La proteína es esencial para la síntesis de proteínas musculares, la reparación de tejidos y la función inmunitaria. Los efectos de la proteína dietética en la salud muscular están fuertemente influenciados tanto por la calidad de la proteína como por la actividad física. Las proteínas de alta calidad ricas en aminoácidos …

La proteína es esencial para la síntesis de proteínas musculares, la reparación de tejidos y la función inmunitaria. Los efectos de la proteína dietética en la salud muscular están fuertemente influenciados tanto por la calidad de la proteína como por la actividad física. Las proteínas de alta calidad ricas en aminoácidos esenciales, particularmente leucina, estimulan más eficazmente la síntesis de proteínas musculares, mientras que la actividad física regular, especialmente el ejercicio de resistencia, actúa sinérgicamente con la ingesta de proteínas para preservar la fuerza muscular y la función física, sobre todo en adultos mayores.

El consumo insuficiente de proteínas se ha relacionado consistentemente con una pérdida muscular acelerada, una movilidad reducida y una mayor vulnerabilidad a las limitaciones funcionales. Por el contrario, una mayor ingesta de proteínas se asocia con un mejor rendimiento físico, una mejor preservación de la masa corporal magra y un menor riesgo de discapacidad.

Las recomendaciones dietéticas actuales indican que los adultos menores de 65 años deben consumir un mínimo de 0,8 g de proteína por kilogramo de peso corporal al día, mientras que a las personas de 65 años o más se les recomienda consumir al menos un gramo de proteína por kilogramo de peso corporal al día.

En este contexto, un equipo internacional de investigadores de la Universidad de Sharjah en los Emiratos Árabes Unidos, la Universidad de Roskilde en Dinamarca, la Universidad de Helsinki en Finlandia, la Universidad Shifa Tameer-e-Millat en Pakistán, la Universidad Rey Saud bin Abdulaziz de Ciencias de la Salud en Arabia Saudita y la Universidad Médica de Viena en Austria han constatado, a través de una reciente investigación, que consumir menores cantidades de alimentos ricos en proteínas puede afectar negativamente al funcionamiento físico a medida que las personas envejecen.

Para el estudio, publicado en la revista ‘Nutrients’ se analizaron datos de más de 38 000 adultos mayores de cincuenta años procedentes de 27 países europeos. Los datos se obtuvieron de la Encuesta sobre Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa. Se realizó un seguimiento de los participantes durante varios años, lo que permitió a los investigadores comparar sus hábitos alimenticios a largo plazo con los cambios en su fuerza física y su funcionamiento diario.  

Así, según constata el estudio, los adultos que consumían con frecuencia cantidades menores de alimentos ricos en proteínas, como huevos, legumbres, pescado y pollo, tenían más probabilidades de desarrollar una menor fuerza muscular y una mayor dificultad para realizar las actividades cotidianas con el tiempo.

«Los resultados mostraron que las personas con una ingesta de proteínas consistentemente baja tenían más probabilidades de reportar problemas para caminar distancias cortas, subir escaleras, alcanzar objetos por encima de la cabeza o realizar tareas cotidianas como ir de compras», indicó el Dr. Qaisar. «Estas asociaciones fueron particularmente notables en los adultos mayores, y los patrones difirieron un poco entre hombres y mujeres».  

Los movimientos sencillos como caminar, ponerse de pie o cargar la compra requieren fuerza muscular, equilibrio y coordinación. Cuando la ingesta de proteínas es baja durante periodos prolongados, el cuerpo puede tener dificultades para mantener estas funciones, lo que aumenta el riesgo de deterioro funcional y pérdida de independencia, según apuntaron los investigadores.

Dado que los hábitos alimenticios pueden modificarse, los autores del trabajo destacaron las implicaciones prácticas de sus hallazgos. Identificar a los adultos mayores con bajo consumo de proteínas podría brindar la oportunidad de implementar intervenciones tempranas y de bajo costo, con el objetivo de preservar la movilidad, la independencia y la calidad de vida en general.