{"id":702071,"date":"2026-08-09T04:31:40","date_gmt":"2026-08-09T04:31:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/702071\/"},"modified":"2026-08-09T04:31:40","modified_gmt":"2026-08-09T04:31:40","slug":"solas-y-acosadas-el-drama-de-las-ninas-que-nadaron-a-ceuta-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/702071\/","title":{"rendered":"Solas y acosadas: el drama de las ni\u00f1as que nadaron a Ceuta | Espa\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p class=\"\">Zohra Mohamed avanza tres pasos y retrocede seis. Est\u00e1 atrapada en la misma porci\u00f3n de la calle desde hace horas. Alguien le ha dicho que tras las rejas negras del edificio polifuncional de la barriada de El Pr\u00edncipe puede haber esperanza, pero de momento no aparece. Tiene 62 a\u00f1os, 11 nietos y desde hace tres d\u00edas, una m\u00e1s que no es de su sangre. Es Aya, de 17 a\u00f1os, una joven marroqu\u00ed que cruz\u00f3 a nado a Ceuta. Vestida con camiseta masculina, observa el diminuto ir y venir de Zohra, y repite su propio ritual nervioso, mordisqueando el colgante de una peque\u00f1a mariposa que lleva al cuello. \u201cNo abren, es que no abren aqu\u00ed. Dime qu\u00e9 hago, d\u00f3nde voy\u201d, suplica Zohra a todo el que se cruza. Hace tres d\u00edas vio a Aya en un callej\u00f3n, con las piernas llenas de heridas y a\u00fan mojada por la traves\u00eda. Estaba sola, no ten\u00eda zapatos y era de noche. \u201c\u00bfC\u00f3mo iba a dejarla as\u00ed? \u201cUna ni\u00f1a sola, \u00bfc\u00f3mo va a ser eso?\u201d, repite agitada. Numerosos ceut\u00edes han acogido a algunos de los miles de menores que el 30 y el 31 de julio entraron en Ceuta por el espig\u00f3n fronterizo de El Tarajal, pero la solidaridad de los vecinos apenas da abasto para paliar la situaci\u00f3n de estos j\u00f3venes, y en especial la de las chicas, expuestas, adem\u00e1s, a la violencia sexual.<\/p>\n<p class=\"\">Hasta el pasado jueves, Aya viv\u00eda al otro lado de la frontera, en Rinc\u00f3n , y estudiaba peluquer\u00eda. Su hermano, de 14 a\u00f1os, la despert\u00f3 a zarandeos en mitad de la noche dici\u00e9ndole que iba a cruzar a Espa\u00f1a. Ella no le crey\u00f3 y \u00e9l no la esper\u00f3. Consult\u00f3 su m\u00f3vil y vio que era cierto: hab\u00eda decenas de personas rebasando el paso fronterizo. <\/p>\n<p class=\"\">Aya sali\u00f3 corriendo de casa, con lo puesto. Camin\u00f3 22 kil\u00f3metros a oscuras, siguiendo a la masa de gente que avanzaba a la luz de sus m\u00f3viles. Dice que fueron horas, no sabe cu\u00e1ntas. Despu\u00e9s, se lanz\u00f3 al mar. Recuerda la avalancha, se se\u00f1alan las heridas a\u00fan tiernas, pero dice que eso no era miedo. Lo sinti\u00f3 despu\u00e9s, cuando en las calles de Ceuta le persigui\u00f3 la polic\u00eda y se escondi\u00f3 debajo de un coche. No quiere contar lo que pas\u00f3 las dos noches antes de que Zohra la encontrara y sacude la cabeza como ahuyentando algo invisible, pero que a\u00fan duele. Zohra la abraza inmenso; se le anegan los ojos cuando le pasa las manos callosas por la circunferencia del rostro: \u00bfQu\u00e9 va a hacer ella aqu\u00ed sola, qu\u00e9 va a hacer? \u201cYa he hablado con sus padres y no quieren que vuelva a Marruecos, ella tampoco\u201d, dice. Pero no