{"id":599434,"date":"2026-06-10T23:20:19","date_gmt":"2026-06-10T23:20:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/599434\/"},"modified":"2026-06-10T23:20:19","modified_gmt":"2026-06-10T23:20:19","slug":"el-peligroso-trabajo-de-los-vigilantes-de-seguridad-del-centro-de-menores-de-sograndio-oviedo-un-dia-nos-van-a-matar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/599434\/","title":{"rendered":"El peligroso trabajo de los vigilantes de seguridad del centro de menores de Sograndio (Oviedo): \u00abUn d\u00eda nos van a matar\u00bb"},"content":{"rendered":"<p class=\"ft-text ft-helper-closenews\"><strong>Sergio no se llama Sergio<\/strong>. Lleva m\u00e1s de veinte a\u00f1os trabajando como vigilante de seguridad en el <strong>Centro de Responsabilidad Penal de Menores de Sograndio<\/strong> y acepta hablar con este diario bajo la condici\u00f3n del anonimato. No quiere fotos. No quiere que aparezca ning\u00fan dato que pueda identificarle. No es que tenga miedo, es un veterano y tiene la piel curtida, pero por si las moscas. \u00ab<strong>Entramos a trabajar con un nivel de estr\u00e9s enorme<\/strong>. No sabes por d\u00f3nde te van a salir. Para los internos somos enemigos\u00bb, explica. \u00abCada vez que entras sabes que va a haber l\u00edo. <strong>Si esto sigue as\u00ed cualquier d\u00eda nos van a matar<\/strong>\u00ab, a\u00f1ade.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">Mientras Asturias segu\u00eda conmocionada por la <strong>revuelta registrada en el centro el pasado domingo<\/strong> \u2013que termin\u00f3 con <strong>tres vigilantes trasladados al HUCA<\/strong>, una educadora agredida, puertas destrozadas y varios internos engrilletados\u2013, el clima de violencia no se fren\u00f3 ah\u00ed. Apenas un d\u00eda despu\u00e9s, una interna volvi\u00f3 a agredir a una vigilante de seguridad, a la que propin\u00f3 <strong>dos pu\u00f1etazos en la boca<\/strong> cuando se le comunicaba una sanci\u00f3n disciplinaria. Horas m\u00e1s tarde, esa misma chica, especialmente conflictiva, atac\u00f3 tambi\u00e9n a patadas a un educador.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">Para los trabajadores, <strong>no se trata de episodios aislados<\/strong>, sino de una din\u00e1mica diaria que lleva a\u00f1os empeorando. \u00abAntes hab\u00eda incidentes. Siempre los hubo porque Sograndio siempre fue un sitio complicado. Pero pod\u00edas tener uno serio al mes. <strong>Ahora no hay un solo turno tranquilo<\/strong>\u00ab, resume Sergio. Seg\u00fan relata, el deterioro ya no se mide por grandes altercados puntuales, sino por la rutina cotidiana. \u00abAhora no hay turno en el que no tengas que reducir a alguien. <strong>Hay d\u00edas de engrilletar a dos o tres internos en ocho horas<\/strong>\u00ab. Solo durante el \u00faltimo mes, asegura, se realizaron <strong>alrededor de 150 contenciones f\u00edsicas<\/strong> por parte de los vigilantes de seguridad.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">En ocasiones, las escenas que describe recuerdan m\u00e1s a <strong>un entorno penitenciario<\/strong> que a un centro de menores. \u00abAqu\u00ed hemos llegado a encontrar <strong>clavos limados, cristales escondidos debajo de las camas y otros objetos preparados para agredir<\/strong>\u00ab. Sergio tambi\u00e9n ha sido testigo de peleas \u00abentre dos bandos\u00bb en el patio en las que varios internos utilizaron <strong>tacos y bolas de billar como armas improvisadas<\/strong>. \u00ab\u00c9ramos cuatro vigilantes para contener a treinta\u00bb, explica. Hace solo unos meses, recuerda, uno de los vigilantes recibi\u00f3 varias patadas en la cabeza durante una intervenci\u00f3n. \u00abEso demuestra que <strong>un d\u00eda puede ocurrir una desgracia<\/strong>\u00ab.<\/p>\n<p>Sin seguridad<\/p>\n<p class=\"ft-text\">Las llamadas \u00abcamarillas\u00bb, las habitaciones de aislamiento donde los internos cumplen sanciones disciplinarias, tampoco ofrecen ya <strong>seguridad real<\/strong>. \u00abRevientan las puertas, arrancan c\u00e1maras, lo destrozan todo. Algunas puertas acorazadas antiguas las tiran abajo. A veces abres y se te tiran encima\u00bb. En ocasiones, a\u00f1ade, los propios desperfectos generan situaciones insalubres. \u00abTaponan los ba\u00f1os para inundar las celdas y a veces terminan saliendo excrementos\u00bb. Pero m\u00e1s all\u00e1 de la violencia f\u00edsica, muchos trabajadores aseguran convivir con <strong>amenazas constantes<\/strong>. \u00ab<strong>Te dicen todos los d\u00edas que te van a matar<\/strong>\u00ab. Seg\u00fan explica Sergio, algunas de las celdas de contenci\u00f3n dan directamente a la zona de aparcamiento del personal. \u00abVen nuestras matr\u00edculas y nos dicen: <strong>sabemos qu\u00e9 coche tienes, no te vas a escapar<\/strong>\u00ab.