{"id":246772,"date":"2025-11-20T18:27:41","date_gmt":"2025-11-20T18:27:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/246772\/"},"modified":"2025-11-20T18:27:41","modified_gmt":"2025-11-20T18:27:41","slug":"critica-de-dracula-de-luc-besson-un-delirio-visual-que-drena-el-horror-para-inyectar-un-melodrama-operistico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/246772\/","title":{"rendered":"Cr\u00edtica de &#8216;Dr\u00e1cula&#8217; de Luc Besson. Un delirio visual que drena el horror para inyectar un melodrama oper\u00edstico"},"content":{"rendered":"<p>&#13;<br \/>\n\t\t\t\t\t&#13;<br \/>\n\t\t\t\t\tExiste una especie de arrogancia impl\u00edcita en el acto de adaptar a Bram Stoker en pleno 2025, una soberbia que roza la temeridad y que, inevitablemente, atrae a los cineastas con complejo de \u00cdcaro. El vampiro no es solo un monstruo; es <b>el icono m\u00e1s explotado, manoseado y recauchutado de la historia del celuloide<\/b>, una figura que ha pasado de encarnar el miedo a la enfermedad y la invasi\u00f3n extranjera a convertirse en el p\u00f3ster de dormitorio de adolescentes g\u00f3ticos y, finalmente, en una franquicia de cereales. Cuando Luc Besson, el eterno enfant terrible del cine franc\u00e9s \u2014capaz de tocar el cielo con \u00abEl quinto elemento\u00bb y de estrellarse estrepitosamente con \u00abValerian\u00bb\u2014 anunci\u00f3 que se atrever\u00eda con el Conde, muchos arqueamos la ceja con una mezcla de escepticismo y morbo. Pero cuando a\u00f1adi\u00f3 el subt\u00edtulo A Love Tale, la ceja amenaz\u00f3 con salir de la frente y cobrar vida propia. \u00bfNecesit\u00e1bamos realmente otra vuelta de tuerca al \u00abamor eterno\u00bb que Coppola ya ciment\u00f3 (y, seamos honestos, agot\u00f3) en 1992?<\/p>\n<p>La respuesta corta es un rotundo no. La respuesta larga es esta pel\u00edcula: <b>un delirio visual que drena el horror para inyectar un melodrama oper\u00edstico<\/b>, tan fascinante por sus excesos como frustrante por sus carencias, y que confirma que Besson sigue siendo ese director incapaz de distinguir entre lo sublime y lo rid\u00edculo. Besson nunca ha sido un director de sutilezas, ni falta que le hace. Su cine es un grito, un estallido de color y ruido que busca el impacto retiniano por encima de la coherencia narrativa, una filosof\u00eda que aqu\u00ed lleva hasta sus \u00faltimas consecuencias. En Dracula: A Love Tale, el cineasta franc\u00e9s aplica su filtro de \u00abm\u00e1s es m\u00e1s\u00bb a la leyenda transilvana, entreg\u00e1ndonos <b>una obra que parece dise\u00f1ada por un decorador de interiores barroco bajo los efectos de alucin\u00f3genos de dise\u00f1o<\/b>.<\/p>\n<p>Desde el pr\u00f3logo, queda claro que no estamos ante el terror atmosf\u00e9rico de Murnau ni la elegancia teatral de Terence Fisher, sino ante una reinterpretaci\u00f3n que busca humanizar al monstruo a trav\u00e9s del exceso sentimental. Estamos en territorio Besson: <b>ruidoso, vibrante y descaradamente artificial<\/b>, donde la l\u00f3gica interna se sacrifica en el altar del espect\u00e1culo. El director ha confesado por activa y por pasiva que no es fan del cine de terror, y se nota; su inter\u00e9s radica puramente en la tragedia rom\u00e1ntica, en la idea de un hombre que espera siglos por la reencarnaci\u00f3n de su esposa, convirtiendo la maldici\u00f3n del vampirismo en una simple nota al pie de una historia de desamor. Y es aqu\u00ed donde la pel\u00edcula se fractura: al intentar convertir al depredador sexual definitivo en un h\u00e9roe rom\u00e1ntico incomprendido, la cinta camina por una cuerda floja sobre un abismo de cursiler\u00eda del que no siempre logra salir ilesa.<\/p>\n<p>Sin embargo, si la pel\u00edcula no se derrumba bajo el peso de su propia pomposidad y logra mantenernos pegados a la butaca, es gracias a una sola raz\u00f3n, o m\u00e1s bien, a una fuerza de la naturaleza llamada Caleb Landry Jones. Su elecci\u00f3n para el papel titular fue recibida con escepticismo, pero el actor tejano ofrece <b>una interpretaci\u00f3n tan magn\u00e9tica, fr\u00e1gil y desquiciada que justifica por s\u00ed sola el precio de la entrada y el tiempo invertido<\/b>. Olviden la seducci\u00f3n aristocr\u00e1tica de Lugosi, la bestialidad imponente de Christopher Lee o el dandismo de Oldman. El Dr\u00e1cula de Jones es una criatura pat\u00e9tica en el sentido cl\u00e1sico de la palabra, un ser consumido por el dolor y la locura del aislamiento, que se siente m\u00e1s cercano a un rockstar en decadencia que a un se\u00f1or feudal.