A medida que el envejecimiento avanza, los vasos sanguíneos van acumulando una serie de cambios morfológicos y funcionales que, en conjunto, contribuyen a la disfunción circulatoria progresiva y al inicio de enfermedades relacionadas con la edad. Si hay un cambio que destaca como sello distintivo es el relativo a la rigidez arterial, además de …



A medida que el envejecimiento avanza, los vasos sanguíneos van acumulando una serie de
cambios morfológicos y funcionales que, en conjunto, contribuyen
a la disfunción circulatoria progresiva y
al inicio de enfermedades relacionadas con la edad.
Si hay un cambio que destaca como sello distintivo es el relativo a la rigidez arterial, además de considerarse
un determinante clave de la hipertensión,
el daño orgánico y lamortalidad cardiovascular, independientemente de los
factores de riesgo tradicionales.

La velocidad de la onda de pulso
carotídeo-femoral (VOP)
es la medida estándar de oro actual de la rigidez aórtica, tal como respaldan las
Sociedades Europeas de Hipertensión y de Cardiología. La VOP elevada se observa comúnmente en enfermedades crónicas; por lo tanto, el envejecimiento vascular acelerado puede representar una
vía etiológica común subyacente al mayor riesgo
cardiovascular
observado en poblaciones con enfermedades crónicas.

Otra circunstancia que también predispone al deterioro vascular es la apnea obstructiva del sueño (AOS), la forma más
prevalente de trastorno respiratorio del
sueño (TRS)
. La AOS genera
un estado de estrés oxidativo, disfunción
endotelial
, desregulación metabólica e inflamación crónica de bajo grado,
factores también vinculados al envejecimiento
biológico
.

 Precisamente, un nuevo estudio de la
Universidad de Flinders (Australia) revela que las personas cuya apnea del
sueño varía drásticamente de una noche a otra tienen un 30% más de probabilidades
de sufrir un ataque cardíaco, un
derrame cerebralo una insuficiencia cardíaca.
El trabajo, publicado en la revista ‘Sleep’, analizó datos de sueño de más de
3.000 adultos que monitorizaron su respiración en casa mediante un sensor
colocado debajo del colchón. Sus patrones
de sueño
se midieron durante varios meses y se compararon con
antecedentes de afecciones cardíacas
y accidentes cerebrovasculares.



«Mucha gente
da por sentado que la apnea del sueño es estable, pero la realidad es muy
diferente, y algunas noches pueden ser mucho peores que otras, y este esfuerzo
repetido, tanto al subir como al bajar, puede suponer una tensión adicional
para el corazón», según el autor principal y experto en sueño, el Dr. Bastien Lechat, de FHMRI Sleep Health.

Variabilidad
nocturna y riesgo cardiovascular

De ahí que, de acuerdo con estos
investigadores, en realidad, una sola prueba de sueño nocturna puede generar
una falsa sensación de seguridad en algunos pacientes, ya que las personas con apnea del sueño leve o moderada aún
pueden correr un mayor riesgo si sus problemas respiratorios
varían drásticamente entre noches.

La base de estas afirmaciones parte
de que el organismo puede tener dificultades para adaptarse a los cambios
repetidos en los niveles de oxígeno y a las interrupciones del sueño. Estas fluctuaciones nocturnas pueden, con el tiempo, someter
silenciosamente al corazón y a los vasos sanguíneos a un estrés que no se
detecta con las pruebas estándar.

Los autores del trabajo consideran importante
destacar que las personas con apnea del sueño leve pero con una alta variabilidad nocturna presentaban una salud vascular similar a la de aquellas con apnea del
sueño grave, lo que pone de manifiesto la existencia de un grupo de riesgo oculto.

En este contexto, «el sueño debe
considerarse como una imagen en movimiento, no como una fotografía aislada, y
comprender los patrones nocturnos puede ayudar a los médicos a identificar
mejor quién necesita una intervención temprana», subrayó, por su parte, la
Dra. Lucía Pinilla, investigador asociado en salud del sueño de la
Facultad de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Flinders.

En
definitiva, estas asociaciones sólidas y consistentes evidencian la necesidad
de realizar estudios a más largo plazo y modificar la forma en que se evalúa la
apnea del sueño. «Al igual que la presión arterial y el nivel de
azúcar en sangre se miden frecuentemente a lo largo del tiempo, la salud del
sueño debería tratarse de la misma manera», concluyó Danny Eckert, director de FHMRI Sleep Health y autor principal del trabajo.