Seis años después de The New Abnormal —el álbum que les valió su primer Grammy y confirmó que seguían siendo una de las bandas más influyentes del rock del siglo XXI—, The Strokes vuelve con Reality Awaits, su séptimo trabajo de estudio. Pero lejos de refugiarse en la fórmula que los convirtió en referentes del indie rock, el quinteto neoyorquino apuesta por un cambio de piel que seguramente dividirá opiniones.
Producido nuevamente por Rick Rubin, el disco mantiene la esencia melódica del grupo, aunque incorpora una estética mucho más experimental. La voz de Julian Casablancas aparece atravesada por un uso intensivo del autotune, un recurso que deja de ser un simple efecto para transformarse en parte del lenguaje del álbum. El resultado es un sonido más cercano al universo que el cantante viene explorando con The Voidz que al garage rock elegante de Is This It.
Reality Awaits album cover art — Untitled (Cowboy) 1989 cortesía de Richard Prince
TRACK BY TRACK
Desde el comienzo, con «Psycho Shit», queda claro que Reality Awaits no busca satisfacer la nostalgia. Las guitarras de Nick Valensi y Albert Hammond Jr. siguen presentes, pero ahora conviven con sintetizadores, líneas de bajo más marcadas y ritmos que coquetean con el funk, el soul y la new wave. En canciones como «Going Shopping» o «Lonely in the Future», la banda reflexiona sobre la alienación contemporánea sin perder el gancho melódico que siempre la caracterizó.
El álbum también ofrece momentos más introspectivos. «Falling Out of Love» funciona como una balada melancólica donde el tratamiento vocal vuelve a ocupar el centro de la escena, mientras que el cierre con «Tyrants of the Mellow Moon» resume el espíritu del proyecto: una banda que, a 25 años de su debut, sigue prefiriendo experimentar antes que convertirse en un museo de sí misma.
Las primeras reacciones de la crítica reflejan precisamente esa búsqueda. Mientras algunos celebran que sea el trabajo más audaz del grupo en años, otros cuestionan que el exceso de procesamiento en la voz opaque la química instrumental que siempre distinguió a The Strokes. La discusión, sin embargo, parece confirmar el verdadero objetivo del álbum: provocar una conversación.