Durante más de una década, Mecano fue uno de los grupos más influyentes de la música pop en España y un referente indiscutible de la cultura de masas en los años ochenta y primeros noventa. El grupo, integrado por Ana Torroja y los hermanos Nacho y José María Cano, consolidó un modelo que marcó un antes y un después en la industria musical.

Sus canciones sonaron en todas partes, desde las radios generalistas hasta las verbenas, y lograron algo poco habitual: conectar con públicos muy distintos, tanto por edad como por sensibilidad. El éxito fue sostenido, creciente y, durante mucho tiempo, pareció no tener fecha de caducidad.

Sin embargo, en medio de todo este éxito, la historia del grupo cambió para siempre. En 1998, José María Cano anunció que se marchaba de la banda, durante la emisión de una entrega de premios y ante la atónita mirada de sus dos compañeros Ana y Nacho, que se enteraron de la ruptura en ese mismo instante.

Pepa Gea.

En el escenario, ante el público y las cámaras, se quedaron en silencio, desubicados, sin saber cómo reaccionar ante una noticia que acababan de conocer en ese mismo instante. Hace unos días y casi tres décadas después, Ana Torroja se ha sincerado junto a Vicky Martín Berrocal sobre cómo vivió ella ese momento.

La separación de Mecano 28 años después

Ana Torroja ha sido la última invitada al videopódcast de Vicky Martín Berrocal. La cantante, desde el espacio habitual de la diseñadora, ha relatado con detalle el momento que cambió de forma radical el rumbo de su vida y, al mismo tiempo, el de millones de seguidores que durante años habían acompañado a Mecano.

Con la naturalidad que caracteriza el formato y sin esquivar los aspectos más delicados, la cantante aprovechó el espacio para poner palabras a un episodio que durante años quedó envuelto en suposiciones.

Al recordar aquel instante, Ana confesó que en un primer momento intentó restarle importancia, quizá como un mecanismo de defensa. Sin embargo, esa negación duró poco y dio paso a un profundo desplome emocional al tomar conciencia de lo ocurrido.

Marc Márquez y Gemma Pinto.

Para ella, Mecano no era un proyecto más dentro de su carrera artística, sino el eje sobre el que había construido su identidad, su energía y su futuro, convencida de que el grupo estaba llamado a «durar para siempre».

La desaparición de Mecano no tuvo un cierre claro ni una despedida formal, y esa ausencia de final dejó una herida abierta tanto en los seguidores como en la propia cantante. «Me pregunté, ¿y ahora qué? ¿Ahora qué hago?», cuenta.

Ana insiste en que el grupo se fue «sin un adiós», de una manera tan abrupta que muchos fan se quedaron con la sensación de que aquello no podía ser definitivo.

Esa incredulidad colectiva se trasladó también a su etapa posterior como solista, que comenzó marcada por una enorme responsabilidad: no engañar a nadie que siguiera esperando el regreso del grupo.

Ana Torroja, en el pódcast de Vicky Martín Berrocal.

Esa circunstancia condicionó de forma decisiva su primer disco en solitario. Ana sintió la necesidad de diferenciarse claramente de Mecano para dejar claro que aquella etapa había terminado, aunque ella misma no hubiera tenido tiempo de despedirse de ella.

El proceso no fue sencillo, porque emocionalmente seguía vinculada a un proyecto que había desaparecido de un día para otro, sin conversación previa ni elaboración interna del duelo.

Al mirar atrás, Ana Torroja también ha reflexionado sobre cómo funcionaba Mecano por dentro. Se describe a sí misma como una figura obediente, poco conocedora de la industria musical y con escasa capacidad de decisión en los primeros años.

Su papel estaba muy definido: ella era la cantante, mientras los hermanos Cano asumían el control creativo y discutían entre ellos las cuestiones fundamentales. Ana prefería mantenerse al margen de esos enfrentamientos para no convertirse en una tercera voz en discordia.

De hecho, con el paso de los años, se creyó que esas discusiones de las que Torroja se mantenía al margen fueron, en realidad, el motivo de la separación del grupo. «La banda llevaba tiempo arrastrando conflictos y encontronazos, era un secreto a voces que algo no iba bien entre ellos», recoge RTVE.

Mecano.

Esa posición implicaba aceptar canciones sin apenas intervenir en su elección y, en ocasiones, interpretar letras escritas en masculino, algo que ella asumía casi desde un punto de vista actoral.

Con el tiempo, esa dinámica se integró en lo que la propia artista ha definido como una «locura colectiva», una fama desbordante que terminó pasándole factura. La presión fue tal que llegó a rozar la agorafobia, perdió amistades por el camino y sintió la necesidad de desaparecer durante un tiempo para recuperar el anonimato.

Ese deseo de huida la llevó a mudarse a Nueva York durante dos años, una etapa que recuerda como imprescindible para volver a encontrarse consigo misma fuera del foco mediático. Lejos del ruido y de las expectativas asociadas a Mecano, pudo reconstruirse como persona y como artista.

Hoy, décadas después, Ana Torroja admite que esa sombra sigue muy presente en su día a día. Defender su identidad como artista individual le resulta, según confiesa, más difícil que nunca, porque una parte importante del público continúa deseando ver de nuevo a Mecano sobre un escenario.

La paradoja, como ella misma señala, es evidente: sigue siendo la voz original de aquellas canciones que marcaron a varias generaciones y continúa interpretándolas en directo, pero aun así siente que debe pelear constantemente por ser reconocida como Ana Torroja.