Durante 26 años, Rafael Guzmán tuvo su vida al otro lado del Atlántico. Catedrático en la Universidad de Florida, una trayectoria consolidada y hasta una granja con diez caballos. Podía haberse quedado allí. Pero cuando la Agencia Espacial Europea (ESA) aprobó definitivamente Arrakihs (que … aunque pueda sonar igual que el desértico mundo de ‘Dune’, son las siglas de ‘Analysis of Resolved Remnants of Accreted galaxies as a Key Instrument for Halo Surveys’) el astrofísico decidió regresar a España y dejar atrás su puesto en Estados Unidos para ponerse al frente de una misión que considera un sueño personal: la primera misión de la ESA liderada completamente desde España.

«No estamos aquí para hacernos ricos. Estamos para hacer grandes cosas juntos», dice Guzmán, quien también ha tenido que desvincularse oficialmente de Satlantis, la empresa que ayudó a fundar y que nació, precisamente, de la tecnología desarrollada inicialmente para Arrakihs. Aún así, está completamente seguro del importante paso: «He dejado mi vida en EE.UU. para hacer realidad este sueño. Es un honor poder representar a nuestro país en esta primera misión».

Hay que remontarse a hace cerca de dos décadas para contar la historia completa de Arrakihs. En 2010, Guzmán, entonces en Florida, empezó a colaborar con el INTA para desarrollar una pequeña misión espacial destinada a estudiar los halos de las galaxias. El proyecto pasó por distintos avatares, perdió financiación y acabó dando origen también a Satlantis. «Fueron tiempos duros», rememora. Aun así, la tecnología se validó en el espacio y, por fin, en 2022 llegó la propuesta a la ESA.

La agencia seleccionó Arrakihs en noviembre de ese año y, el pasado mes de junio dio el paso definitivo: la misión ha superado su fase de diseño y ha sido aprobada para continuar la etapa de desarrollo, con lanzamiento previsto para finales de 2030. Será la segunda misión de clase F -las llamadas ‘fast’ (rápidas), diseñadas para llegar al espacio en menos de ocho años desde su selección y con un presupuesto ajustado- y la primera liderada exclusivamente por España. «Este tipo de misiones son una gran oportunidad para empezar a enfrentarnos a grandes retos para los que seguro estamos preparados», señala el astrofísico.

Mirar donde casi no se ve nada

La misión tiene un objetivo aparentemente sencillo de explicar: averiguar cómo se forman y evolucionan las galaxias. Pero para hacerlo, Arrakihs tiene que buscar en los halos galácticos, algo que hasta ahora ha resultado extraordinariamente difícil de observar.

Para hacerse cuenta de la empresa del tamaño de la misión es necesario saber que una galaxia como la Vía Láctea no termina en su brillante disco de estrellas. A su alrededor existe una enorme región, aproximadamente esférica, dominada por materia oscura y que contiene también estrellas y gas. En ese halo quedan las ‘cicatrices’ de las fusiones que ha sufrido una galaxia a lo largo de su historia. Cuando una galaxia pequeña es atraída por otra mayor, la gravedad puede desgarrarla y dejar detrás largas corrientes de estrellas. Son, en palabras de Guzmán, una especie de «registro fósil» de cómo se ha construido la galaxia.

«Lo que nosotros queremos observar es más débil que el cielo nocturno más oscuro«, explica. En concreto, Arrakihs pretende detectar estructuras miles de veces menos luminosas que las que vemos a simple vista. Para conseguirlo, la misión llevará cuatro cámaras distribuidas en dos pares de telescopios, sensibles a distintas longitudes de onda, desde el ultravioleta cercano hasta el infrarrojo. Observará al menos 80 galaxias similares en masa a la Vía Láctea, una muestra suficientemente amplia para saber si nuestra galaxia es realmente típica.

Y ahí está una de las grandes preguntas: los modelos cosmológicos predicen que estas huellas deberían ser abundantes. Si Arrakihs las encuentra, reforzará esos modelos. Si no aparecen pese a que el telescopio sea capaz de verlas, podría ser necesario replantearse cómo entendemos la formación de las galaxias y, en última instancia, la materia oscura. «Toda teoría física se considera correcta hasta que hay algún experimento que prueba lo contrario», recuerda Guzmán.

Un sólido equipo español y muy joven

Para Guzmán, la adopción supone la culminación de 16 años de trabajo. «Es un sueño hecho realidad», explica, si bien aclara que «es ahora realmente cuando comienza todo el trabajo». Por delante aún queda la construcción, el lanzamiento en un cohete Vega, que funcione en el espacio y recabar y explotar todos los datos que extraiga Arrakihs. A pesar de todo, Guzmán se muestra calmado porque tiene detrás un equipo muy joven y entusiasta en el que confía plenamente.

«La media de edad está en torno a los 29 años y la mayoría son españoles», señala. Por eso considera una de sus principales responsabilidades conseguir que ese talento pueda permanecer en el proyecto, sobre todo buscando financiación, el nuevo ‘monstruo’ al que se tendrá que enfrentar: «Cuando termine Arrakihs, en 2033, habrá gente que tendrá 35 o 40 años, pero lo habrá hecho todo, desde el principio al final, y estarán en las mejores condiciones de liderar futuras misiones espaciales incluso más ambiciosas que Arrakihs desde España. Tenemos que cuidarles».