{"id":83986,"date":"2025-08-31T12:32:15","date_gmt":"2025-08-31T12:32:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/83986\/"},"modified":"2025-08-31T12:32:15","modified_gmt":"2025-08-31T12:32:15","slug":"el-nino-resentido-y-rengo-yeta-los-libros-salvajes-de-cesar-gonzalez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/83986\/","title":{"rendered":"\u00abEl ni\u00f1o resentido\u00bb y \u00abRengo yeta\u00bb, los libros salvajes de C\u00e9sar Gonz\u00e1lez"},"content":{"rendered":"<p><b>La aparici\u00f3n de Rengo yeta, la nueva novela de C\u00e9sar Gonz\u00e1lez, confirma lo que El ni\u00f1o resentido ya hab\u00eda anunciado con potencia irrebatible: una voz literaria construida desde los m\u00e1rgenes, sin concesiones<\/b>, capaz de disputar sentidos tanto en el plano est\u00e9tico como en el pol\u00edtico. Si aquella primera novela autobiogr\u00e1fica se instal\u00f3 r\u00e1pidamente como un hito en la narrativa sobre la delincuencia juvenil, que cuenta con una larga tradici\u00f3n en la literatura argentina, esta nueva entrega permite pensar un proyecto narrativo m\u00e1s amplio, sintetizado en \u00e9picas insurrectas.<br \/>En las \u00faltimas d\u00e9cadas, se advierte en la ficci\u00f3n argentina contempor\u00e1nea una creciente atenci\u00f3n a los m\u00e1rgenes, tanto geogr\u00e1ficos como simb\u00f3licos. Desde distintas est\u00e9ticas y posiciones pol\u00edticas, se ha intentado representar el universo de las villas, el delito, la exclusi\u00f3n o la precariedad, ya sea desde una mirada testimonial, antropol\u00f3gica o desde el interior de la ficci\u00f3n. Sin embargo, pocas veces esa representaci\u00f3n se ha desplegado desde una voz tan radicalmente inmersa en el mundo narrado como en El ni\u00f1o resentido (que puede pensarse desde el t\u00edtulo como contrapunto o venganza de la violencia sufrida en El ni\u00f1o proletario de Osvaldo Lamborghini). Publicada en 2023, la obra constituye una pieza singular en el modo de <b>narrar la delincuencia como experiencia vital, como pulsi\u00f3n est\u00e9tica y como forma de organizaci\u00f3n del deseo.<\/b><br \/>Desde el comienzo, la novela explicita su proyecto: no hay mediaci\u00f3n, no hay distancia. La narraci\u00f3n se formula desde el yo de un protagonista que comparte biograf\u00eda, entorno y pulsiones con el propio autor. A lo largo de sesenta y seis cap\u00edtulos breves, C\u00e9sar Gonz\u00e1lez construye una estructura fragmentaria e intensa, cuyo hilo conductor no es tanto el tiempo lineal sino el tiempo de la intermitencia que se logra con otra forma del ritmo: el del riesgo, el c\u00f3digo de la calle, la memoria herida y la lealtad entre pares. La prosa, a veces l\u00edrica, otras veces brutal, pero siempre consciente de su potencia, alterna entre los tonos po\u00e9ticos y la voluntad documental. No hay eufemismos: los robos, las persecuciones, los disparos, la droga, la c\u00e1rcel, la muerte y el dolor est\u00e1n narrados con una precisi\u00f3n que privilegia el montaje cinematogr\u00e1fico. No por nada el autor se considera m\u00e1s un cineasta que un escritor.<br \/><b>En este sentido, El ni\u00f1o resentido y Rengo yeta se inscriben en una tradici\u00f3n que va desde la novela Las tumbas de Enrique Medina o la pel\u00edcula Cr\u00f3nica de un ni\u00f1o solo de Leonardo Favio hasta Cosa de negros de Washington Cucurto, pero las desborda en su nivel de inmersi\u00f3n.<\/b><br \/>Los personajes que rodean al narrador -M\u00f3tor, Abel, Mario, Daniela, Susy, la madre, el padre invisible, los amigos muertos, los polic\u00edas, los vecinos hostiles- no son simples figuras de acompa\u00f1amiento. Son, como el propio protagonista, cuerpos atravesados por la violencia estructural, por la \u00e9tica del aguante, por un c\u00f3digo del barrio que oscila entre la solidaridad extrema y la destrucci\u00f3n prematura. La infancia se narra desde el desgarro: entre el deseo de ser amado y la certeza de hacer sido descartado; entre las necesidades amorosas y la convicci\u00f3n de calificar como una vida precaria, que no importa, sin llanto, sin duelo. Por su parte, la adolescencia se cuenta entre el goce ef\u00edmero de los atracos y la inevitable ca\u00edda, y ya la adultez, si se llega, est\u00e1 marcada por la c\u00e1rcel, la traici\u00f3n, el dolor f\u00edsico y todas las formas de la desilusi\u00f3n.