{"id":226196,"date":"2025-11-09T04:55:08","date_gmt":"2025-11-09T04:55:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/226196\/"},"modified":"2025-11-09T04:55:08","modified_gmt":"2025-11-09T04:55:08","slug":"contar-por-lo-sano-no-es-solo-el-cancer-tambien-la-politica-salud-y-bienestar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/226196\/","title":{"rendered":"Contar por lo sano: no es solo el c\u00e1ncer, tambi\u00e9n la pol\u00edtica | Salud y bienestar"},"content":{"rendered":"<p class=\"\">El c\u00e1ncer es una enfermedad invisible. La mayor\u00eda de las veces no la ves, ni siquiera la sientes, hasta que un m\u00e9dico te se\u00f1ala las marcas imperceptibles en la imagen en blanco y negro de una pantalla que prueba que est\u00e1s enferma. Entonces te miras al pecho, incr\u00e9dula, sin entender muy bien qu\u00e9 est\u00e1 pasando ah\u00ed dentro, por qu\u00e9 te has convertido de un momento a otro en portadora de esa otra ciudadan\u00eda m\u00e1s cara de la que hablaba Susan Sontag y en paciente de una enfermedad que tendr\u00e1s que empezar a pronunciar en primera persona e intentar que los de tu alrededor aprendan a escuchar dicha de tu boca sin revolverse. Las met\u00e1foras que Sontag se\u00f1al\u00f3 hace medio siglo a\u00fan est\u00e1n demasiado presentes, porque en el imaginario social enfermar de c\u00e1ncer sigue siendo \u201cel robo implacable e insidioso de una vida\u201d.<\/p>\n<p class=\"\">Cinco folios enrollados que traduc\u00edan en palabras la imagen de una pantalla eran la \u00fanica prueba que yo ten\u00eda de lo que estaba pasando dentro de mi cuerpo cuando hace cinco a\u00f1os me diagnosticaron c\u00e1ncer de mama. Ten\u00eda 33 a\u00f1os, por lo que me faltaban 17 para que fuera una prueba de cribado, disponibles para mujeres a partir de los 50, la que desvelara tan terrible resultado. <\/p>\n<p class=\"\">El c\u00e1ncer evoca im\u00e1genes. La primera es la muerte, que golpea con un arre\u00f3n de miedo en el est\u00f3mago. Otras son pa\u00f1uelos rosas y pijamas azules, y algunos rostros de conocidos y familiares a quienes acompa\u00f1\u00f3 la palabra c\u00e1ncer como un apellido. Ser paciente de c\u00e1ncer es aprender a convivir con la estad\u00edstica, aunque a\u00fan no sepas de qu\u00e9 lado estar\u00e1s t\u00fa \u2014el 85% que siguen vivas cinco a\u00f1os despu\u00e9s del diagn\u00f3stico o el 30% que descubren a sus c\u00e9lulas insurrectas cuando ya han colonizado otras partes de su cuerpo\u2014. El c\u00e1ncer no es b\u00e9lico ni \u00e9pico. Y de haber batallas, ser\u00eda en todo caso una guerra civil. Y pocas cosas hay m\u00e1s absurdas que esa. Una guerra est\u00fapida, si es que las hay de otro tipo. Aunque es mi vida la que est\u00e1 en juego, yo soy una mera observadora: el signo de la guerra se decide muy lejos del campo de batalla, en los despachos en que se dise\u00f1an las pol\u00edticas p\u00fablicas o en los laboratorios en los que se investiga. <\/p>\n<p class=\"\">Porque entre tanta incertidumbre hay algunas certezas. Como que el c\u00e1ncer no tiene prisa; se toma su tiempo, discreto, en silencio. Y es ese tiempo la mejor baza con la que contamos las pacientes para salvarnos: cuanto antes se descubran los impulsos homicidas de nuestras c\u00e9lulas, m\u00e1s posibilidades habr\u00e1 de combatirlos. Es en los despachos donde se decide que no se informe a una mujer del resultado de una prueba dudosa, priv\u00e1ndola de la \u00fanica herramienta de la que dispone para enfrentar la invisibilidad de su cuerpo asesino. O donde se privatiza la gesti\u00f3n de hospitales, se recorta en radi\u00f3logos y sanitarios y se asume que es la donaci\u00f3n de un empresario la \u00fanica manera en que se puede disponer de las m\u00e1quinas m\u00e1s avanzadas para tratar a pacientes con c\u00e1ncer, manteniendo un sistema en que la investigaci\u00f3n y la prevenci\u00f3n las siguen sosteniendo aquellas huchas de lata que se agitaban en las calles pidiendo fondos para los enfermos. <\/p>\n<p class=\"\">Una de las obviedades del mundo de los enfermos es tener la certeza de que estamos en manos de otros, de los otros. De que, por m\u00e1s que esta sociedad se empe\u00f1e en fomentar esa idea del bienestar individual y el autocuidado, la salud nunca ha sido solo una cuesti\u00f3n de h\u00e1bitos de vida \u2014se puede hacer todo bien y morir de c\u00e1ncer\u2014, sino de c\u00f3mo tratamos a nuestros investigadores, los que encadenan becas temporales de fundaciones privadas, de qu\u00e9 impuestos pagamos y qu\u00e9 exigimos a nuestros gobernantes que hagan con ellos, con una sanidad donde sus profesionales no dupliquen turnos, exhaustos, teniendo que atender cada vez a m\u00e1s pacientes en el mismo periodo de tiempo. <\/p>\n<p class=\"\">Somos nosotras, las supervivientes, las que tratamos de quitarnos de encima los lazos rosas y mostrar los negros, marrones y grises de la enfermedad. Contamos nuestras historias para sentir que contamos; por las madres, hijas, hermanas y t\u00edas que ya hemos perdido y por las hijas, compa\u00f1eras y amigas que no queremos perder. Contamos nuestras historias porque nosotras podemos contarlas, porque, como dice Anne Boyer, reconocerse como superviviente se siente inevitablemente como una traici\u00f3n a las muertas. Yo no he tenido m\u00e1s ganas de vivir que las que ten\u00eda Olatz V\u00e1zquez. De ella es una de las citas m\u00e1s certeras: \u201cEl c\u00e1ncer es una grand\u00edsima puta mierda\u201d.<\/p>\n<p class=\"\"><b>Miriam Ruiz Castro<\/b> es periodista y autora de <a href=\"https:\/\/www.librosdelko.com\/products\/cuerpos-asesinos\" target=\"_self\" rel=\"nofollow noopener\" title=\"https:\/\/www.librosdelko.com\/products\/cuerpos-asesinos\">Cuerpos asesinos. Enfermar en la era del bienestar<\/a> (Libros del K.O.).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El c\u00e1ncer es una enfermedad invisible. 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