Chaysavanh Manichanh (Laos, 1971) es la jefa de grupo de Investigación en Microbioma en el Vall Hebron Institut de Recerca (VHIR), donde lleva desde 2005 estudiando la microbiota intestinal. En una conversación con EL PERIÓDICO, descubre algunas claves del considerado «segundo cerebro» del cuerpo humano.
¿El verano afecta a la microbiota?
La microbiota tiene que ver con la dieta que comemos. La dieta es uno de los factores muy importantes que puede modular la composición de la microbiota. El tipo de comida que comemos impacta —y mucho— en la composición y la diversidad de la microbiota.
¿La gente tiende a comer mejor en verano?
Mejor no lo sé. Pero es verdad que dependemos un poco de lo que cultivamos. En España, en verano comemos bastante fruta y verduras, por ejemplo, porque es lo que más hay. Es una comida menos pesada para el calor. La gente tiene tendencia a comer mucho más ‘light’. En otoño o invierno se comen más legumbres o tubérculos, como la patata. Por eso, comer diferente en verano o en invierno impacta la composición de la microbiota.
«Todavía es pronto para recomendar dietas en función de la microbiota; no tenemos suficiente información para ello»
¿Cuáles son los hallazgos más importantes en torno a la microbiota de los últimos años?
El campo de la microbiota, a diferencia de otros campos, es un campo bastante joven porque estamos utilizando métodos de biología molecular desde hace unos 20 o 30 años, como mucho. En los primeros 10 años empezamos a caracterizar bien la microbiota, utilizando la secuenciación masiva, generando bases de datos y programas de bioinformática para analizarlo. Esto fue muy importante.
¿Y después?
Luego nos hemos interesado en su implicación en la enfermedad, especialmente las enfermedades crónicas intestinales que tienen una relación directa con la composición de la microbiota. Desde 2005, hemos visto una relación entre la composición, la diversidad de la microbiota con, por ejemplo, la enfermedad inflamatoria crónica, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa. Estaba demostrado que había una asociación muy fuerte, pero luego se demostró que hay una relación causal de la composición de la microbiota en esta enfermedad.
«La composición de la microbiota puede viajar por la sangre, por los nervios, y llegar a órganos como el cerebro, el hígado o el pulmón»
¿Y más recientemente?
Desde hace unos cinco años aproximadamente, nos interesamos mucho por las enfermedades que no son intestinales, que implican otros órganos que no son el intestino. La composición de la microbiota puede viajar por la sangre, por los nervios, y llegar a órganos como el cerebro, el hígado o el pulmón, por ejemplo. Por eso nos hemos interesado por otras enfermedades que no están directamente en contacto con la microbiota.
En su grupo de investigación, usted ha visto que una alimentación con más fruta, verdura, legumbres y cereales integrales se asocia con mayor diversidad microbiana.
Sí. Hicimos un estudio para entender un poco qué se come en toda España y relacionarlo con las enfermedades como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa. Lo publicamos a finales del año pasado y demostramos que estos pacientes tienen tendencia a comer una dieta de peor calidad, por ejemplo, que los que no tienen la enfermedad, y esto lo asociamos con inflamación. Por eso yo creo que la dieta, en el futuro, podría servir como herramienta terapéutica para bajar la inflamación en estos pacientes.
«No creo que la microbiota esté implicada en todas las enfermedades»
¿Y el colon irritable?
No lo hemos mirado específicamente de momento, pero mi hipótesis es que esta enfermedad seguramente podría también estar asociada al cambio de la microbiota y a la dieta. El colon irritable es una enfermedad —ya sabemos— muy complicada de tratar; es muy heterogéneo en síntomas. Por eso, para intentar entenderlo y comprender además su relación con la microbiota y la dieta, va a conllevar todavía un esfuerzo mayor.
Si tuviera que desmontar tres mitos sobre la microbiota que se escuchan constantemente, ¿cuáles serían?
