{"id":67583,"date":"2025-08-23T20:31:11","date_gmt":"2025-08-23T20:31:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/67583\/"},"modified":"2025-08-23T20:31:11","modified_gmt":"2025-08-23T20:31:11","slug":"carta-abierta-a-los-vecinos-que-acuden-a-la-feria-taurina-de-begona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/67583\/","title":{"rendered":"Carta abierta a los vecinos que acuden a la Feria Taurina de Bego\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p class=\"ft-text ft-helper-closenews\">La Feria taurina de Bego\u00f1a vuelve como un rito antiguo que algunos defienden como tradici\u00f3n y otros rechazan como un vestigio de un tiempo que ya no es el nuestro. No escribo estas l\u00edneas para insultar ni para dividir, sino para invitarnos a deteneros un momento y pensar. La \u00e9tica no es una invitaci\u00f3n a culpabilizar, sino a reflexionar.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">Antes de comprar la entrada para la pr\u00f3xima corrida, os propongo un ejercicio. Imaginad por un instante que sois ciudadanos de Omelas, la ciudad descrita por la escritora Ursula K. Le Guin. All\u00ed todos disfrutan de la fiesta, pero esa felicidad colectiva descansa sobre una realidad insoportable: el sufrimiento de un ni\u00f1o, encerrado y maltratado en un s\u00f3tano. Ning\u00fan habitante puede ignorarlo. Todos est\u00e1n obligados a mirar a ese ser inocente a los ojos y tomar una decisi\u00f3n: aceptar la fiesta sabiendo que se sostiene en su dolor, o abandonarla para siempre. Lo \u00fanico que no est\u00e1 permitido en Omelas es la hipocres\u00eda y el autoenga\u00f1o.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">Los ciudadanos de Gij\u00f3n, afrontamos cada mes de agosto un dilema parecido. La Feria Taurina de Bego\u00f1a se presenta como tradici\u00f3n, como arte y como parte de la identidad de la ciudad. Pero tambi\u00e9n estamos obligados a saber que la alegr\u00eda de la fiesta descansa en el sufrimiento de un ser vivo. Como en Omelas, no podemos fingir que no lo sabemos. Debemos mirarlo de frente y decidir: seguir celebrando sobre ese dolor, o dar el paso de dejarlo atr\u00e1s. Mirar de frente al toro implica dejar a un lado los mitos que durante siglos han rodeado a la tauromaquia y enfrentarse a lo que la ciencia y la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica nos ense\u00f1an hoy.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">El toro de lidia pertenece a la misma especie que cualquier bovino dom\u00e9stico (Bos taurus). Su gen\u00e9tica no lo convierte en un animal esencialmente distinto ni lo dota de un \u00abinstinto de lucha\u00bb \u00fanico. Lo que llamamos \u00abcasta brava\u00bb es fruto de una selecci\u00f3n artificial realizada por el ser humano desde el siglo XVIII, encaminada a conservar aquellos ejemplares que mostraban mayor tendencia a embestir cuando eran hostigados. No es un comportamiento espont\u00e1neo, sino inducido por la cr\u00eda selectiva.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">La etolog\u00eda ha demostrado que la respuesta natural del toro, como la de la mayor\u00eda de herb\u00edvoros de gran tama\u00f1o, es la huida ante situaciones de amenaza. El comportamiento de embestida no es su primera opci\u00f3n, sino una reacci\u00f3n secundaria cuando no existe posibilidad de escapar. El propio Moster\u00edn lo resum\u00eda as\u00ed: \u00abAl toro lo obligamos a hacer en la plaza lo contrario de lo que har\u00eda en libertad. Le negamos su naturaleza pac\u00edfica y le forzamos a defenderse\u00bb (A favor de los toros, 2010).<\/p>\n<p class=\"ft-text\">La neurociencia tambi\u00e9n ha arrojado luz sobre la capacidad de los animales para experimentar dolor. Los mam\u00edferos poseen receptores nerviosos (nociceptores) que transmiten est\u00edmulos dolorosos al sistema nervioso central. En el caso de los b\u00f3vidos, su sistema nervioso est\u00e1 lo suficientemente desarrollado como para generar respuestas complejas al sufrimiento: incremento del cortisol en sangre, taquicardia, vocalizaciones de angustia, movimientos defensivos y estados de estr\u00e9s prolongado. Una piedra no tiene capacidad de sentir el sufrimiento y por ello podemos usarla como nos plazca. Nada de lo que le hagamos a la piedra puede alterar un \u00e1pice su bienestar. Pero si un ser tiene capacidad de sufrir, no existe justificaci\u00f3n racional alguna para no tener en cuenta su sufrimiento. La gravedad de un dolor solo depende de su intensidad y duraci\u00f3n, no de la especie que lo sufre.