puede, no sabe c\u00f3mo procurarle un futuro. Est\u00e1 insomne desde que la encontr\u00f3, buscando alternativas. La llev\u00f3 al centro temporal de acogida de menores y no le dio tiempo ni a ver que estaba colapsado. <\/p>\n<p class=\"\">\u201cEstaba todo lleno de chicos, de hombres ya, yo no pude dejarla all\u00ed con todos ellos, le pueden hacer cualquier cosa\u201d, teme Zohra, echando la mirada al cielo, mentando un terror impronunciable. Volvieron a casa y ahora vuelven a intentarlo en este edificio, donde el boca a boca asegura que hay alguna opci\u00f3n de acogida. <\/p>\n<p class=\"\">Wafa e Ilhame est\u00e1n en la misma b\u00fasqueda desesperada. Wafa tiene 42 a\u00f1os, y ha acogido a cuatro menores marroqu\u00edes, que duermen en un sof\u00e1 de dos plazas en su casa. A Ilhame la ha ubicado en la habitaci\u00f3n de su hija. Mientras lo cuenta, Ilhame se pone la mano en el coraz\u00f3n y baja la mirada, un gesto de agradecimiento angustioso, pesado. Se seca los ojos con la chilaba color crema y dice que quiere estudiar enfermer\u00eda, por eso vino. Tiene 15 a\u00f1os y es de R\u00edo Mart\u00edn; tambi\u00e9n cruz\u00f3 a nado. No sabe d\u00f3nde est\u00e1n el resto de las amigas con las que surc\u00f3 el mar. \u201cMe encantar\u00eda ocuparme de ella, no quiero que est\u00e9 en la calle, pero es que no doy abasto\u201d dice Wafa. Moquea por el resfriado y por algo m\u00e1s. Va camino del supermercado para comprar m\u00e1s comida, pero no le salen las cuentas. \u201cYo tambi\u00e9n tengo hijos, mi madre, el alquiler, y estoy haciendo todo lo posible por los cinco, pero es que el dinero da para lo que da. No cabemos. \u00bfPero qu\u00e9 voy a hacer, dejarla a su suerte?\u201d, se pregunta. Aprieta a mano de Ilhame y le susurra algo en dariya, el \u00e1rabe dialectal de Marruecos. \u201cNo te va a pasar nada, estoy aqu\u00ed. Eso le he dicho\u201d. <\/p>\n<p>Violencia sexual<\/p>\n<p class=\"\">Los temores de Zohra y Wafa no son infundados. Este viernes, la Delegaci\u00f3n de Gobierno confirm\u00f3 que se han recibido cinco casos de violaciones a menores marroqu\u00edes, que se encuentra investigando la Unidad de Atenci\u00f3n a Familia y Mujer de la Polic\u00eda Nacional. Y tambi\u00e9n confima los temores Rajaa, que entra en la asociaci\u00f3n de vecinos de El Pr\u00edncipe agarrando a una ni\u00f1a de 12 a\u00f1os de los hombros, protegi\u00e9ndola con su cuerpo. \u201cPor favor, por favor\u201d, suplica. Est\u00e1 muy nerviosa, y la ni\u00f1a, Yuli, tiene los ojos rebosantes de congesti\u00f3n y p\u00e1nico. Tiembla. Lleva llorando desde anoche. Estaba qued\u00e1ndose dormida tras un contenedor, cuando varios hombres trataron de arrastrarla hacia el monte, manose\u00e1ndola. Sus gritos despertaron a Rajaa, que vive en una de las casas de colores de la colina, y se asom\u00f3 temiendo una pelea. Al ver la escena, se ech\u00f3 a la calle junto a su yerno y los atacantes huyeron. \u201cUnos hijos de puta, tir\u00e1ndole de la ropa, arrastr\u00e1ndola. Eran cinco hombres de aqu\u00ed, tendr\u00edan como 30 o 35 a\u00f1os\u201d, dice. Atrae a Yuli hacia su pecho y la acuna. Ella hipa. \u201cTranquila, ahora eres mi hija tambi\u00e9n, no te voy a abandonar\u201d, dice, y le riega la frente de besos peque\u00f1os. Es