<br \/>La estructura narrativa de la novela responde a esa misma l\u00f3gica: cada cap\u00edtulo es un estallido, un robo, una escena de violencia o de ternura interrumpida. No hay cap\u00edtulos extensos ni largos desarrollos: hay r\u00e1fagas de lenguaje, asomos de adrenalina. El comp\u00e1s es vertiginoso, como si la escritura intentara emular el estado de hiperconciencia que se activa durante un robo. Esa fragmentaci\u00f3n no impide, sin embargo, una progresi\u00f3n dram\u00e1tica. Desde la infancia hasta el \u00faltimo disparo, la novela traza un arco que desemboca en el hospital, en el dolor f\u00edsico, en el encierro, en la posibilidad incierta de una redenci\u00f3n y en el comienzo de Rengo yeta.<\/p>\n<p>La vida intensificada de las ficciones encuentra su inspiraci\u00f3n en la biograf\u00eda del autor. <b>C\u00e9sar Gonz\u00e1lez<\/b> naci\u00f3 en 1989 en la villa Carlos Gardel, en el oeste del conurbano bonaerense. <b>Pas\u00f3 su juventud entre instituciones de encierro y estuvo preso entre los diecis\u00e9is y los veinti\u00fan a\u00f1os. Al salir de la c\u00e1rcel, emprendi\u00f3 un vertiginoso recorrido como cineasta, poeta, ensayista y productor musical<\/b>. Su obra se despliega en m\u00faltiples lenguajes, pero siempre desde el mismo territorio: la marginalidad como escena primaria del lenguaje, la violencia como herencia y el arte como posibilidad de reescritura de la historia personal y colectiva.<\/p>\n<p>Rengo yeta sigue interrogando sobre las condiciones de posibilidad de la ficci\u00f3n, que subvierten las jerarqu\u00edas morales de la narrativa tradicional y que plantean una \u00e9tica del lenguaje nacida en el barro. En tiempos en que la criminalizaci\u00f3n de la pobreza se expande como discurso hegem\u00f3nico y exaltaci\u00f3n punitivista, la voz de Gonz\u00e1lez interpela y desborda. No pide perd\u00f3n ni clemencia. No explica ni justifica. Solo cuenta c\u00f3mo le fue. En esa crudeza deliberada reside su potencia pol\u00edtica, y en sus elecciones est\u00e9ticas se cifra su verdadero valor literario. No estamos ante ficciones de alto voltaje referencial, sino frente a ejercicios de riesgo formal, en los que la experimentaci\u00f3n con los materiales del lenguaje se impone al contenido que transmiten. Y si algo queda en evidencia en Rengo yeta es que esa crudeza no se ha suavizado, sino que ha tomado nuevas formas narrativas. La continuidad no es solo tem\u00e1tica: es tambi\u00e9n una apuesta radical por seguir narrando desde el margen, el resentimiento y la palabra afilada.<\/p>\n<p><b>DEL V\u00c9RTIGO A LA ESPERA<\/b><br \/>En El ni\u00f1o resentido, la libertad es el golpe sorpresivo de una madre que vuelve del encierro y desborda la madrugada con su sola presencia -el abrazo, la cama compartida, una frase b\u00edblica devenida sabidur\u00eda villera-. En Rengo yeta, en cambio, irrumpe como un sonido inquietante, una promesa cruel que se escucha desde la celda y no se alcanza. \u201cLa libertad se escuchaba demasiado cerca\u201d, escribe Gonz\u00e1lez en la primera l\u00ednea de su nueva novela, que retoma no solo la voz del joven protagonista, sino tambi\u00e9n su universo simb\u00f3lico: el encierro como umbral narrativo, el afuera como amenaza y deseo, el sonido como eco de una vida que a\u00fan no es propia. Hay, entre ambas novelas, una continuidad expl\u00edcita donde la libertad no es una condici\u00f3n dada, sino una lucha sorda contra los barrotes materiales y simb\u00f3licos de la existencia. El sonido de la libertad, en esta saga narrativa, no es un festejo; es una forma de resistencia.