Hay una imagen que se repite mucho cuando hablamos de envejecimiento saludable: la de personas mayores caminando por el parque o por la avenida para mantenerse activas. Y aunque caminar sigue siendo un hábito muy recomendable para la salud, cada vez más especialistas advierten de que no es suficiente para conservar algo todavía más importante con el paso de los años: la independencia.
La entrenadora Camila Monguzzi ha lanzado recientemente una seria advertencia que rompe con una de las creencias más extendidas entre aquellas personas que ya han cumplido los 60 años.
«El mayor error es evitar el entrenamiento de fuerza y dedicarse solo a caminar«, explica de forma contundente la especialista, destacando que caminar es positivo, pero no determinante por sí solo.
La razón es muy sencilla. A medida que envejecemos, la pérdida de masa muscular se acelera de forma natural. Esto afecta directamente a la movilidad, al equilibrio y a la capacidad para hacer tareas cotidianas que muchas veces damos por hechas.

Personas mayores realizando Tai Chi / Sport.es
Sentarse y levantarse de una silla, subir escaleras, cargar una bolsa de la compra o guardar una maleta en el coche dependen más de la fuerza muscular que de la resistencia cardiovascular.
Por eso, Camila insiste en trabajar movimientos básicos como sentadillas, empujes y ejercicios de tracción, que permiten reproducir acciones habituales de la vida diaria.
La buena noticia es que no hacen falta entrenamientos extremos ni largas sesiones de gimnasio. Monguzzi recomienda empezar con dos o tres sesiones semanales de entre 30 y 45 minutos, utilizando el propio peso corporal, bandas elásticas o cargas ligeras.
Según su opinión, muchas personas abandonan la fuerza porque creen que es tarde para mejorar o porque asumen que ciertas limitaciones son inevitables con la edad. Sin embargo, recuerda que el cuerpo mantiene capacidad de adaptación incluso en edades avanzadas.