Jueves, 26 de febrero 2026, 19:38
| Actualizado 19:48h.
Es uno de esos finales que a veces cuesta creer, en los que la realidad supera a la ficción. Parece pensado por un guionista que pretende poner broche de oro a su obra dramática, la diferencia está en que, en esta caso, el drama cuenta con fecha histórica y rostro más que conocido, aunque quienes lo contemplaran no fueran capaces de reconocerlo. Sucedió exactamente el 7 de junio de 1926.
Antoni Gaudí caminaba por Barcelona en dirección a la iglesia de San Felipe Neri. Quería visitar a su confesor, pero el destino, que actúa por libre, albergaba otros planes. Un tranvía lo arrolló, dejando su cuerpo tendido en la calle. Conductores de vehículos y transeúntes miraron sin ver a la víctima, ninguno hizo caso. Su aspecto desaliñado y la falta de documentación indujeron a pensar que se trataba de un mendigo, circunstancia por la que le sería negado el auxilio, deplorable actitud, incluso aunque se hubiese tratado de un persona sin hogar. Tirado en la intersección entre la Gran Vía de las Cortes y Bailén, según cuentan diarios de la época, solo un guardia obligó al conductor del tranvía a mover al herido. Unas crónicas dicen que lo acompañó hasta que aparecieron los servicios sanitarios, otras que lo metió en un taxi para llevarlo al centro de salud. Sumaba varias costillas rotas, contusión en la pierna derecha y grave hemorragia interna. Lo certificarían en el Hospital de la Santa Cruz, a donde fue trasladado.
Cuando la noticia se extendió por la ciudad, multitud de vecinos se acercaron al centro con intención de arroparlo. El malherido luchó por sobrevivir durante casi 3 días, 60 interminables horas que acabaron el 10 de junio. El cadáver sería enterrado en la cripta de su gran obra inacabada, la Sagrada Familia. Alrededor de 5.000 personas se congregaron en la explanada del templo mientras lo conducían hasta la última de sus estancias.

Chimeneas de La Pedrera.
Alex Segre

Él siempre quiso un sepelio sencillo, sin coronas ni ornamentos. Una carroza tirada por dos caballos había conducido antes el ataúd hasta la catedral, cubierto con un paño de terciopelo morado de la Asociación de Arquitectos de Cataluña. Seguían al vehículo integrantes del Cuerpo de Seguridad, de la Guardia Urbana, la Liga Espiritual de Nuestra Señora de Montserrat, la Asociación Gregoriana, alumnos de la Escuela de Arquitectura, obreros de la Sagrada Familia portando hachas, clero, ciudadanos… un cortejo tan amplio que, cuando familia y autoridades accedieron al templo, las últimas filas caminaban aún por la Rambla del Centro. Gaudí tenía 73 años y una carrera artística irremplazable.
Han pasado cien años desde su fallecimiento, por eso 2026 se escribe en la capital catalana con su apellido y se pronuncia con el nombre de ‘Año Gaudí’. Barcelona está inmersa en la celebración de la efeméride, así que es un buen momento para acercarse y disfrutar todas las posibilidades. La primera cita pasa por su última obra, esa que él apuntó y crece cada día un tramo más hacia el cielo.
La obsesión de Gaudí por la Sagrada Familia le llevó incluso a trasladarse a vivir a la iglesia en noviembre de 1925. Abandonó su residencia dentro de otro de sus trabajos, el Park Güell, para alojarse en el taller del templo, donde residía austeramente. Necesitaba aprovechar el tiempo, transformar el lugar ocupaba todos sus empeños. Una profunda fe religiosa le valió el apodo de ‘El arquitecto de Dios’, anhelaba crear la obra magna, fusión de naturaleza, liturgia y voluntad del pueblo. Tras haber sufrido un goteo incesante de tragedias familiares, encontró allí un refugio a su soledad, un propósito comunitario financiado en gran parte con donaciones populares. Pretendía levantar la Biblia hecha en piedra combinando elementos góticos y ‘art nouveau’ en un estilo único, un espacio monumental de profunda espiritualidad cuyas Fachada del Nacimiento y cripta cuentan ahora con la distinción de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Vista general de la Sagrada Familia
Michael Abid

