{"id":338088,"date":"2026-01-13T09:19:08","date_gmt":"2026-01-13T09:19:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/338088\/"},"modified":"2026-01-13T09:19:08","modified_gmt":"2026-01-13T09:19:08","slug":"dormir-como-si-no-hubiera-un-manana-porque-quiza-no-lo-haya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/338088\/","title":{"rendered":"Dormir como si no hubiera un ma\u00f1ana (porque, quiz\u00e1, no lo haya)"},"content":{"rendered":"<p>Lo cuqui ya no es solo una est\u00e9tica amable, sino un dispositivo central del capitalismo contempor\u00e1neo. A trav\u00e9s de est\u00edmulos infantiles, exagerados y con una alta carga emocional, captura nuestra atenci\u00f3n y acelera el consumo. De este modo, lo cuqui se revela como v\u00eda para abandonarnos a la aceleraci\u00f3n y resguardarnos de un mundo en llamas.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda decir que lo cuqui es la nueva est\u00e9tica del capitalismo tard\u00edo: tanto en el plano digital como en el del consumo material, la econom\u00eda de la atenci\u00f3n se sirve hoy de ojos grandes, colores pastel, orejas de gatito y animales de peluche antropomorfizados, accesorios brillibrilli, ropa desde baby tees hasta prendas oversized, as\u00ed como de rasgos y expresiones faciales exageradamente infantiles para incitar a un hiperconsumismo compulsivo, materializado en fen\u00f3menos de la cultura pop como la fast fashion o la reciente obsesi\u00f3n por art\u00edculos coleccionables como los Labubus o los Sonny Angel. No es de extra\u00f1ar, pues, que lo cuqui haya sido objeto de investigaci\u00f3n, con trabajos esenciales como los de Sianne Ngai,<a href=\"#ftn1\">[1]<\/a> Simon May,<a href=\"#ftn2\">[2]<\/a> Daniel Harris<a href=\"#ftn3\">[3]<\/a> o Joshua Dale.<a href=\"#ftn4\">[4]<\/a> Sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 de su tratamiento como tema de investigaci\u00f3n, en los \u00faltimos tiempos lo cuqui ha sido caracterizado como un vector de la aceleraci\u00f3n capitalista; <a href=\"#ftn5\">[5]<\/a> en este texto nos preguntamos qu\u00e9 es exactamente el \u00abaceleracionismo cuqui\u00bb.<\/p>\n<p>Das ist cuqui! <\/p>\n<p>\u00bfA qu\u00e9 nos referimos cuando hablamos de cosas \u00abmonas\u00bb? La constelaci\u00f3n de rasgos que cobija el paraguas de lo cuqui no obedece a una mera contingencia cultural; explota una historia evolutiva que se incrusta en lo cuqui como fen\u00f3meno multimodal. Lo que Konrad Lorenz<a href=\"#ftn6\">[6]<\/a> denomin\u00f3 Kindchenschema o esquema infantil asume, a nivel etol\u00f3gico, el rol de \u00abliberador social\u00bb: desencadenante de respuestas de cuidado y protecci\u00f3n. Redondez, peque\u00f1ez, ojos grandes, sonidos agudos y un sinf\u00edn de combinaciones de estas y otras caracter\u00edsticas que evocan una sensaci\u00f3n de vulnerabilidad <a href=\"#ftn7\">[7]<\/a> seguida de una respuesta prosocial, conformando as\u00ed una clave evolutiva para el desarrollo afectivo, social y cognitivo, la proliferaci\u00f3n de conductas de cooperaci\u00f3n (inclusive a nivel interespecie) y la emergencia de emociones de car\u00e1cter moral, entre otros. <a href=\"#ftn8\">[8]<\/a> <a href=\"#ftn9\">[9]<\/a><\/p>\n<p>Por otra parte, en lo cuqui tambi\u00e9n encontramos lo hiperb\u00f3lico, lo exagerado, lo supernormal. Ya en 1951 Nikolaas Tinbergen <a href=\"#ftn10\">[10]<\/a> describi\u00f3 c\u00f3mo los polluelos de gaviota arg\u00e9ntea prefieren picotear una simple varilla roja con bandas blancas antes que el pico real de su progenitor, caracterizado por un sencillo punto rojo. Del mismo modo, diversas especies de aves muestran una respuesta de incubaci\u00f3n diferencial con huevos artificiales, m\u00e1s grandes y coloridos que los propios. Estos est\u00edmulos supernormales \u2013versiones exageradas de est\u00edmulos a partir de los cuales ha evolucionado una conducta\u2013 exploran una historia de aprendizaje neural ya facilitado; capturan nuestra atenci\u00f3n, gobiernan la conducta con una intensidad mayor que el est\u00edmulo original e incluso llegan a sustituirlo: desde la comida basura excesivamente salada, dulce o grasienta hasta la pornograf\u00eda protagonizada por mujeres con pechos de copa D, pasando por todos los personajes de Sanrio.