El quiosco Raketten es un motor social de Tromsø, en Noruega. cristina candel
Muy por encima del círculo polar ártico, en el epicentro del turismo boreal, aparece un diminuto quiosco que resalta entre la nieve por dos motivos: su llamativo color amarillo y las colas que se forman a diario para probar lo que se vende en su interior. Esto ocurre desde 1911 en la ciudad de Tromsø, más concretamente en su calle principal, Storgata, donde desde hace 115 años este lugar se ha convertido en un icono cuasi mundial por sus afamados perritos de reno.
Raketten, que así es como se llama este quiosco y que se traduce al castellano como El Cohete, “nació como un puesto callejero clásico en el que se vendía prensa, bolsas de snacks, algunas bebidas, helados —en la temporada estival— y, sobre todo, golosinas y chocolate, ya que en ese momento había dos fábricas de chocolate en la ciudad”, cuenta Victoria Siri, la actual gerente del local. “En aquel momento, tal y como dicen los más mayores, había tres quiscos, pero Raketten siempre se ha mantenido en el mismo lugar”, amplía.
Su historia es también la historia de Tromsø: ha sobrevivido a dos guerras mundiales, a un incendio devastador y al paso feroz del tiempo ártico. Su fundadora, Margit Løkke, lo abrió en 1911 y lo convirtió en un importante punto de encuentro de la ciudad, convirtiéndose en una de las pocas mujeres emprendedoras de la época. Uno de sus grandes hitos, por el que el Departamento de Patrimonio Cultural del país decidió protegerlo como pieza histórica viva de Noruega, ocurrió en 1969, cuando un gran incendio asoló el centro de Tromsø, reduciendo a cenizas 28 casas de madera de su casco histórico. “Fue un incendio terrible. Todo parecía un paisaje lunar, pero The Rocket Kiosk —así es como se llamaba anteriormente el quiosco—, seguía abierto creando un halo de esperanza entre la población”, explica Victoria Siri, añadiendo que: “Además, fue en el mismo año en el que llegaron a la Luna…”. De esa metáfora nació el apodo: El Cohete. “Por eso ahora lo llaman Raketten”, recalca Victoria con una sonrisa.
Victoria Siri, la actual gerente de Raketten.cristina candel
Sin embargo, la analogía espacial no terminó ahí: “Bromeo diciendo que a la gente que contrato la llamo astronautas”, cuenta Victoria riendo, y es que su misión de seguir manteniendo el nivel de este lugar desde hace siete años no es nada sencilla. “Cuando empecé, la gente decía: ‘estás loca, no va a funcionar, el quiosco terminará desapareciendo. Mucha gente lo ha intentado antes y ha fracasado’”, recalca. Pero, a pesar de ello, Victoria logró mantener vivo este lugar con la esencia de siempre, empleando a 14 personas —sus “astronautas”—, y devolviendo a la vida un espacio que ya hace un siglo era un emblema de la ciudad.
“Hemos convertido Raketten en el motor social del pueblo, en un lugar alegre, con ambiente y muchas personas en los alrededores”, dice Victoria. Y agrega que el auge no ha sido solo local, sino global: “Lo han publicado en numerosas ocasiones en Instagram y blogs. No somos tan grandes en la vida real, pero en Internet somos gigantes”, cuenta entre risas Victoria recordando que el interior de este quiosco mide 3,6 metros cuadrados, un tamaño que le ha otorgado el título del bar más pequeño de Noruega. Y es que en su interior preparan para su venta vino caliente y su estrella gastronómica: hot dogs de reno, una de las carnes más populares en el norte del país, que sirven junto a dos líneas de kétchup y mostaza.
El perrito de reno es la estrella gastronómica de Raketten.cristina candel
“De la mañana a la noche vendemos esta elaboración de comida rápida, que se ha convertido en la estrella de nuestra carta. Nuestra terraza, que ahora hemos ampliado, se llena a todas horas para probar la carne de reno en formato fast food y para entrar en calor los días de invierno bebiendo nuestro vino caliente”, concluye sobre este diminuto bar-restaurante cuya órbita foodie es cada vez mayor.