<\/p>\n<p>Hay una escena en particular que define su propuesta y que se queda grabada en la retina: en su desesperaci\u00f3n infinita, el Conde se arroja repetidamente desde los muros de su castillo, una y otra vez, en un intento in\u00fatil de suicidio, solo para sobrevivir debido a su maldici\u00f3n. En manos de otro actor, ser\u00eda c\u00f3mico; en las de Jones, es <b>un ballet de autodesprecio y sufrimiento f\u00edsico que resulta hipn\u00f3tico y extra\u00f1amente conmovedor<\/b>. \u00c9l no interpreta al monstruo; \u00e9l es la herida abierta de la pel\u00edcula, una llaga que supura carisma y desesperaci\u00f3n a partes iguales. Su lenguaje corporal, retorcido y espasm\u00f3dico, comunica m\u00e1s sobre la carga de la inmortalidad que cualquiera de las l\u00edneas de di\u00e1logo grandilocuentes que el guion le obliga a recitar.<\/p>\n<p>Lamentablemente, el resto del elenco no opera en la misma frecuencia, creando un desequilibrio tonal que lastra el conjunto. Christoph Waltz, a quien se le ha encomendado el papel del sacerdote \u2014una suerte de Van Helsing con sotana y mal genio\u2014, parece estar actuando en piloto autom\u00e1tico, tirando de sus tics habituales de villano educado que hemos visto una docena de veces. Si bien siempre es un placer ver a Waltz masticar el escenario con su dicci\u00f3n precisa, aqu\u00ed su personaje se siente como <b>un clich\u00e9 andante, una herramienta de exposici\u00f3n moral que existe solo para fruncir el ce\u00f1o ante la blasfemia del vampiro y soltar frases lapidarias<\/b>. La din\u00e1mica entre el cazador y la presa carece de la tensi\u00f3n el\u00e9ctrica necesaria; aqu\u00ed es m\u00e1s un tr\u00e1mite burocr\u00e1tico, un juego del gato y el rat\u00f3n donde el gato parece aburrido y el rat\u00f3n est\u00e1 demasiado ocupado llorando por su ex.<\/p>\n<p>Por otro lado, Zo\u00eb Bleu, en el doble papel de la esposa muerta y su reencarnaci\u00f3n moderna, hace lo que puede con un guion que la reduce a un accesorio narrativo. Se convierte en <b>un objeto de deseo pasivo, un trofeo por el que pelear en lugar de un personaje con agencia propia y motivaciones complejas<\/b>. La qu\u00edmica con Jones es palpable, s\u00ed, pero nace m\u00e1s de la intensidad febril de \u00e9l que de una construcci\u00f3n dram\u00e1tica s\u00f3lida de la relaci\u00f3n, dej\u00e1ndonos con un romance que se siente m\u00e1s declarado que vivido, m\u00e1s impuesto por el guion que org\u00e1nico.<\/p>\n<p>Visualmente, la pel\u00edcula es un fest\u00edn indigesto, un banquete donde se sirven manjares exquisitos junto a platos de comida r\u00e1pida recalentada. El dise\u00f1o de producci\u00f3n es, como cab\u00eda esperar en una producci\u00f3n de Besson, fastuoso, pero a menudo cae en lo kitsch sin pedir disculpas. El vestuario, aunque impresionante en fotograf\u00eda fija, parece engullir a los actores, limitando sus movimientos hasta el punto de que parecen figuras de acci\u00f3n articuladas torpemente en medio de decorados de \u00f3pera. Y luego est\u00e1 el elefante digital en la habitaci\u00f3n: el CGI. Ay, el CGI. Besson no puede resistirse a poblar su Transilvania de criaturas digitales, incluyendo unas g\u00e1rgolas animadas por ordenador que provocan m\u00e1s verg\u00fcenza ajena que pavor y que parecen sacadas de una cinem\u00e1tica de PlayStation 3. En un momento donde el cine de g\u00e9nero est\u00e1 recuperando la textura de los efectos pr\u00e1cticos \u2014piensen en la visceralidad de La sustancia\u2014, <b>apostar por esta est\u00e9tica de videojuego de mediados de los 2000 se siente anacr\u00f3nico, perezoso y desconectado de la realidad<\/b>.