{"id":250564,"date":"2025-11-23T00:04:09","date_gmt":"2025-11-23T00:04:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/250564\/"},"modified":"2025-11-23T00:04:09","modified_gmt":"2025-11-23T00:04:09","slug":"reencarnacion-llega-a-netflix-critica-de-la-pelicula-de-jonathan-glazer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/250564\/","title":{"rendered":"Reencarnaci\u00f3n llega a Netflix. Cr\u00edtica de la pel\u00edcula de Jonathan Glazer"},"content":{"rendered":"<p>&#13;<br \/>\n\t\t\t\t\t&#13;<br \/>\n\t\t\t\t\tHa llegado a Netflix <b>Reencarnaci\u00f3n<\/b>, la pel\u00edcula dirigida hace 20 a\u00f1os por Jonathan Glazer y protagonizada por Nicole Kidman, que con los a\u00f1os se ha ganado el reconocimiento que se merec\u00eda y que injustamente no tuvo en su estreno.<\/p>\n<p>Diez a\u00f1os despu\u00e9s de la repentina muerte de su amado marido Sean, Anna (Nicole Kidman) est\u00e1 preparada para superar su p\u00e9rdida y empezar una nueva vida. Ha aceptado casarse con Joseph (Danny Huston). Poco despu\u00e9s se celebra el cumplea\u00f1os de Eleanor (Lauren Bacall) la madre de Anna, pero antes de que se pueda servir la tarta aparece un desconocido. Un chico que pide hablar en privado con la prometida. El chico declara que es su difunto marido Sean y le previene contra casarse con Joseph. Asombrada y enfadada, Anna le lleva al portal y da instrucciones al conserje, Jimmy (Mila Addica) para que mande al chico a su casa. Jimmy confirma que conoce al chico. Su nombre es Sean.<\/p>\n<p>Aunque no puede negar que es todo muy extra\u00f1o, Anna se siente cada vez m\u00e1s atra\u00edda hacia el ni\u00f1o y est\u00e1 dispuesta a ir en contra de los deseos de su novio y de su familia con tal de verle. Es realmente posible que el ni\u00f1o sea el marido de Anna, vuelto a la vida? C\u00f3mo puede rechazar la posibilidad de volver a experimentar el amor que sent\u00eda por \u00e9l?.<\/p>\n<p><b>CR\u00cdTICA DE \u00abREENCARNACI\u00d3N\u00bb<\/b><br \/>El amor, tal y como nos lo empaqueta y vende la maquinaria de Hollywood, suele venir con garant\u00eda de devoluci\u00f3n: redime, cura, y si la cosa se pone fea, trasciende a la muerte con lucecitas, violines y un filtro de Instagram. Nos han colado tantas veces el cuento del fantasma que vuelve para despedirse, pedir perd\u00f3n o chivar qui\u00e9n lo mat\u00f3, que hemos acabado asumiendo lo paranormal como un tr\u00e1mite burocr\u00e1tico m\u00e1s. Espectros funcionales, marionetas de guion que solo existen para que el protagonista cierre el ciclo. Pero rara vez el cine tiene las agallas de mirar a la cara al verdadero vac\u00edo, ese agujero negro y sucio que dejan los que estiran la pata. Jonathan Glazer, que nunca ha sido de los que te ponen el chupete para que no llores, se mete hasta el cuello en ese lodazal con \u201cReencarnaci\u00f3n\u201d. <b>Pasa ol\u00edmpicamente del drama rom\u00e1ntico de pa\u00f1uelo f\u00e1cil y del thriller de sustos de centro comercial para parir una f\u00e1bula helada sobre la desesperaci\u00f3n humana y la locura del duelo<\/b>.<\/p>\n<p>Y ojo, que Glazer no es un estajanovista de la claqueta. El t\u00edo rueda poco, se toma su tiempo, y cuando decide ponerse detr\u00e1s de la c\u00e1mara, se nota que no es para pagar la hipoteca. Ven\u00eda de sacudir el avispero del cine de g\u00e1nsteres con la el\u00e9ctrica \u201cSexy Beast\u201d, y aqu\u00ed pega un volantazo radical para encerrarnos en la jaula de oro de la alta sociedad neoyorquina. Pero olvidaos de la Nueva York de postal tur\u00edstica o la neur\u00f3tica y encantadora de Woody Allen; esto es un mausoleo invernal. Apartamentos cavernosos que parecen tumbas de lujo, moquetas que absorben los gritos y gente con modales exquisitos que reprime sus emociones como si les fuera la vida en ello. <b>Es en este escenario as\u00e9ptico, casi de quir\u00f3fano, donde la irrupci\u00f3n de lo irracional resulta m\u00e1s violenta; un golpe seco que rompe la porcelana fina de una vida reconstruida sobre la negaci\u00f3n, el Xanax y las cenas de gala<\/b>.