<\/p>\n<p>Por tanto, hallamos que lo cuqui, antes de acceder al mercado y a la pantalla, viene viciado de f\u00e1brica. Pero debemos actuar con precauci\u00f3n al aproximarnos a este concepto, porque lo cuqui no es una simple trampa evolutiva ni se reduce a una narrativa evolucionista, sino que se trata de un dispositivo que crea, destruye y reemplaza, actualiza y desestabiliza las estructuras que lo contienen, biol\u00f3gicas, culturales, pol\u00edticas y sociales. De ah\u00ed, como veremos, la afinidad de lo cuqui por el aceleracionismo.<\/p>\n<p><strong>Acelerar o no acelerar, esa es la cuesti\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Por su parte, m\u00e1s que un programa filos\u00f3fico unificado o una teor\u00eda concreta, el aceleracionismo comprende una serie de textos y autores que proponen que el futuro tiene efectos retroactivos sobre el presente, a trav\u00e9s de los cuales se \u00abhace real\u00bb. Postulan as\u00ed una suerte de causalidad temporal invertida que se origina en inteligencias no humanas \u2013e incluso inhumanas\u2013, en tanto que resultan de avances tecnol\u00f3gicos y cient\u00edficos que van m\u00e1s all\u00e1 de nuestra comprensi\u00f3n, agencia y control. Posibles ejemplos incluyen la desestabilizaci\u00f3n social provocada por la lucha por alcanzar la singularidad tecnol\u00f3gica, o\u00a0 el mercado financiero, cuyas din\u00e1micas trascienden nuestra voluntad inmediata y cuyo movimiento est\u00e1 impulsado por expectativas que acaban por conjurar su propia realidad.<\/p>\n<p>El aceleracionismo propone, adem\u00e1s, que a ese futuro que se autorrealiza no solo le son indiferentes los horizontes de la civilizaci\u00f3n humana, sino que la parasita y acelera su colapso. A este respecto, son cruciales los escritos del CCRU (Cybernetic Culture Research Unit), grupo paraacad\u00e9mico constituido en los noventa en el Reino Unido y frecuentado por referentes aceleracionistas como Nick Land, Mark Fisher y Sadie Plant. Caracterizada como \u00abteor\u00eda-ficci\u00f3n\u00bb, su producci\u00f3n te\u00f3rica bebe tanto de los tomos de Deleuze y Guattari sobre capitalismo y esquizofrenia como de Terminator, Apocalypse Now o Neuromancer: si para Deleuze y Guattari el capitalismo produce deseos irrefrenables que lo empujan o lo \u00abdesterritorializan\u00bb m\u00e1s all\u00e1 de sus propios l\u00edmites, el CCRU especula sobre el colapso social como resultado de procesos de desterritorializaci\u00f3n alimentados por las expectativas de cat\u00e1strofe inminente y apocalipsis asociadas al final del milenio, as\u00ed como por los cambios culturales provocados por la irrupci\u00f3n de internet en los hogares.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abaceleracionismo\u00bb, sin embargo, no surgi\u00f3 hasta alrededor de 2010, cuando tanto los aceleracionismos de \u00abizquierdas\u00bb como los de \u00abderechas\u00bb se interesan por la posibilidad de una desterritorializaci\u00f3n absoluta\u00a0 en forma de programas pol\u00edticos orientados hacia distintos imaginarios poscapitalistas. Pero las cr\u00edticas al intento de condicionar la aceleraci\u00f3n a un horizonte pol\u00edtico no tardar\u00e1n en llegar por parte de subcorrientes como el aceleracionismo \u00abincondicional\u00bb, que retoma la idea de la aceleraci\u00f3n no tanto como un -ismo o como algo que pueda \u00abhacerse\u00bb, sino, justamente, como un proceso de disoluci\u00f3n de la agencia humana ante el cual solo cabe dejarse llevar.