No creo que la microbiota esté implicada en todas las enfermedades. Muchos clínicos nos vienen a ver para intentar relacionar la microbiota con varias enfermedades. Sin embargo, todavía no se sabe mucho sobre la microbiota y el papel que puede causar en la enfermedad. Tenemos que ir con mucho cuidado con esto. Además, la gente va a estas empresas que analizan la microbiota y que les aconsejan diferentes tipos de dieta según la condición de su microbiota. Yo creo que es todavía demasiado pronto para hacer esto y creo que no tenemos suficiente conocimiento de momento para realmente ir caso por caso y poder aconsejar el tipo de dieta a cada persona. Todavía es muy compleja la interacción entre dieta, microbiota y salud.
¿Con la edad cambia la microbiota?
Eso sí: hemos visto que con la edad la microbiota cambia. En nuestro estudio hemos visto que con la edad aumentamos la diversidad de la microbiota, algo que es beneficioso. Es posible que de nuevo esté relacionado con la dieta. Podría ser que con la edad comemos más, diversificamos más nuestra comida, y esto puede tener una relación con la diversidad de la microbiota.
«Con la edad aumenta la diversidad de la microbiota, algo que es beneficioso. Es posible que esté relacionado con la dieta»
¿Hay algún alimento que la gente considere saludable y que no sea tan beneficioso para nuestra microbiota como pensamos?
Esto todavía no lo hemos encontrado. Lo que hemos visto hasta ahora es que el sentido común de comer saludable —más verdura, más fruta— está relacionado con un aumento de la diversidad de la microbiota. Pero no necesariamente en todas las enfermedades un aumento de la diversidad está relacionado con más salud, obviamente. Pero sí que en muchas enfermedades el tener una microbiota más diversa puede ayudar a enfrentarlas. Comer más fruta, verdura o legumbres aporta más fibra a la microbiota. La fibra acaba siendo metabolizada por la microbiota.
Al contrario: ¿hay alimentos cotidianos que estamos infravalorando que deberíamos consumir más?
Legumbres. Es uno de los alimentos que lleva mucha más fibra que un vegetal o una fruta porque es mucho más denso en fibra. Es verdad que en verano tenemos menos tendencia a comer legumbres y las comemos más en invierno, pero es lo que lleva más fibra. Ahora, genera más fermentación y puede ser algo que no conviene a todo el mundo. Produce más gases, por lo que hay que ir caso por caso.
¿Cuánto tiempo necesitamos comer mal o bien para alterar la microbiota?
Una científica no te va a decir que puedes comer bien un día y comer mal otro día [ríe]. Yo no puedo aconsejar esto. ¿Qué queremos decir con comer mal? Supongo que es comer muchos carbohidratos, grasas, como por ejemplo pizzas o pastas… Pero yo no diría que deberíamos comer bien o mal, sino que tenemos que comer variado. Y comer equilibrado. Es sentido común.
«La microbiota es bastante resiliente, es capaz de adaptarse bastante. La dieta puede cambiar bastante rápidamente la microbiota»
¿Cuánto tiempo puede la dieta cambiar la microbiota?
Lo que sabemos es que los vegetarianos o veganos tienen una microbiota diferente de los que no son vegetarianos o veganos. Es decir, a largo plazo esto seguro que cambia la microbiota. Pero depende de la persona, no sabemos aún si es para bien o para mal. Yo tendría tendencia a decir que sí, que ser vegetariano aumenta la diversidad de la microbiota. Pero, a corto plazo, también es posible cambiar la microbiota. La microbiota es bastante resiliente, es capaz de adaptarse bastante. Cuando tomamos antibiótico, cambia de manera brutal, inmediata, en unos días, la microbiota. Pero luego, una vez que paramos el tratamiento, esa microbiota es capaz de volver rápidamente a su estado inicial o casi. Con la dieta es lo mismo: puede cambiar bastante rápidamente la microbiota.
Suscríbete para seguir leyendo