<\/p>\n<p>La premisa es un pu\u00f1etazo directo a la mand\u00edbula de la l\u00f3gica occidental, esa que tanto nos gusta para sentirnos seguros. Anna, una viuda joven que lleva diez a\u00f1os de luto reglamentario y est\u00e1 a punto de volver a casarse con un tipo perfecto (y perfectamente aburrido, todo sea dicho), ve c\u00f3mo su ordenada existencia salta por los aires. \u00bfEl detonante? Un cr\u00edo de diez a\u00f1os que se planta delante de ella y asegura, con una calma pasmosa, ser la reencarnaci\u00f3n de su difunto marido, Sean. <b>Lo que en manos de un director del mont\u00f3n habr\u00eda derivado en un melodrama lacrim\u00f3geno de sobremesa o en una cinta de terror con ni\u00f1os repelentes, aqu\u00ed se transforma en una autopsia psicol\u00f3gica sobre la fragilidad de la cordura ante la p\u00e9rdida<\/b>. El chaval no trae mensajes de paz ni pruebas irrefutables envueltas en CGI; trae una certeza absoluta, una gravedad en la mirada que da muy mal rollo y que act\u00faa como un virus letal en el entorno pijo de Anna.<\/p>\n<p>Nicole Kidman se marca aqu\u00ed un trabajo de los que quitan el hipo, posiblemente uno de los picos de su carrera, despoj\u00e1ndose de todo el artificio de estrella de alfombra roja para encarnar a una mujer que es, b\u00e1sicamente, una herida abierta con patas. Su Anna transita desde la seguridad burguesa hasta la vulnerabilidad m\u00e1s absoluta, desmoron\u00e1ndose pieza a pieza ante la imposibilidad de conciliar lo que le dice su cerebro con lo que le grita su instinto. Hay un momento en la pel\u00edcula, la famosa escena de la \u00f3pera, donde la c\u00e1mara se le queda pegada a la cara en un plano sostenido interminable mientras Wagner truena de fondo. <b>En esos minutos, sin abrir la boca y solo con la mirada, vemos pasar por sus ojos todo el calvario de la duda, la esperanza y el terror absoluto; un ejercicio de transparencia emocional tan brutal que resulta casi pornogr\u00e1fico por lo \u00edntimo<\/b>.<\/p>\n<p>Frente a ella, el ni\u00f1o Cameron Bright ejecuta una interpretaci\u00f3n que es el reverso perfecto: hier\u00e1tico, seco, carente de esa inocencia Disney que solemos asociar a la infancia. Su presencia es profundamente inquietante no porque act\u00fae como un monstruo de pel\u00edcula de miedo \u2014aqu\u00ed no giran cabezas ni hay v\u00f3mito verde\u2014, sino porque act\u00faa como un adulto cansado atrapado en un cuerpo que le viene peque\u00f1o. <b>Esa disonancia cognitiva es el motor de la tensi\u00f3n que recorre todo el metraje, creando una atm\u00f3sfera de \u201cvalle inquietante\u201d que eriza la piel mucho m\u00e1s que cualquier aparici\u00f3n espectral o portazo repentino<\/b>. Y rode\u00e1ndolos, un reparto de lujo con una Lauren Bacall imperial destilando cinismo, representando a esa sociedad que mira con horror y verg\u00fcenza ajena c\u00f3mo una de los suyos sucumbe a una superstici\u00f3n de paletos. El choque entre el escepticismo agresivo de la familia y la necesidad desesperada de creer de Anna articula un conflicto que va m\u00e1s all\u00e1 de lo sobrenatural; es la guerra entre el orden social y el caos del deseo.<\/p>\n<p>No se puede hablar de \u201cReencarnaci\u00f3n\u201d sin mencionar la estupidez colectiva que la rode\u00f3 en su estreno. La cr\u00edtica de la \u00e9poca, en un alarde de puritanismo miope y moralina barata, se ech\u00f3 las manos a la cabeza por una escena de ba\u00f1o compartida entre Kidman y el ni\u00f1o. Vieron lo que no hab\u00eda donde solo se mostraba desesperaci\u00f3n, demostrando una incapacidad alarmante para leer m\u00e1s all\u00e1 de la literalidad de la imagen. <b>Aquella pol\u00e9mica superficial ceg\u00f3 a medio mundo, impidi\u00e9ndoles ver que la desnudez de esa escena no era sexual, sino una transgresi\u00f3n de los l\u00edmites que subrayaba la confusi\u00f3n de roles y la tragedia de la situaci\u00f3n<\/b>. La pel\u00edcula no busca el esc\u00e1ndalo f\u00e1cil, busca la incomodidad, busca ponernos frente al espejo de nuestras propias obsesiones y miedos. Glazer nos niega las respuestas mascadas y el consuelo de una resoluci\u00f3n clara, optando por mantener la ambig\u00fcedad hasta las \u00faltimas consecuencias.