<\/p>\n<p>Todo ello nos ofrece algunas pistas sobre lo que ser\u00eda el aceleracionismo cuqui: si los aceleracionismos anteriores se plasman en un imaginario inspirado por la ciencia ficci\u00f3n, el terror nuclear y las expectativas de apocalipsis, lo cuqui \u2013seg\u00fan te\u00f3ricos de la cuesti\u00f3n como Simon May\u2013 refleja asimismo las ansiedades e inquietudes de nuestro momento, a saber, una conciencia de falta de poder y de sumisi\u00f3n a fuerzas sociales que escapan a nuestra voluntad, pero expresada ahora como indefensi\u00f3n, rendici\u00f3n e incluso cierta indiferencia.<\/p>\n<p>Aceleracionismo cuqui: \u00bfc\u00f3mo hacerse una cucada?<\/p>\n<p>El aceleracionismo cuqui reemplaza, pues, el imaginario de la cat\u00e1strofe inminente \u2013atravesado, dicho sea de paso, por fantas\u00edas marcadamente masculinas\u2013 por una superficialidad atemporal y una actitud fr\u00edvola, juguetona y desenfadada que se entrega a la disoluci\u00f3n del sujeto en pos de un devenir cuqui. Del mismo modo que los Labubus relegaron a las mu\u00f1ecas Nancy a un coleccionismo nost\u00e1lgico, y estas a uno de anticuario a las Mariquita P\u00e9rez que, en su momento, hab\u00edan hecho lo mismo con las mu\u00f1ecas de porcelana de Jacob Petit, la f\u00f3rmula para hacerse une misme una monada pasa por destriparse y, en t\u00e9rminos deleuze-guattarianos, hacerse un cuerpo sin \u00f3rganos.<\/p>\n<p>Devenir cuqui no es, en ning\u00fan caso, un retorno a la infancia ni una contemplaci\u00f3n melanc\u00f3lica de una inocencia perdida; no se trata de \u00abvolver atr\u00e1s\u00bb, sino de avanzar hacia formas in\u00e9ditas de existencia que ya no encajan en los moldes del sujeto humane adulte, productive, aut\u00f3nome y racional. Es una operaci\u00f3n de des- y recodificaci\u00f3n que interrumpe la actualizaci\u00f3n del sujeto-humane y lo vincula con virtualidades que la individuaci\u00f3n, sostenida por una semi\u00f3tica de pu\u00f1o de hierro, hab\u00eda clausurado. Ahora bien, este devenir no se produce en el vac\u00edo: hacerse una cucada es, ante todo, una pr\u00e1ctica de consumo. Se deviene cuqui comprando, coleccionando, acumulando, exhibiendo y cuidando peluches, figuritas, mu\u00f1ecos, mascotas de dise\u00f1o, skins y avatares digitales, emojis, Labubus y paquetes sorpresa de Shein; usando filtros que agrandan los ojos o suavizan la cara, orejas de gato, gestos y expresiones del aegyo coreano; deseando ser una \u00abchica anime\u00bb o incluso sintiendo atracci\u00f3n por personajes de anime.<\/p>\n<p>Es precisamente en este sentido que lo cuqui es un aceleracionismo, pues el consumo de cosas cuquis modifica nuestra autopercepci\u00f3n y, con ello, produce nuevos sujetos e identidades, as\u00ed como nuevas expresiones de g\u00e9nero que trascienden lo meramente femenino. Al consumir cosas cuquis producimos identidades cuquis, y esto reconfigura incluso jerarqu\u00edas tradicionales como la familia nuclear: devenir cuqui es, pues, una experimentaci\u00f3n con modos de filiaci\u00f3n no normativos, no humanes, no-todo, una expansi\u00f3n tentacular de los afectos que permite vincularse con objetos, animales, im\u00e1genes y mercanc\u00edas de formas nuevas, ambiguas y emancipadoras en tanto que diferentes, que cobran forma en un hiperconsumismo improductivo y en una eterna adolescencia a la que los imperativos de incorporarse al circuito de la econom\u00eda (re)productiva le son indiferentes, actitud ejemplificada por figuras como les ninis, les otakus o, en Espa\u00f1a, las Verdunch.