<br \/>Sin embargo, en Rengo yeta, Gonz\u00e1lez da un giro inesperado y necesario dentro de su propio proyecto literario. <b>En esta segunda novela el foco se estrecha sobre las consecuencias de la vida en los m\u00e1rgenes: las secuelas f\u00edsicas, la c\u00e1rcel prolongada, el deterioro psicol\u00f3gico, el deseo trunco, la vida ya no como v\u00e9rtigo sino como espera<\/b>. No hay aqu\u00ed relato de ascenso ni \u00e9pica de redenci\u00f3n. Hay derrota. Pero una derrota l\u00facida, narrada con una prosa que como una faca se ha afinado sin perder su filo.<br \/>Si El ni\u00f1o resentido representaba la vida villera (su lugar de enunciaci\u00f3n) en su pulsi\u00f3n ofensiva -el asalto, la fuga, la transgresi\u00f3n como afirmaci\u00f3n existencial-, Rengo yeta representa la otra mitad: la ca\u00edda, la mueca sin dientes, el cuerpo tullido, la rutina penitenciaria.<br \/>Desde el inicio, la novela instala un tono crepuscular y la cercan\u00eda fantasmal se convertir\u00e1 en uno de los ejes simb\u00f3licos del texto. El Rengo no puede correr. No puede pelear como antes. Solo puede pensar. Y en ese pensamiento forzado -una especie de castigo interno- se juega buena parte de la densidad del libro.<br \/>El relato comienza con su ingreso al Instituto de Parque Chacabuco, donde enfrenta una brutal abstinencia de drogas y un deterioro f\u00edsico y mental extremo. A lo largo de los cap\u00edtulos, se describe con aspereza el mundo carcelario juvenil, regido por jerarqu\u00edas, c\u00f3digos tumberos, violencia f\u00edsica y simb\u00f3lica, y una convivencia marcada por la tensi\u00f3n constante entre bandos y la necesidad de supervivencia.<br \/>En sus primeros d\u00edas de c\u00e1rcel, el protagonista entabla v\u00ednculos ambivalentes con otros internos: Condorito, que lo protege; Gonza, un compa\u00f1ero sumiso; y Cima, un parapl\u00e9jico violento que domina la celda de enfermer\u00eda. El protagonista navega entre la humillaci\u00f3n y la b\u00fasqueda de respeto, mientras trata de ocultar su fragilidad y recuperarse de su herida. Las relaciones dentro del encierro -basadas en alianzas, enfrentamientos y gestos m\u00ednimos de solidaridad- se ven atravesadas por el deseo, el miedo, la represi\u00f3n sexual y la masculinidad endurecida. En ese espesor de v\u00ednculos, donde el cuerpo impone sus l\u00edmites y la palabra busca su forma, la pregunta por el programa de escritura se vuelve inevitable.<\/p>\n<p><b>\u00bfCu\u00e1l fue el proyecto literario inicial cuando empezaste El ni\u00f1o resentido y en qu\u00e9 medida ese programa se confirma, se corrige o se radicaliza despu\u00e9s de escribir Rengo yeta?<\/b><br \/>-La fuerza motriz para ambos libros fue intentar que mi autobiograf\u00eda represente la vida de tantos j\u00f3venes que atravesaron experiencias similares a las que ambos libros narran. El ni\u00f1o resentido es un libro m\u00e1s fragmentario, pensado como un conjunto de vi\u00f1etas m\u00e1s que con una cronolog\u00eda que cohesione una temporalidad espec\u00edfica de mi vida. En cambio, en Rengo yeta s\u00ed, el relato abarca una porci\u00f3n de tiempo concreta y la prosa, podr\u00edamos decir, es un poco m\u00e1s tradicional.<br \/><b>Tus lecturas hoy: \u00bfdialogan con las del narrador (de Mart\u00edn Fierro a Borges y Sabato) o van por otra v\u00eda?<\/b><br \/>-Yo dediqu\u00e9 la mayor parte de mi vida desde que sal\u00ed de prisi\u00f3n al cine. El cine es el gran amor de mi vida, me siento m\u00e1s cineasta que escritor. Yo no ten\u00eda pensado escribir mi autobiograf\u00eda, y hasta antes de El ni\u00f1o resentido era muy reacio a hablar de mi historia personal. Por lo tanto, todos estos a\u00f1os me la pas\u00e9 filmando, viendo pel\u00edculas y leyendo libros sobre cine. Pero con el cine no consegu\u00ed la repercusi\u00f3n que est\u00e1n teniendo mis \u00faltimos dos libros. Tambi\u00e9n escrib\u00ed cuatro libros de poes\u00eda y un ensayo cr\u00edtico. En cuanto a mis lecturas siempre estuvieron m\u00e1s enfocadas en ensayos, en particular de filosof\u00eda, me gusta mucho leer historia y poes\u00eda y las buenas cr\u00f3nicas period\u00edsticas. Obvio que le\u00ed ficci\u00f3n, pero no tanto como los otros g\u00e9neros. Ahora que encontr\u00e9 esta veta y que a la gente le interesa leer sobre mi vida estoy m\u00e1s abocado a la ficci\u00f3n y en particular libros que tengan algo de autobiogr\u00e1fico.