Ya lo decía la famosa canción de un famoso anuncio de zumos: ‘DisFRUTA la fruta…’. Es, sin ninguna duda, uno de los alimentos más refrescantes … e hidratantes que hay, pero también debemos reconocer que a veces aburre. Cuando las temperaturas se disparan y aprieta el calor, el cuerpo pide recetas frescas, ligeras y llenas de sabor. La fruta es idónea para el verano, ya que además de aportar grandes cantidades de agua, necesarias para el funcionamiento de nuestro organismo, tiene fibra, vitaminas y antioxidantes que apoyan la salud digestiva, fortalecen el sistema inmunológico y aumentan la sensación de saciedad. Además, algunas están de temporada. Paraguayos, melón, sandía, nectarinas, albaricoques, ciruelas… ¡La lista es larga! Es el mejor momento para comerlas: están plenas de sabor y su calidad nutricional es máxima.

Incorporarlas a nuestra alimentación diaria es muy aconsejable, pero muchos se limitan a consumirlas entre horas o de postre. La mayor parte de las veces, al natural, a bocados. Sin embargo, pueden dar mucho juego en la cocina más allá de añadirlas a una ensalada o cortadas en trocitos en el yogur o kéfir. Tirar de imaginación y creatividad no es tarea fácil, por eso, vamos con esa ayudita. Dirigida, sobre todo, a esos padres que sufren verdaderos quebraderos de cabeza para que sus retoños coman algo de fruta.

La principal preocupación en estas situaciones es cómo presentarla en la mesa. La nutricionista Rebeca Pastor nos propone cuatro ideas sencillas y sabrosas dirigidas a adultos y niños para comer la fruta de una forma divertida. «Es agua, vitaminas y fibra, y está en su mejor momento. Nos hidrata cuando aprieta el calor, nos sacia con muy poquito y su dulzor viene siempre acompañado de fibra y agua, que es justo lo que le falta al azúcar de los ultraprocesados. Así que no hay que forzar ni esconderla: solo ponérselo fácil, apetecible», afirma la especialista. Ahí van cuatro platos: presentaciones atractivas, pero sin romperse la cabeza.

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    La pizza roja… de sandía

Es algo tan sencillo como partir una rodaja de sandía gruesa para que haga el papel de masa. La cortamos en porciones y por encima, colocamos los ‘toppings’: plátano, nectarina, melocotón, cerezas y un poco de coco rallado. «La sandía es la fruta más hidratante del verano. Tiene más de un 90 % de agua, así que refresca e hidrata casi sin darte cuenta. En verano, hay niños y también adultos a los que les cuesta o se olvidan de beber. Y los alimentos pueden proporcionarnos hasta un 20 % de agua», explica Pastor. Con lo que le pongamos encima, redondeamos la jugada:«El plátano pone el potasio y la energía, la nectarina, la vitamina C y antioxidantes, y el coco, un puntito de grasa de la buena». Es una propuesta creativa ideal para postre en las comidas o cenas, desayunos, meriendas de piscina y cumples.

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    El batido de las vacaciones

El batido de leche (o bebida vegetal) con fruta de temporada bien madura y coronado con mango es otra de esas recetas infalibles. A juicio de la nutricionista, al cambiar la textura lo cambiamos todo. «Beber la fruta la hace fresquita y fácil. Y en verano un vaso frío sabe a premio para el calor. Servido en cristal, con la fruta asomando por arriba, engancha antes de probarlo». A nivel nutricional, el mango aporta vitamina C y ese naranja intenso lleno de betacarotenos, que «son ideales para el cuidado de la piel». Al llevar leche o bebida vegetal, «el batido suma un poquito de proteína y de calcio», añade. Opcional sería enriquecerlo con frutos secos, como almendras o pistacho, o unas semillas de sésamo o lino. Resultado: un desayuno o merienda más completa y saciante que la fruta a solas. «Al tener trozos, nos hace tomarlo más despacio, saboreando y mezclando texturas en la boca», agrega. E importante cuando nos falta tiempo o ganas: se puede preparar el día anterior.

Los mandalas son muy bonitas de pintar… pero también te las puedes comer. Solo te hace falta un plato -blanco, a ser posible, porque «los colores brillan más» y trozos de fruta: melón, nectarina y ciruela en láminas, colocadas en círculo por colores, con arándanos. Sin más complicaciones. El secreto está en combinar las formas y los tonos para que te den ganas de pararte a mirar la preparación antes de ir a por el siguiente bocado. «Y esa pausa es oro: comemos más despacio, más a gusto y disfrutando de verdad». Es una combinación perfecta para una sobremesa tranquila o para llevar al trabajo en un táper. Y repleta de nutrientes esenciales: «El melón y la nectarina son casi todo agua, así que hidratan una barbaridad; los arándanos y la ciruela ponen el color y esos antioxidantes tan de temporada; y entre todos suman una buena ración de fibra, colaborando en mejorar digestiones y prevenir el estreñimiento, ambas situaciones típicas del verano».

Esta propuesta está pensada para los peques de la casa: se trata de una carita divertida hecha con melocotón, bolitas de sandía y algún detalle más. Los ojitos llevan un clavo de especia cada uno, los dientes son piñones. «Pura fruta, cero complicación», desliza Pastor. Con una forma y un nombre originales, a los niños les hará gracia. Es importante llamar su atención. «Ponerle cara y nombre a la fruta la convierte en un personaje, no en una obligación. El juego baja la guardia ante lo nuevo y transforma el ‘no quiero’ en ‘¡a ver!’ o en ‘¡otro!’. Con ‘peques’ que rechazan la fruta, jugar es, en el fondo, atreverse a probar sin miedo y sin dramas».