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">El centro, construido hace d\u00e9cadas y muy deteriorado, funciona hoy muy por encima de lo que muchos trabajadores consideran asumible. Actualmente hay <strong>alrededor de 55 internos<\/strong> para unas instalaciones que, seg\u00fan denuncian empleados y sindicatos, llevan a\u00f1os acumulando desperfectos, filtraciones, habitaciones inutilizadas y graves problemas de mantenimiento. \u00ab<strong>El edificio est\u00e1 destrozado<\/strong>\u00ab, resume Sergio. \u00abHay puertas que no cierran, cristales rotos, habitaciones inutilizadas, techos cay\u00e9ndose y zonas inundadas\u00bb.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">La distribuci\u00f3n del complejo obliga adem\u00e1s a trabajar con <strong>plantillas muy ajustadas<\/strong>. En el m\u00f3dulo de los internos m\u00e1s conflictivos \u2013donde suelen concentrarse j\u00f3venes con perfiles especialmente violentos\u2013 apenas hay <strong>dos vigilantes para controlar a ocho o nueve menores<\/strong>. En otros pisos, un solo trabajador queda a cargo de hasta quince internos. El m\u00f3dulo terap\u00e9utico, donde conviven menores con problemas psiqui\u00e1tricos o de drogodependencia, cuenta normalmente con dos vigilantes.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">Los trabajadores denuncian que <strong>el n\u00famero de efectivos rara vez se cubre por completo<\/strong>. Seg\u00fan explica este vigilante, muchos trabajadores duran apenas unas semanas antes de coger la baja. \u00abNadie quiere venir aqu\u00ed por el sueldo que se paga y por el riesgo que hay\u00bb. Parte de la plantilla, asegura, <strong>ni siquiera cobra plus de peligrosidad<\/strong> pese a intervenir constantemente en situaciones violentas. \u00abHay compa\u00f1eros que apenas pasan de los mil euros y tienen que revolcarse por el suelo para reducir a chavales muy violentos\u00bb.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">La tensi\u00f3n se multiplica especialmente cuando los altercados ocurren en zonas comunes. El mot\u00edn del domingo comenz\u00f3 precisamente en la sala de televisi\u00f3n y termin\u00f3 extendi\u00e9ndose por varios m\u00f3dulos. \u00abCuando pasa algo en sitios como el comedor, las duchas o la sala com\u00fan, se suman todos. <strong>Y todos van contra nosotros<\/strong>\u00ab. El problema, insiste, no se limita \u00fanicamente a la seguridad. Los trabajadores consideran que el clima actual hace pr\u00e1cticamente imposible desarrollar la labor educativa para la que fue concebido el centro. \u00ab<strong>Aqu\u00ed ya no se trabaja educando. Se trabaja apagando fuegos constantemente<\/strong>\u00ab.<\/p>\n<p>Intervenci\u00f3n<\/p>\n<p class=\"ft-text\">Dentro de Sograndio conviven menores condenados por delitos muy diversos: robos con violencia, agresiones sexuales, lesiones graves e incluso homicidios. Algunos internos pasan sobradamente de los veinte a\u00f1os. \u00abHay perfiles muy complicados y <strong>no tenemos medios suficientes<\/strong>\u00ab. El relato de este vigilante coincide con las denuncias p\u00fablicas realizadas estos d\u00edas por sindicatos y representantes de los trabajadores, que amenazan con convocar paros si no se adoptan medidas urgentes.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">El Principado ha anunciado la <strong>intervenci\u00f3n temporal de la gesti\u00f3n diaria del centro<\/strong> mediante una comisi\u00f3n dirigida por la viceconsejer\u00eda de Justicia y mantiene su proyecto para construir un nuevo edificio en la parcela de Sograndio. Sin embargo, entre la plantilla predomina el escepticismo. \u00abEso tardar\u00e1 a\u00f1os\u00bb, dice Sergio. \u00abY nosotros tenemos que entrar ma\u00f1ana otra vez\u00bb. Despu\u00e9s de m\u00e1s de dos d\u00e9cadas trabajando en el centro, Sergio reconoce que nunca hab\u00eda visto una situaci\u00f3n parecida. Hace una pausa antes de admitir algo que, asegura, hoy comparten muchos compa\u00f1eros, aunque sean veteranos: \u00ab<strong>Yo tambi\u00e9n me quiero ir<\/strong>\u00ab.<\/p>\n<p data-close=\"closedContent\" class=\"subscribeHideForDisplay\">Suscr\u00edbete para seguir leyendo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Sergio no se llama Sergio. 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