<br \/><b>\u00bfCre\u00e9s en la \u201cabundancia\u201d de la literatura en contextos de carencia? \u00bfQu\u00e9 papel tuvo en el encierro y en el despu\u00e9s del encierro?<\/b><br \/>-En mi caso la carencia material tuvo su correlato inmediato de carencia inmaterial. En mi infancia en la villa no hab\u00eda biblioteca en mi casa, ni vengo de una familia lectora, ni nadie en varias generaciones previas terminaron siquiera los estudios secundarios. Como relato en ambos libros, los libros en esos a\u00f1os llegaban a trav\u00e9s de mi abuela, trabajadora de limpieza, oriunda de Salta, semianalfabeta, que compraba distintas colecciones, enciclopedias y revistas en los puestos de diarios, o en el colegio p\u00fablico al que iba.<br \/><b>\u00bfY en la c\u00e1rcel?<\/b><br \/>-Ah\u00ed la cuesti\u00f3n no es tan uniforme, hay que entender que cada penal o instituto tiene sus propias reglas, no son todos id\u00e9nticos. Hab\u00eda establecimientos que contaban con bibliotecas m\u00e1s pobladas, y en otros lugares no hab\u00eda casi libros. En algunos lugares ten\u00edas acceso a un mont\u00f3n de talleres, entre ellos algunos relacionados a cuestiones art\u00edsticas y en otros no hab\u00eda nada.<\/p>\n<p>FOTOS DE VICTORIA BEVILACQUA<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><b>LA VUELTA<\/b><\/p>\n<p>En su obra, la dimensi\u00f3n autobiogr\u00e1fica se proyecta sobre esta evoluci\u00f3n del personaje de manera sutil pero persistente. C\u00e9sar Gonz\u00e1lez despliega en Rengo yeta no solo el recuerdo del encierro f\u00edsico, sino tambi\u00e9n la huella del proceso lector que lo transform\u00f3. El acceso del Rengo a los libros -El t\u00fanel, El oro de los tigres, el Mart\u00edn Fierro- no aparece como ornamento cultural ni como excusa redentora, sino como parte del lento pasaje de la acci\u00f3n al pensamiento. En este gesto se transparenta la experiencia del propio autor: la lectura como grieta en el muro, como ejercicio de dignidad, como origen de la escritura.<br \/>En t\u00e9rminos de estructura, Rengo yeta mantiene la fragmentaci\u00f3n de El ni\u00f1o resentido, pero los cap\u00edtulos son m\u00e1s extensos, m\u00e1s densos, menos narrativos en el sentido tradicional. Hay momentos de an\u00e9cdota pura -como los recuerdos de los robos o las charlas telef\u00f3nicas con el amigo Peca-, pero tambi\u00e9n largas secuencias introspectivas, donde el lenguaje se vuelve m\u00e1s filos\u00f3fico, incluso teol\u00f3gico. El Rengo dialoga con el Gauchito Gil, con Dios, con los muertos, con Borges. El sincretismo simb\u00f3lico de la villa -fe, venganza, mito- se vuelve pensamiento sostenido.<br \/>A nivel literario, hay una evoluci\u00f3n clara. La voz sigue siendo la misma -barroca, callejera, vital-, pero ahora hay un trabajo mayor sobre la modulaci\u00f3n del ritmo, sobre la tensi\u00f3n entre el lenguaje oral y el registro po\u00e9tico. Gonz\u00e1lez no escribe desde el margen para imitar la oralidad, sino para complejizarla. La escritura no es aqu\u00ed un simple testimonio de la experiencia tumbera: es una forma de sobrevivencia est\u00e9tica. Porque si el cuerpo ya no puede correr ni disparar, el lenguaje s\u00ed. El Rengo sabe que la palabra \u2014en la celda, en la carta, en la oraci\u00f3n\u2014 es lo \u00fanico que no le pueden quitar. Y para escribir una carta de amor le roba a Borges, como un gesto simple, pero se\u00f1alando (quiz\u00e1 sin consciencia) lo que ha hecho la literatura argentina de los 70 en adelante.<\/p>\n<p><b>Entre El ni\u00f1o resentido y Rengo yeta, \u00bfsent\u00eds un salto de escritura o prefer\u00eds pensar la relaci\u00f3n como una continuidad con variaciones?<\/b><br \/>-No siento que haya habido un salto, tan solo son libros diferentes. En El ni\u00f1o resentido no ten\u00eda muy en claro casi nada, siempre pens\u00e9 que los libros de memorias o de ese estilo eran cosas que se hacen en el ocaso de una vida y adem\u00e1s aborrec\u00eda el concepto de literatura del Yo, porque ese Yo es siempre un sujeto burgu\u00e9s o como mucho de clase media baja. <b>El yo universal de la literatura nunca es un trabajador de clase baja, nunca es un negro, un villero, un ind\u00edgena. Si encontr\u00e9 un est\u00edmulo para escribir sobre mi vida fue en aportar a que ese yo por una vez sea de otro origen social. Un Yo desconocido para la literatura argentina<\/b>. Un Yo que siempre ha sido un Ellos, un Otro.