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">El argumento m\u00e1s repetido por los defensores de la tauromaquia es que el toro \u00abnace para la lidia\u00bb, que encuentra en la plaza su destino natural. Sin embargo, esta es una construcci\u00f3n cultural sin base cient\u00edfica. No hay evidencia etol\u00f3gica de que el toro disfrute combatiendo ni de que su bienestar se vea realizado en el ruedo. Al contrario: todo lo que sabemos de su fisiolog\u00eda y comportamiento apunta en direcci\u00f3n contraria. La supuesta bravura del toro es una invenci\u00f3n est\u00e9tica: lo que vemos en la arena no es nobleza ni hero\u00edsmo, sino la desesperada defensa de un animal al que se le ha privado de su instinto b\u00e1sico, que es la huida. Lo que los aficionados llaman arte no es otra cosa que una celebraci\u00f3n del sufrimiento y la agon\u00eda de un animal obligado a enfrentarse a su propia muerte.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">La verdad es que el toro sufre, que no nace para el combate y que su dolor es real y mensurable. No podemos seguir apelando a mitos para cerrar no mirar la realidad. Tampoco a la tradici\u00f3n. A menudo escuchamos que los toros son parte de nuestra cultura, que forman parte de lo que somos. Es cierto que la tauromaquia hunde sus ra\u00edces en siglos de historia y que muchos la han visto como s\u00edmbolo de identidad espa\u00f1ola. Pero conviene aclarar qu\u00e9 significa tradici\u00f3n. No es un argumento \u00e9tico en s\u00ed mismo, sino simplemente la constataci\u00f3n de que algo ha sido repetido durante generaciones. La tradici\u00f3n puede ser fuente de sentido, pero nunca debe convertirse en una coartada para eludir la cr\u00edtica. Toda herencia cultural necesita ser examinada a la luz de la raz\u00f3n y de la justicia. Que algo haya existido durante siglos no lo convierte en valioso para siempre; significa tan solo que ha sobrevivido en el tiempo.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">Nuestra propia historia est\u00e1 llena de pr\u00e1cticas tradicionales que hoy nos parecen inaceptables. Durante siglos, el Imperio romano celebr\u00f3 combates de gladiadores que movilizaban multitudes y se justificaban como parte esencial de su cultura. En la Edad Moderna, los duelos de honor entre caballeros eran vistos como el modo leg\u00edtimo de resolver agravios. Hasta el siglo XIX, las ejecuciones p\u00fablicas en las plazas eran espect\u00e1culos multitudinarios, acompa\u00f1ados de m\u00fasica y festejos. Todas estas pr\u00e1cticas fueron tradiciones, profundamente arraigadas, hasta que la conciencia moral de las sociedades cambi\u00f3. No las abandonamos porque dejaran de tener atractivo popular \u2014al contrario, segu\u00edan congregando multitudes\u2014, sino porque comprendimos que eran incompatibles con la dignidad humana. El progreso moral de una comunidad no se mide por la fidelidad ciega a lo heredado, sino por la capacidad de cuestionarlo cuando implica sufrimiento o degradaci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">La tauromaquia pertenece a ese mismo linaje de costumbres que la sociedad acaba por superar. No es casualidad que en el \u00faltimo medio siglo el n\u00famero de corridas en Espa\u00f1a haya ca\u00eddo en picado. Asturias ha ido reduciendo hasta el m\u00ednimo sus festejos taurinos, y Oviedo dej\u00f3 de celebrar corridas en 2007. La tradici\u00f3n, por tanto, ya no vive en el coraz\u00f3n de la mayor\u00eda, sino en un reducto que resiste el paso del tiempo. El argumento de la tradici\u00f3n se vuelve entonces fr\u00e1gil: \u00bfQueremos que la identidad cultural de nuestra ciudad quede ligada a una pr\u00e1ctica que la comunidad internacional percibe como un s\u00edmbolo de crueldad? La verdadera tradici\u00f3n gijonesa no se encuentra en la sangre derramada en la arena, sino en nuestra capacidad de acoger lo nuevo, de reinventar las fiestas, de encontrar formas de celebraci\u00f3n que unan sin excluir, que alegren sin herir.