En el magnífico templo, símbolo de la ciudad e imprescindible visita cuando se viaja a ella, coinciden centenario y culminación de la Torre de Jesucristo, la más alta, elevada sobre 172,5 metros. El 19 de marzo de 1882 se colocó la primera piedra del edificio, por eso pretenden rendir homenaje al trabajo colectivo y la perseverancia de las generaciones que han hecho posible el continuo estirar de este espacio cuya pretensión es trascender en el tiempo. Ese día, a las 19:00 horas, la basílica acogerá un concierto con el Orfeó Català. «En 1922, Gaudí escribió en el Libro de Oro de este orfeón, en su álbum de dedicatorias: ‘Al cielo, todos seremos orfeonistas’. La frase revela el vínculo y la importancia que le otorgaba», comentan desde la organización. La entradas se adjudicarán por sorteo; las inscripciones abren del 2 de marzo, a las 10:00 horas, al 8 de marzo, a las 21:00.
Además, del 27 de abril al 26 de julio promueven la muestra ‘La Sagrada Familia y Barcelona, 144 años de camino compartido’ en los Jardines del Palau Robert. Traza una cronología compartida entre templo y ciudad. «A través del material expuesto, se aprecia cómo ha evolucionado la manera de construir desde la época de Gaudí hasta nuestros días. Permite comprender cómo combinaba aspectos técnicos, materiales y métodos constructivos, con elementos simbólicos que dan forma y sentido a las torres. Incluye maqueta detallada del terminal de la Torre de Bernabé y la campana que Gaudí pudo probar en vida», añaden.
Sin embargo, el acto central del aniversario tendrá lugar en la basílica durante la Misa solemne por el centenario de la muerte de Gaudí, el 10 de junio. Abierta al público, participarán miembros de la Conferencia Episcopal Tarraconense, músicos y coros de toda Cataluña. Asimismo, preparan la bendición e inauguración de la Torre de Jesucristo, aunque todavía no se han definido los detalles.

El cardenal Juan José Omella durante el acto de colocación del brazo superior de la cruz de la torre de Jesucristo, a 20 de febrero.
Lorena Sopêna

En octubre, la calle Marina, en el exterior del templo, servirá como escenario para actuaciones que ponen en valor la tradición. «Las agrupaciones de cultura popular de Cataluña mostrarán la riqueza y diversidad del patrimonio festivo, un homenaje vivo y compartido a Gaudí, que siempre supo ver en esta cultura una expresión genuina del alma del pueblo», argumentan. Habrá ‘castells’, sardanas, ‘esbarts’, ‘falcons’, gigantes, ‘trabucaires’, ‘correfocs’ y diablos, entre otros, con la idea de crear un ambiente festivo.
Ya en diciembre, el día 8 celebrarán la Misa de la Inmaculada Concepción, coincidiendo con el quinto aniversario de la inauguración de la Torre de la Virgen María. «Por Navidad, la originalidad es volver al origen», aseguran, de ahí que el 18 de diciembre, a las 19:00 horas, preparen un Concierto Navideño con la Escolanía de Montserrat e iluminación de la Fachada del Nacimiento. «Cierra así el año con un acto solemne, lleno de música y luz, para felicitar estas fiestas a la ciudadanía y recordar la riqueza simbólica y el legado de Gaudí. La Escolanía de Montserrat, junto con la Orquesta Sinfónica del Vallés, abrirán la velada con villancicos catalanes, llenos de emoción y espiritualidad», señalan.
Situada en el número 43 del Passeig de Gràcia, la calle unía antiguamente la ciudad con la Vila de Gràcia. Originalmente, el edificio fue construido en 1877 por Emili Sala Cortés, profesor de arquitectura de Gaudí, cuando en Barcelona ni siquiera había luz eléctrica. En 1903 lo adquirió el industrial textil Josep Batlló i Casanovas, quien concedió absoluta libertad creativa a Antoni, encargándole obras que en principio pretendían derribar el edificio. Pero el arquitecto descartó el derrumbe y se implicó en la reforma integral entre 1904 y 1906. Cambió la fachada, redistribuyó la tabiquería interior, amplió el patio de luces y convirtió su interior en auténtica y destacadísima obra de arte.
Abierta a visitas, la casa espera en la denominada ‘Manzana de la discordia’, pues junto a ella otros destacados arquitectos reformaron inmuebles, compitiendo por los premios urbanísticos que convocaba el Ayuntamiento. Por eso el modernismo brilla allí especialmente, con nuestra protagonista acompañada por la Casa Amatller de Josep Puig i Cadafalch, la Casa Lleó Morera de Lluís Domènech i Montaner, la Casa Mulleras d’Enric Sagnier y la Casa Josefina Bonet de Marcel·lí Coquillat.