<\/p>\n<p>Es el mismo problema que lastr\u00f3 Valerian: una desconexi\u00f3n total entre la tangibilidad de los actores y el entorno de pantalla verde que los rodea, rompiendo la inmersi\u00f3n cada vez que una criatura pixelada cruza el plano. Lo curioso es que, a pesar de sus fallos garrafales y de sus decisiones cuestionables, Dracula: A Love Tale no aburre, y eso ya es un m\u00e9rito en los tiempos que corren. Tiene un ritmo extra\u00f1o, casi on\u00edrico, que te arrastra a trav\u00e9s de los siglos, sumergi\u00e9ndote en la psique fracturada de su protagonista. Besson acierta al explorar el concepto de la espera, del hast\u00edo de la inmortalidad, mostrando c\u00f3mo el amor se transforma en obsesi\u00f3n t\u00f3xica y, finalmente, en pura locura. La pel\u00edcula plantea que la verdadera maldici\u00f3n no es la sed de sangre, ni la aversi\u00f3n al sol, sino la memoria, la incapacidad de olvidar. \u00abEs la historia de un hombre que espera\u00bb, y esa paciencia ponzo\u00f1osa es el verdadero motor de la trama, m\u00e1s all\u00e1 de los mordiscos y las estacas.<\/p>\n<p>Hay destellos de genio, momentos en los que la c\u00e1mara de Besson captura <b>la belleza g\u00f3tica de la soledad con una potencia visual que recuerda a sus mejores tiempos<\/b>, solo para ser interrumpidos cinco minutos despu\u00e9s por una secuencia de acci\u00f3n innecesaria o una decisi\u00f3n de montaje que rompe el cl\u00edmax. En \u00faltima instancia, esta versi\u00f3n confirma que el mito de Dr\u00e1cula es tan inmortal como su protagonista, capaz de sobrevivir incluso a las interpretaciones m\u00e1s err\u00e1ticas y a los egos m\u00e1s inflados. Besson ha querido hacer su Dr\u00e1cula \u00abdefinitivo\u00bb eliminando el terror para centrarse en el romance, sin entender que <b>el terror es inherente al romance vamp\u00edrico; no se pueden separar sin castrar la met\u00e1fora y convertir el mito en telenovela<\/b>.<\/p>\n<p>Lo que nos queda es una \u00f3pera pop grandilocuente, un espect\u00e1culo de luces y sombras donde Caleb Landry Jones brilla con luz propia mientras todo a su alrededor colapsa en un barroquismo vac\u00edo y, a ratos, rid\u00edculo. No es la cat\u00e1strofe absoluta que muchos predec\u00edan con los cuchillos afilados, ni la obra maestra incomprendida que Besson cree haber firmado desde su torre de marfil. Es una curiosidad cara, un capricho de autor que se deja ver con una mezcla de fascinaci\u00f3n, incredulidad y perplejidad. Si busc\u00e1is miedo, buscad en otra parte; si quer\u00e9is ver a un actor dej\u00e1ndose la piel (y los huesos) en un ejercicio de estilo desbocado, pasad y ved. Al final, tal vez Dr\u00e1cula merezca descansar un tiempo en su ata\u00fad, al menos hasta que alguien recuerde que, antes que un amante despechado, era un monstruo. Quiz\u00e1 la inmortalidad no sea tan hermosa como imaginamos, especialmente cuando te obligan a revivir tus traumas en Dolby Surround cada dos a\u00f1os y con peores efectos especiales.<\/p>\n<p>Por R. Mart\u00edn.<br \/>&#13;<br \/>\n\t\t\t\t\t&#13;\n\t\t\t\t\t<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"&#13; &#13; Existe una especie de arrogancia impl\u00edcita en el acto de adaptar a Bram Stoker en pleno&hellip;\n","protected":false},"author":2,"featured_media":246773,"comment_status":"","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[169],"tags":[177,146,147,25,24,176,175,23],"class_list":{"0":"post-246772","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-cine","8":"tag-cine","9":"tag-entertainment","10":"tag-entretenimiento","11":"tag-es","12":"tag-espana","13":"tag-film","14":"tag-movies","15":"tag-spain"},"share_on_mastodon":{"url":"https:\/\/pubeurope.com\/@es\/115583440914406944","error":""},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/246772","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=246772"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/246772\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/246773"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=246772"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=246772"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=246772"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}