para leer de inmediato, tambi\u00e9n se compran libros por el deseo de leerlos en alg\u00fan momento. Es m\u00e1s, incluso se adquieren libros por el mero af\u00e1n de saberlos cerca.<\/p>\n<p>Intuyo que tambi\u00e9n se alegrar\u00e1n de verme por aqu\u00ed mis antiguos compa\u00f1eros y compa\u00f1eras poetas, con quienes en el final de la dictadura militar sal\u00edamos por las noches a pintar paredes con versos de poetas perseguidos, que estaban en el exilio o hab\u00edan desparecidos.<\/p>\n<p>Al lado del \u201cluche y se van\u201d pintado por las juventudes pol\u00edticas, de pronto aparec\u00eda escrito en aerosol rojo o azul, el final de un poema de Paco Urondo: \u201cEstoy seguro de llegar a vivir en el coraz\u00f3n de una palabra;\/ compartir este calor, esta fatalidad que quieta no sirve y se corrompe.\/ Puedo hablar y escuchar la luz\/ y el color de la piel amada y enemiga y cercana.\/ Tocar el sue\u00f1o y la impureza,\/ nacer con cada temblor gastado en la huida\/ Tropiezos heridos de muerte;\/ esperanza y dolor y cansancio y ganas.\/ Estar hablando, sostener\/ esta victoria, este pu\u00f1o; saludar, despedirme\/ Sin jactancias puedo decir\/ que la vida es lo mejor que conozco\u00bb.<\/p>\n<p>O a metros de la consigna pintadas por la CGT \u201cPaz, pan, trabajo\u201d, pod\u00eda leerse un poema de Felipe Aldana: \u201cCantamos todos a la orilla de la muerte\/ Bebemos el vino del amor que da la vida a borbotones\/ La muerte debe de estar preocupada\u201d.<\/p>\n<p>O en un muro cerca del Comando del Segundo Cuerpo del Ej\u00e9rcito, la conjugaci\u00f3n del poema Verbo Irregular de Roberto Santoro: \u201cYo amo\/ tu escribes\/ \u00e9l sue\u00f1a\/ nosotros vivimos\/ vosotros cant\u00e1is\/ ellos matan\u00bb.<\/p>\n<p>En aquellos a\u00f1os era muy dif\u00edcil publicar y por eso firm\u00e1bamos \u201cEl poeta manco\u201d. Nos hab\u00edamos nacido escritores beligerantes y pretend\u00edamos ocupar el espacio p\u00fablico. Quer\u00edamos llegar a la mayor cantidad de lectores desde las paredes. Si la poes\u00eda no es ant\u00eddoto contra la estupidez y la violencia no es nada.<\/p>\n<p>Ten\u00edamos cerca a otros grupos como Habla La Vaca y los surrealistas de Cuca\u00f1o. A\u00fan con planteos diferentes todos respond\u00edamos a un linaje conformado por una cofrad\u00eda de hermanos mayores: Aldo Oliva, Hugo Diz, Mirta Rosenberg, el Vasco Uribe, Gary Vila Ortiz, Francisco Gandolfo, Rafael Ielpi, Guillermo Iba\u00f1ez, Hugo Padeletti, Beatriz Vallejos, Hugo Gola, Jorge Isa\u00edas, Jos\u00e9 Pedroni, Juan Manuel Inchauspe. Por temor a ser injusto elijo nombrar s\u00f3lo a los que ya no est\u00e1n, pero a\u00fan nos gu\u00edan. Hoy, como entonces, la actividad grupal en torno a revistas literarias, editoriales independientes, cooperativas de escritores y talleres tiene una tremenda vitalidad en toda la provincia.<\/p>\n<p>Con el retorno de la democracia, particip\u00e9 de uno de los primeros actos que se hicieron en este centro cultural, que entonces se llamaba Bernardino Rivadavia y empezaba a mutar bajo la direcci\u00f3n de Jorge Riestra. El autor de El Opus convoc\u00f3 a un encuentro de j\u00f3venes escritores y m\u00fasicos en una suerte de espect\u00e1culo que giraba en torno al r\u00edo Paran\u00e1. Me toc\u00f3 hacer dupla con Jorge Fandermole, \u00e9ramos tan j\u00f3venes que me impresiona recordarlo. Fue admiraci\u00f3n a primera vista. Comprend\u00ed que en Rosario los m\u00fasicos, en especial \u00e9l, aunque considero que es un lugar com\u00fan, m\u00e1s que cantar \u201cpoemaban\u201d en melod\u00edas. O de qu\u00e9 otra manera se pueden caracterizar la producci\u00f3n de los autores de la Trova desde los ochenta a la actualidad.