Fachad de la Casa Batllo adornada con rosa por Sant Jordi.
Adobe Stock

No hay excusas para no visitarla, imprescindible sentir el esplendor arquitectónico de su primera planta, el envolvente desván en el que pareces adentrarte en el vientre de un dragón, el impresionante descenso al subterráneo firmado por el arquitecto japonés Kengo Kuma, el icónico tejado, la conserjería original y la residencia privada de los Batlló (www.casabatllo.es/). Como acto especial, de cara a este aniversario, ha inaugurado una exposición dedicada al arte contemporáneo. ‘Beyond the Façade’ programa hasta el 30 de mayo una muestra creada por United Visual Artists (Matt Clark), que explora los ciclos de la vida a través de la luz y el movimiento, invitando a los visitantes a verse reflejados dentro de la obra.
«Asimismo durante la celebración de Sant Jordi en abril, además de la tradicional decoración con rosas de la fachada, esta vez presentamos dos novedades editoriales: el lanzamiento del primer libro de Casa Batlló Contemporary y la reedición de ‘Casa Batlló: La casa de Barcelona’, con contenidos ampliados que incluyen la reciente restauración de la fachada posterior y su patio», informan.

Escaleras interiores.
Alfredo García Sanz

Por si no fuera suficiente, patrocina ‘Gaudí, el despertar del geni’, musical que viaja a la infancia del arquitecto, revelando su lucha contra la enfermedad, su conexión con la naturaleza y el descubrimiento de su mayor talento: dar vida a lo que aparentemente no la tiene. El preestreno tendrá lugar el 26 de junio en el Teatre Fortuny. A través de fantasía, humor y ternura presenta un quebradizo sonoro que refleja la riqueza interior de aquel niño nacido el 25 de junio de 1852 en Reus, según unas biografías, y en Riudoms, según otras, proveniente de una familia de caldereros, lo que le permitió adquirir habilidad para tratar el espacio y el volumen mientras ayudaba a su padre y a su abuelo en el taller. Un crío de salud delicada, obligado a pasar largas temporadas de reposo en el Mas de Riudoms contemplando la naturaleza, a la que consideraba su gran maestra y la obra suprema de Dios.
Palau de la Música Catalana
La sinfonía
En este espacio musical tendrá lugar el estreno de ‘Set Somnis de Gaudí’ (Siete Sueños de Gaudí), coincidiendo con el aniversario de su muerte, el 10 de junio a las 20:00 horas. Ambiciosa obra sinfónico-coral de 45 minutos, ha sido creada por la compositora Olivia Pérez-Collellmir con 7 movimientos que exploran fe, amor a la naturaleza y obra del creador. Marin Alsop comandará a distintos directores y a los Cor de Cambra del Palau, Cor Jove i Cor de Noies de l’Orfeó Català y Philharmonia Orchestra & Alsop. Antes y después, otros conciertos recordarán al autor. La programación detallada puede consultarse en la web www.palaumusica.cat/.

Interior de la Casa Vicens
Olha Solodenko

Por supuesto, habrá nuevas citas, incluidas experiencias inmersivas o rutas guiadas, y lugares a los que acceder en los que la firma de su arte y su reconocible trabajo despejan cualquier duda sobre la autoría. Porque sus obras constituyen concepciones totales, mezclan exactitud matemática, poesía y plástica, eludiendo así la indiferencia al contemplarlas. Hablamos de espacios como la visitable Casa Milà, más conocida como ‘La Pedrera’, famosa por su peculiar azotea con chimeneas espantabrujas y su estructura ondulada. Construida entre 1906 y 1912 en el Passeig de Gràcia de Barcelona, por encargo de Pere Milà y Roser Segimon, alojó a ilustres huéspedes y negocios antes de convertirse en un centro cultural declarado Patrimonio de la UNESCO (www.lapedrera.com).
También aguarda la Casa Vicens, primera diseñada por Gaudí entre 1883 y 1885, obra maestra de estilo orientalista. «Imaginemos una casa, ni grande ni pequeña, una que podríamos decir ordinaria, enriqueciéndola y engrandeciéndola, se convertirá en palacio», comentaba él mismo para describirla. (https://casavicens.org/).

Parque Güell.
Pawel Pajor

El Park Güell será otro de los destinos. Diseñado entre 1900 y 1914 por encargo de Eusebi Güell, luce repleto de formas ondulantes, mosaicos de colores, el dragón de Gaudí más fotografiado del mundo y su sala de las 100 columnas inspirada en la ciudad griega de Delfos, que en realidad solo suma 86 pilares.
Quedará por visitar el Palau Güell, primer encargo importante, de ahí que ideara hasta veinticinco soluciones distintas para el diseño de la fachada (https://inici.palauguell.cat/es/). Y contemplar ejemplos a los que se suman la Torre Bellesguard, el Colegio de les Teresianes, los pabellones de la Finca Güell o la Casa Calvet, que convierten a Barcelona en museo al aire libre del magistral artista catalán, un revolucionario del arte y de la arquitectura.
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