<\/p>\n<p><b>En Rengo yeta, la imaginaci\u00f3n sostiene y discute el encierro. \u00bfC\u00f3mo la trabajaste narrativamente y qu\u00e9 lugar \u00e9tico le das?<\/b><br \/>-La experiencia del encierro a\u00fan late en mi cuerpo por m\u00e1s que hayan pasado quince a\u00f1os desde que sal\u00ed en libertad. A\u00fan tengo sue\u00f1os bellos y pesadillas que me trasladan a ese tiempo encerrado. La imaginaci\u00f3n en la c\u00e1rcel sirve pero es inofensiva, no te sirve para irte a ning\u00fan lado, por m\u00e1s esfuerzo que hagas y por m\u00e1s experto en imaginar que seas las rejas van a seguir estando en el mismo lugar y las dimensiones de la celda van a ser las mismas. Rengo yeta me sirvi\u00f3 para homenajear a compa\u00f1eros de encierro con los cuales viv\u00ed momentos muy diversos y profundos. Ninguna experiencia es un bien por s\u00ed mismo, la cuesti\u00f3n pasa en como pensar la experiencia. No todos los presos piensan como y aunque hayamos vivido lo mismo. La mayor\u00eda siente verg\u00fcenza de contar su historia y si lo hacen es con temor, escribiendo como pidiendo perd\u00f3n a la sociedad. Y eso no sucede porque s\u00ed, hay razones sistem\u00e1ticas, hay un mont\u00f3n de oficios que se encargan de mantener en el silencio y la sumisi\u00f3n a la vida de los sectores populares. Hay muchos que tienen terror de que los pobres se expresen en una lengua directa, despojada de toda falsa moralidad, liberada de cualquier paternalismo, apropi\u00e1ndose del derecho que la clase media y alta tienen de forma natural; contar la propia historia, experimentar con las formas, ser libres a la hora de crear, dejar de pedir permiso ya que cuando los burgueses cuentan por nosotros nuestra historia, o cualquier historia ajena a su clase, no lo hacen.<\/p>\n<p>As\u00ed, El ni\u00f1o resentido y Rengo yeta no solo narran un momento de destrucci\u00f3n, sino tambi\u00e9n un proceso de emergencia: el nacimiento de una voz cr\u00edtica forjada en el interior del sistema carcelario que busc\u00f3 oscurecerla, pero que estuvo sostenida por la palabra: primero le\u00edda con voracidad, luego escrita con lucidez. En esa continuidad entre el protagonista lector y el autor narrador se condensa el n\u00facleo m\u00e1s poderoso de la novela. La palabra no redime, no salva, pero llena al mundo de formas nuevas: permite nombrarlo, aun desde el fondo del abismo. Es as\u00ed que, poco a poco pero siempre con contundencia, se afirma una subjetividad que resiste, que se piensa todo el tiempo, y que se escribe una vez y otra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La aparici\u00f3n de Rengo yeta, la nueva novela de C\u00e9sar Gonz\u00e1lez, confirma lo que El ni\u00f1o resentido ya&hellip;\n","protected":false},"author":2,"featured_media":83987,"comment_status":"","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[172],"tags":[224,146,147,25,24,225,23642,23],"class_list":{"0":"post-83986","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-libros","8":"tag-books","9":"tag-entertainment","10":"tag-entretenimiento","11":"tag-es","12":"tag-espana","13":"tag-libros","14":"tag-radar-libros","15":"tag-spain"},"share_on_mastodon":{"url":"","error":""},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83986","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83986"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83986\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/83987"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83986"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83986"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.europesays.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83986"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}