de Agadir y cruz\u00f3 sola. Han hablado con su madre, pero no quiere que vuelva. \u201cAhora esta es tu hermana\u201d, le dice Rajaa, se\u00f1alando a su hija de sangre. <\/p>\n<p class=\"\">Por todas las barriadas de Ceuta se repite la escena: mujeres que acogen a ni\u00f1as, mayoritariamente marroqu\u00edes, que vagan por las calles intentando hacerse invisibles. Sucede en Benz\u00fa y en Had\u00fa, pero es en Sidi Embarek, en Los Rosales, donde la frustraci\u00f3n ha estallado en algo as\u00ed como una fr\u00e1gil soluci\u00f3n temporal. Liderados por el presidente de la barriada, Abdellah Mustafa, los vecinos han habilitado un campo de f\u00fatbol sala para refugiarlas. Dos hombres corpulentos custodian la estrecha puerta y hacen guardia durante la noche y durante el d\u00eda intentan acondicionar el espacio, que iba a ser un cine de verano antes de que todo cambiara en Ceuta. Han puesto tiendas de campa\u00f1a, lonas y colchones sobre el suelo verde. Chicas menores de edad van llegando a todas horas, guiadas por el boca a boca, y se asoman al campo. Algo se calma en sus rostros al ver que all\u00ed solo hay ni\u00f1as y adolescentes, y cuando acceden, parecen m\u00e1s ligeras. Solo el primer d\u00eda que abrieron el campo, llegaron cincuenta chicas. Al caer la noche, m\u00e1s de cien. A los dos d\u00edas, empezaron a apuntar sus nombres en un cuaderno blanco que se qued\u00f3 escaso al poco: la cifra ya llega a 200, y no caben todas. La mayor\u00eda pasa el d\u00eda fuera y regresa solo a dormir, pero empieza a vislumbrarse el colapso. El Ayuntamiento les ha enviado un aseo port\u00e1til, nada m\u00e1s. <\/p>\n<p class=\"\">Mientras lo instalan, una pareja de chicas comparte risas apoyadas en el muro: Jamnat, de Castillejos, y Zineb, de Agadir. Se han conocido aqu\u00ed y hacen el s\u00edmbolo del coraz\u00f3n chocando \u00edndice y pulgar cuando les preguntan si son amigas. Tienen 17 y 16 a\u00f1os, y aunque no han tenido una madre de acogida que las guiara aqu\u00ed, proclaman que tambi\u00e9n tienen zhar, \u201cmucha suerte\u201d. Anoche, estaban dando una vuelta cuando un grupo de chicos cargados con bolsas de cerveza, no m\u00e1s de cinco, intentaron agredirlas sexualmente. Abdellah rondaba por all\u00ed y se enfrent\u00f3 a ellos. \u201cEran una manada, una manada. Tatuados, como 40 a\u00f1os\u201d, repite \u00e9l, iracundo. A golpes, logr\u00f3 que huyeran, aunque ha vuelto a verles subidos en motos rondando la zona. <\/p>\n<p class=\"\">Jamnat escucha a Abdellah relatar lo sucedido y confiesa con un t\u00edmido espa\u00f1ol que pas\u00f3 mucho miedo. Se frota compulsivamente el hombro izquierdo, por donde la agarraron. A Zineb le cuesta m\u00e1s hablar de los detalles, y aprieta en los labios una conmoci\u00f3n que perdura. Fueron a la polic\u00eda, en el centro de Ceuta, pero no las atendieron. \u201cLes dijeron que se fueran a las naves del Tarajal. No pudieron ni entrar a la comisar\u00eda\u201d, explica Abdellah. Si van a un centro de menores, sea cuando sea, quieren ir juntas. Lo cuentan mientras se abrazan y corean inshall\u00e1. Ojal\u00e1. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Zohra Mohamed avanza tres pasos y retrocede seis. 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