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s lleg\u00f3 el periodismo. Era escritor, pero necesitaba vivir de la escritura. Destino y azar. Golpe de suerte o voluntad. Tal vez todo junto. Gan\u00e9 una beca para trabajar seis meses en el diario Clar\u00edn y luego regres\u00e9 a Rosario para el primer trabajo pago en la radio LT8. M\u00e1s tarde experiment\u00e9 la aventura compartida de hacer Rosario\/12. Despu\u00e9s volv\u00ed a viajar en lo que a Gerardo Roz\u00edn le gustaba definir como \u201cel exilio porte\u00f1o\u201d. En el 2002 se public\u00f3 mi primera novela, sobre un hecho policial ocurrido en Rosario. Me nac\u00ed autor de narrativa de ficci\u00f3n por impulso del maestro Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez. Desde entonces convivo con la bella y la bestia, literatura y periodismo, quienes a veces copulan y tienen hijos hermosos y, en otras ocasiones solo producen engendros indefinibles.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed me interesa hacer una aclaraci\u00f3n: no hace falta emigrar para que te vaya bien. El ejemplo m\u00e1s n\u00edtido es el de Roberto Fontanarrosa, probablemente el escritor m\u00e1s popular del pa\u00eds. O Ang\u00e9lica Gorodischer y tantos m\u00e1s, escritores, periodistas y artistas de todos los rubros. Ta va bien si trabaj\u00e1s duro y te acompa\u00f1a cierto talento y un toque de suerte, tambi\u00e9n. Y eso se puede dar en cualquier lugar del pa\u00eds, pero m\u00e1s en una ciudad como Rosario, que se autoabastece de propuestas culturales de calidad. Emigrar deber\u00eda ser, en todo caso, una decisi\u00f3n y no una necesidad.<\/p>\n<p>Hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os que vivo y escribo en Buenos Aires, pero Rosario es la ciudad que me define. Es la ciudad que eligieron mis ancestros italianos para plantar sus deseos de progreso en el coraz\u00f3n productivo del sur santafesino. Aqu\u00ed est\u00e1 todav\u00eda esa primera biblioteca.<\/p>\n<p>En Rosario: la ciudad puerto, la ciudad puerta. La ciudad de la mezcla y la inmigraci\u00f3n. La ciudad de los adioses, pero m\u00e1s de las bienvenidas. La ciudad del r\u00edo marr\u00f3n y la pasi\u00f3n futbolera. La ciudad del arte y las revueltas estudiantiles, la ciudad de las luchas obreras. La ciudad de los teatros y las librer\u00edas. La ciudad donde naci\u00f3 la Bandera Nacional y el Che Guevara. La ciudad de la rebeld\u00eda y, a veces, de la frustraci\u00f3n. La ciudad de los bares y los amigos dispuestos a escuchar. La ciudad solidaria y desigual. La ciudad acosada por el humo y el narco. La ciudad donde se inici\u00f3 el rock en espa\u00f1ol y bien pudo haber nacido el tango. La ciudad del trabajo. La ciudad inventora de mitos. La ciudad sin fundador, la ciudad que acaba de celebrar sus primeros 300 a\u00f1os. La ciudad \u00fanica y posible. La ciudad que siempre cree que puede m\u00e1s. La ciudad de las m\u00faltiples historias. La ciudad que se deja abrazar por el Paran\u00e1.<\/p>\n<p>Porque es aqu\u00ed donde se entrelazaron las narraciones de los pueblos originarios, que se asentaban en la vera del r\u00edo, con los relatos que los reci\u00e9n llegados tra\u00edan, en sus ba\u00fales de madera, desde el otro lado del mar. Unos hab\u00edan perdido todo, otros no ten\u00edan nada. En este cruce virtuoso, de agua dulce y salada, se puede rastrear una tradici\u00f3n literaria con infinidad de nombres prestigiosos, pero tambi\u00e9n la existencia de una po\u00e9tica que relaciona desarraigo y resistencia con imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>C\u00f3mo no recrear un pasado, una narraci\u00f3n coral que ayude a transitar el presente lleno de tensiones y desaf\u00edos e imaginar un futuro com\u00fan. Todo con un perfume fluvial que identifica. Beatriz Vallejos escribi\u00f3 Los r\u00edos. La human\u00edsima vez que cae una l\u00e1grima. Una ciudad que m\u00e1s que identidad tiene una po\u00e9tica. Me gusta esta idea, que tal vez explique mejor a los visitantes por qu\u00e9 aqu\u00ed funciona una usina creativa que nunca descansa.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Pienso a Rosario como si se tratara de una peque\u00f1a biblioteca familiar. Como una casa, en un barrio cualquiera, donde siempre hay lugar en la mesa para alguien m\u00e1s. Como un libro abierto: m\u00e1s que un lugar, una plataforma de sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Discurso completo de la apertura de la feria del Libro de Rosario 2025.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Es un gran honor esta convocatoria. 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