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n sexual que se sugiere, y que tanto escoci\u00f3 a los guardianes de la moral, no es m\u00e1s que otra manifestaci\u00f3n de lo grotesco. Es el resultado inevitable de intentar encajar un sentimiento adulto y complejo en un recept\u00e1culo infantil, una aberraci\u00f3n que la pel\u00edcula expone sin juzgar, pero sin ocultar su crudeza. T\u00e9cnicamente, la cinta es un prodigio de elegancia sombr\u00eda. La fotograf\u00eda del difunto Harris Savides, con su grano visible y esa iluminaci\u00f3n tenue, otorga a la imagen una cualidad t\u00e1ctil, sucia, casi on\u00edrica, como si estuvi\u00e9ramos viendo la acci\u00f3n a trav\u00e9s de un velo o de la bruma de un recuerdo que se resiste a morir. <b>La c\u00e1mara de Glazer se mueve con una fluidez hipn\u00f3tica, como un depredador acechando en los pasillos, sugiriendo una presencia sobrenatural sin necesidad de mostrar ectoplasmas ni s\u00e1banas voladoras<\/b>.<\/p>\n<p>A esto se suma la partitura de Alexandre Desplat, una composici\u00f3n majestuosa y amenazante que late como un coraz\u00f3n arr\u00edtmico. La m\u00fasica no acompa\u00f1a a las im\u00e1genes para decirte qu\u00e9 sentir, sino que dialoga con ellas, a veces contradici\u00e9ndolas, aportando una capa de fatalismo que eleva la an\u00e9cdota a tragedia griega. <b>\u201cReencarnaci\u00f3n\u201d es una pel\u00edcula sobre el poder destructor de la fe ciega; nos habla de c\u00f3mo el duelo no resuelto puede convertirnos en presas f\u00e1ciles de lo imposible, en yonquis de una esperanza que sabemos falsa<\/b>. Nos recuerda que las estructuras racionales que construimos para protegernos son castillos de naipes esperando un soplido. Glazer nos escupe a la cara que, a veces, lo m\u00e1s aterrador no es que los muertos vuelvan, sino que nosotros no seamos capaces de dejarlos ir, arrastr\u00e1ndolos con nosotros al abismo de nuestra propia necesidad.<\/p>\n<p>Es una obra que exige paciencia, est\u00f3mago y dejar los prejuicios en la puerta del cine (o del sal\u00f3n). Se niega a complacer al espectador con giros de guion tramposos o explicaciones para tontos en el \u00faltimo acto. Su final, tan anticlim\u00e1tico como devastador, es de los que dejan un poso amargo, una sensaci\u00f3n de vac\u00edo (y de bajona, para qu\u00e9 enga\u00f1arnos) que perdura mucho despu\u00e9s de los cr\u00e9ditos. Con el paso de los a\u00f1os, el tiempo ha puesto las cosas en su sitio, rescat\u00e1ndola del olvido y de las pol\u00e9micas est\u00e9riles para revelarla como lo que es: una pieza de orfebrer\u00eda visual y narrativa que se atrevi\u00f3 a tratar al espectador como a un adulto, algo cada vez m\u00e1s raro en la cartelera actual saturada de franquicias y refritos. <b>No es una pel\u00edcula para ver en familia un domingo por la tarde mientras comes palomitas, ni para quienes buscan reafirmar su fe en el m\u00e1s all\u00e1; es una experiencia dise\u00f1ada para incomodar, para cuestionar y, finalmente, para doler<\/b>. Porque el cine, cuando es valiente de verdad, no tiene por qu\u00e9 ser un lugar seguro. Una joya oscura y cortante como un cristal roto en la nieve.<\/p>\n<p>Por R.Mart\u00edn.<br \/>&#13;<br \/>\n\t\t\t\t\t&#13;\n\t\t\t\t\t<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"&#13; &#13; Ha llegado a Netflix Reencarnaci\u00f3n, la pel\u00edcula dirigida hace 20 a\u00f1os por Jonathan Glazer y protagonizada&hellip;\n","protected":false},"author":2,"featured_media":250565,"comment_status":"","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[169],"tags":[177,146,147,25,24,176,175,23],"class_list":{"0":"post-250564","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-cine","8":"tag-cine","9":"tag-entertainment","10":"tag-entretenimiento","11":"tag-es","12":"tag-espana","13":"tag-film","14":"tag-movies","15":"tag-spain"},"share_on_mastodon":{"url":"https:\/\/pubeurope.com\/@es\/115596090768940987","error":""},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/250564","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=250564"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/250564\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/250565"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=250564"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=250564"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=250564"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}