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">Cuando se\u00f1alamos el sufrimiento del toro en la plaza, algunos replican: \u00abTambi\u00e9n hay animales que sufren en la industria c\u00e1rnica o en las granjas intensivas\u00bb. El razonamiento parece s\u00f3lido, pero en realidad es un desv\u00edo. Que existan otras formas de maltrato animal no convierte a esta en aceptable. Se\u00f1alar una injusticia no es excusa para permitir otra. La existencia de la corrupci\u00f3n pol\u00edtica nos da licencia para robar. La existencia de males mayores no justifica a\u00f1adir un mal evitable. La l\u00f3gica de este argumento es profundamente inconsistente: pretende que, dado que no somos moralmente perfectos, debemos aceptar cualquier forma de crueldad. Incluso admitiendo que la ganader\u00eda intensiva provoca sufrimiento \u2014y es cierto que lo provoca\u2014, existe una diferencia esencial: en el caso de la alimentaci\u00f3n, hablamos de un \u00e1mbito vinculado a necesidades b\u00e1sicas de la vida humana. Podemos y debemos buscar alternativas m\u00e1s \u00e9ticas (producci\u00f3n extensiva, reducci\u00f3n del consumo de carne, dietas vegetales), pero al menos el marco es el de la subsistencia. La tauromaquia, en cambio, pertenece al terreno del entretenimiento. No se trata de sobrevivir, sino de llenar una tarde de agosto con un espect\u00e1culo. No hay en ello necesidad vital, sino puro ocio. Y esta diferencia es crucial: porque si ya nos resulta dif\u00edcil justificar el sufrimiento animal para alimentarnos, \u00bfc\u00f3mo justificarlo para divertirnos? Precisamente porque hay injusticias en el mundo, cada una que podamos evitar tiene valor. No podremos resolver todos los males de una vez, pero podemos dar un paso en la direcci\u00f3n correcta: abandonar una pr\u00e1ctica que no satisface ninguna necesidad y que solo a\u00f1ade m\u00e1s sufrimiento al existente.<\/p>\n<p class=\"ft-text\">Cada generaci\u00f3n se enfrenta al reto de decidir qu\u00e9 legado quiere mantener y qu\u00e9 pr\u00e1cticas debe dejar atr\u00e1s. Hoy sabemos, con la claridad que aportan la ciencia y la reflexi\u00f3n \u00e9tica, que la tauromaquia se sostiene sobre el sufrimiento de un ser vivo que no eligi\u00f3 estar en la arena. No podemos decir que lo ignoramos, ni refugiarnos en mitos o costumbres para justificarlo. Como los habitantes de Omelas, cada gijon\u00e9s que cruza la puerta de la plaza debe mirarse a s\u00ed mismo y decidir: aceptar la fiesta con plena conciencia o elegir un modo distinto de celebrar la vida que no precise del sufrimiento como espect\u00e1culo. No se trata de renunciar a la alegr\u00eda de Bego\u00f1a, sino de imaginarla m\u00e1s fiel a lo mejor de nosotros.<\/p>\n<p data-close=\"closedContent\" class=\"subscribeHideForDisplay\">Suscr\u00edbete para seguir leyendo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La Feria taurina de Bego\u00f1a vuelve como un rito antiguo que algunos defienden como tradici\u00f3n y otros rechazan&hellip;\n","protected":false},"author":2,"featured_media":32896,"comment_status":"","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[277],"tags":[3109,5761,373,2471,168,7752,25,24,599,1386,23,167,625,374,913,3096],"class_list":{"0":"post-67583","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-toreo","8":"tag-abierta","9":"tag-acuden","10":"tag-bullfighting","11":"tag-carta","12":"tag-deportes","13":"tag-dolor","14":"tag-es","15":"tag-espana","16":"tag-feria","17":"tag-plaza","18":"tag-spain","19":"tag-sports","20":"tag-tauromaquia","21":"tag-toreo","22":"tag-toro","23":"tag-vecinos"},"share_on_mastodon":{"url":"","error":""},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67583","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=67583"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67583\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/32896"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=67583"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=67583"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=67583"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}