«Vivimos en una sociedad artificial. Pantallas, luces, ruido, prisas… Todo esto tiene un impacto directo sobre nuestro cerebro», explica la experta en nutrición funcional Elena Garrido. Asegura que el estrés urbano altera el sueño, el sistema nervioso y la digestión, generando inflamación constante. Para contrarrestarlo, propone lo que llama hábitos antiinflamatorios urbanos: «descargar de la vida artificial», dice, «todo lo que podamos».
Estrategias cotidianas para proteger el cerebro
- Dormir sin pantallas: «Intenta acostarte sin móvil ni televisión. Si trabajas de noche, usa filtros de luz azul o gafas con bloqueo lumínico».
- Movimiento diario: «Digo a mis pacientes que cada vez que vayan al baño hagan 10 o 15 sentadillas. Nadie les ve, y al final del día habrán hecho 40».
- Luz natural por la mañana: «En vez de mirar el móvil, abre la ventana y deja que te dé el sol. Ayuda a regular el ritmo circadiano».
- Reducir ruido: auriculares con cancelación, pausas de respiración, y momentos de silencio.
- Comer limpio: «Menos ultraprocesados, menos azúcar. Más omega 3, verduras pigmentadas, cúrcuma, jengibre y aceite de oliva virgen extra».
- Hidratarnos. Beber mucha agua y así evitar dolores de cabeza, especialmente en verano con las altas temperaturas.
Dormir, el detox cerebral
«Durante la noche el cerebro se desintoxica, especialmente en las fases de sueño profundo», recuerda Garrido. Si las luces artificiales o el estrés impiden alcanzar esas ondas delta, el sistema nervioso no se recupera y la inflamación se acumula. «Dormir es el mejor antiinflamatorio natural que tenemos», sentencia.
Ayuno intermitente y cerebro: beneficios, límites y precauciones
El ayuno intermitente puede ayudar a reducir la inflamación cerebral y mejorar la energía mental, pero no es para todos. La nutricionista Elena Garrido explica cómo hacerlo con sentido. «El ayuno no es dejar de comer, es dejar descansar al cuerpo», resume. La autora del libro Tu cerebro está inflamado: Cómo prevenir la fatiga mental, aumentar tu atención (Zenith) explica que un intervalo de unas doce horas entre la cena y el desayuno, por ejemplo, de 20:00 a 8:00, ya permite al organismo activar mecanismos de reparación natural. «Durante ese descanso se activa una proteína llamada AMPK, que ayuda a bajar la inflamación y reparar tejidos. Es una herramienta potente, pero debe hacerse bien».
Para personas con buena salud metabólica, el ayuno intermitente puede:
- Mejorar la claridad mental
- Favorecer la autofagia (limpieza celular)
- Reducir la resistencia a la insulina
- Disminuir la inflamación sistémica
«Si comes comida real y densa en nutrientes, muchas veces ni siquiera tienes hambre entre comidas», señala la experta. «El cuerpo aprende a usar su energía de forma más eficiente».
Cuándo no hacerlo
Sin embargo, no todas las personas se benefician. «No recomiendo el ayuno en embarazadas, lactantes, adolescentes, personas con bajo peso, trastornos alimentarios o mucho estrés. En esos casos puede ser contraproducente», advierte. Garrido, que actualmente está embarazada, lo explica con claridad: «En el embarazo necesitamos energía disponible para el bebé; no podemos arriesgarnos a entrar en cetosis».
El ayuno intermitente, dice, debe adaptarse a cada persona y hacerse con supervisión profesional. «Si lo haces sin estar preparado, el cuerpo lo vive como un estrés más. Pero cuando hay equilibrio, puede convertirse en un aliado maravilloso para el cerebro y la longevidad».