<\/p>\n<p>As\u00ed, lo cuqui se convierte en una fuerza productiva que, desde el futuro, actualiza en el presente una clase de seres marginades, mutantes, consumidores y consumides; crea un mundo de objetos que se entregan a nosotres y un oasis donde entregarnos nosotres a la aceleraci\u00f3n, un lugar donde acurrucarnos frente a un abismo que nos devuelve la mirada con ojos golosos. \u00ab\u00a1No hay salida!\u00bb, exclamamos. Lo cuqui responde: \u00abNo te preocupes. Si la miseria es inevitable, recu\u00e9state y disfruta.\u00bb<\/p>\n<p><strong id=\"ftn1\">[1]<\/strong> S. Ngai (2012). Our Aesthetic Categories: Zany, Cute, Interesting. Harvard: Harvard University Press.<\/p>\n<p><strong id=\"ftn2\">[2]<\/strong> S. May (2019). El poder de lo Cuqui. Traducci\u00f3n de A. Fuentes. Barcelona: Alpha Decay.<\/p>\n<p><strong id=\"ftn3\">[3]<\/strong> D. Harris (2000). Cute, Quaint, Hungry and Romantic: The Aesthetics of Consumerism. Nueva York: Basic Books.<\/p>\n<p><strong id=\"ftn4\">[4]<\/strong> J. P. Dale (2023). Irresistible: How Cuteness Wired our Brains and Conquered the World. Londres: Profile Books.<\/p>\n<p><strong id=\"ftn5\">[5]<\/strong> A. Ireland y M.B. Kronic (2025). Aceleracionismo cuqui. Traducci\u00f3n de A. Rafecas y L. Gonz\u00e1lez Arias. Barcelona: Mutatis Mutandis.<\/p>\n<p><strong id=\"ftn6\">[6]<\/strong> K. Lorenz (1943). \u00abDie angeborenen Formen m\u00f6glicher Erfahrung\u00bb. En: Zeitschrift f\u00fcr Tierpsychologie, vol. 5, n\u00fam. 2, pp. 235-409.<\/p>\n<p><strong id=\"ftn7\">[7]<\/strong> Y. Li y J. Eastman (2023). \u00abAs Cute as a Button: the Effect of Size on Online Product Cuteness Perception\u00bb. En: Journal of Product &amp; Brand Management, vol. 32 n\u00fam. 8, pp. 1306-1318.<\/p>\n<p><strong id=\"ftn8\">[8]<\/strong> S. C. Levinson (2022). \u00abThe Interaction Engine: Cuteness Selection and the Evolution of the Interactional Base for Language\u00bb. En: Phil. Trans. R. Soc. B, vol. 377, n\u00fam. 1859, 20210108.<\/p>\n<p><strong id=\"ftn9\">[9]<\/strong> M. L. Kringelbach et al. (2016). \u00abOn Cuteness: Unlocking the Parental Brain and Beyond\u00bb. En: Trends in Cognitive Sciences, vol. 20, n\u00fam. 7, pp. 545-558.<\/p>\n<p><strong id=\"ftn10\">[10]<\/strong> N. Tinbergen (1951). The Study of Instinct. Oxford: Clarendon Press.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Lo cuqui ya no es solo una est\u00e9tica amable, sino un dispositivo central del capitalismo contempor\u00e1neo. A trav\u00e9s&hellip;\n","protected":false},"author":2,"featured_media":338089,"comment_status":"","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[42],"tags":[17,18,13,14,11,61,62,63,64,19,20,9,10,15,16,12,21,22,65,66,67],"class_list":{"0":"post-338088","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-internacional","8":"tag-breaking-news","9":"tag-breakingnews","10":"tag-featured-news","11":"tag-featurednews","12":"tag-headlines","13":"tag-internacional","14":"tag-international","15":"tag-international-news","16":"tag-internationalnews","17":"tag-latest-news","18":"tag-latestnews","19":"tag-news","20":"tag-noticias","21":"tag-noticias-destacadas","22":"tag-noticiasdestacadas","23":"tag-titulares","24":"tag-ultimas-noticias","25":"tag-ultimasnoticias","26":"tag-world","27":"tag-world-news","28":"tag-worldnews"},"share_on_mastodon":{"url":"https:\/\/pubeurope.com\/@es\/115887050837046564","error":""},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/338088","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=338088"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/338088\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/338089"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=338088"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=338088"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=338088"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}